El traductor y sus deberes

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¿Quién es el traductor? La pregunta parece muy simple pero la respuesta no resulta ser tan clara. Podemos decir que cada persona que conoce un idioma extranjero y realiza traducciones al o de este idioma es un traductor. De este modo tenemos traductores-amateurs y traductores profesionales. Los primeros interpretan los textos para el uso privado, mientras que los segundos han terminado estudios filológicos y realizan traducciones oficiales. La verdad es que cada uno puede comprobar sus capacidades como traductor, pero no todos terminan haciéndolo diariamente. Siguiendo las palabras de Friedrich von Gentz, evitaríamos muchas dificultades y ahorraríamos mucho tiempo si entregáramos el trabajo a un traductor de confianza.
Para ser un buen traductor, además de dominar el idioma extranjero, hay que saber como utilizar nuestra lengua materna de una manera correcta e intachable. En el caso de las traducciones técnicas lo mejor sería que el traductor hablara con fluidez el idioma y tuviera un título especializado en este tema, como ingeniero mecánico o geólogo. Así estará dispuesto a entender muy profundamente el contenido del texto que traduce. En cuanto a traducciones literarias, lo importante es ser original y saber escribir muy bien. En este caso a menudo se necesita en primer lugar a las personas que se han graduado en filología extranjera o de lengua materna. De esta forma la traducción resulta más precisa y llena de expresiones artísticas, adecuadas al texto principal. Uno de los escritores estadounidenses más famosos, Kurt Vonnegut Jr. lo explicó muy bien: “Hay sólo una cosa que exijo de un traductor: tiene que ser mejor escritor que yo, por lo menos en dos idiomas e incluyendo el mío.”
Además de traducir, el intérprete, tiene también otros deberes en cuanto al documento traducido. En primer lugar, tiene que echarle un vistazo y comprobar su corrección. Si encuentra algo que no le queda bien, hace una corrección y redacta su propia traducción. Lo puede realizar de una manera analítica, separando las frases una del otra y analizando todos los elementos de sintaxis y fraseología; o de una forma sintética, comprobando el contexto y armonía del escrito. Al final, el traductor controla la corrección del texto no solamente por su lado lingüístico (ortográfico, léxico y de puntuación), sino también por su parte sustantiva.
Los traductores profesionales no sólo deberían entender el texto escrito en un idioma extranjero, sino también tener un vocabulario bastante amplio para elegir las palabras que respondan al significado del documento original. A menudo una buena traducción se trata de acercarse al sentido del texto de origen y no a interpretarlo de una manera literal. Nikolaj Wasiljewicz Gogol, un poeta, dramaturgo y escritor ruso, compartió su opinión sobre las traducciones de la siguiente manera: “La traducción debería parecerse al cristal, totalmente transparente, para que el lector no se de cuenta de su presencia.” Los lectores no solamente hablan otro idioma, pero sobre todo entienden muchas cuestiones debido a sus propias realidades culturales, históricas y políticas. Por eso el trabajo realizado por el traductor es tan importante: escribir un texto nuevo pero correspondiente al original y comprensible para la gente de otro país con todos los trucos artísticos usados por el autor.
Según José Ortega y Gasset, la traducción no debería ser una copia sino un acto creativo, así que cuando más traductores trabajan con el texto, más versiones e interpretaciones vamos a obtener. El traductor de literatura es como un lingüista: sabe que la corrección del texto debería ser una de las pautas más importantes no solo en esta profesión, sino también en la vida cotidiana de casa persona, porque el idioma forma una parte enorme de nuestra cultura. Hablar y escribir correctamente significa hacerlo de una manera transparente, comprensible e intachable y lo sorprendente es que hoy en el día este último factor nos causa la mayoría de los problemas. Así que antes de aprender un nuevo idioma, deberíamos dedicar más tiempo a mejorar nuestra propia lengua, sobre todo la pronunciación y ortografía. Hay una frase de Hans-Georg Gadamer que resume muy bien todo lo que hemos presentado en esta entrada y destaca el papel del traductor en el proceso de traslación. Según el filósofo alemán, “Cada traductor es un intérprete” y sería difícil no estar de acuerdo porque como hemos dicho, la cantidad de traducciones depende de la cantidad de las personas que intentan traducir el texto.

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