Política interior

PERSPECTIVAS

Muchos expertos coinciden en que la política de reforma y apertura que se está siguiendo es irreversible. Sin embargo, son de destacar los siguientes riesgos en relación con desórdenes sociales, intentos segregacionistas y regionalismo, corrupción y cambio de régimen.

Existe un riesgo latente de desórdenes sociales, como protestas de carácter político, similares a las de 1989, y de revueltas campesinas, a lo que contribuyen las crecientes diferencias entre las zonas rurales y las urbanas.

Por otra parte, a medida que se vayan cerrando más empresas públicas, los empleados de las mismas pueden organizarse fácilmente cuando estén desempleados, de manera que son políticamente peligrosos. Además, hay una tendencia a que los grupos de personas que no están organizadas obtengan empleos, mientras que los grandes grupos, altamente organizados, lo están perdiendo.

Asimismo, dado que se ha dejado de prohibir el desplazamiento dentro del país, millones de personas que carecen de trabajo o de trabajo adecuado están emigrando dentro de China, dándose un continuo trasvase de millones de habitantes de las zonas rurales a las grandes ciudades. En este sentido, se esperan que unos 100 millones de chinos emigren del campo a la ciudad en los próximos años.

Todo ello causará probablemente trastornos y conflictos, así como críticos problemas de dirección política. El gobierno deberá intimidar a quienes se declaren en huelga o interrumpan la reforma y mantener el crecimiento económico lo suficientemente rápido como para conseguir un porcentaje alto de creación de puestos de trabajo. También deberá actuar hábilmente para llevar a cabo la reforma en fases y distribuir los problemas geográficamente, así como explicar el proceso de manera que el descontento no alcance nunca una masa crítica. En un país de las dimensiones de China, esto es un problema suficientemente grande como para que hayan inevitablemente huelgas, levantamientos y delincuencia. Pero los ejemplos de los otros despegues asiáticos muestran que este despegue es manejable.

Por otra parte, existen riesgos de intentos segregacionistas y regionalismo, ya que en la RPC hay diferentes nacionalidades que aspiran a su autodeterminación, como los tibetanos en la región autónoma del Tíbet y los uygures en la del Xinjiang. Además, el desarrollo económico desigual está generando centros de poder económico rivales, con conflictos de intereses, así como desarrollando regionalismos peligrosos. Esta tendencia regionalismo se da de forma especialmente acusada en el Sudeste de China, más avanzado económicamente que el resto del país y que presiona para conseguir una mayor descentralización. Probablemente en la próxima década Pekín se verá obligada a tomar medidas para controlar la tendencia al regionalismo y garantizar la unidad nacional.

Todo ello plantea la cuestión de si el futuro de China se verá dominado por su nacionalismo insatisfecho o si será moderado -o incluso hundido- por las tendencias divisorias. Para G. Segal, lo que parece más probable es una continua devolución de poder, cuyo resultado sea probablemente unos Estados Unidos de América más descentralizados o una Comunidad Económica China[1]. En mi opinión, lo más probable es que se de una cierta descentralización, pero mientras el PCC continúe en el poder (tal como sucederá en los próximos años), seguirá manteniendo la integridad del territorio e impedirá una excesiva devolución de poder. En este sentido, hay que tener en cuenta, también, que en China hay menos presión para la concesión de autonomías provinciales que en otras economías socialistas, como la URSS o Yugoslavia, debido a la relativamente alta homogeneidad étnica de la población china.

A pesar de la exhortación gubernamental a evitar la corrupción y de las drásticas medidas ejemplares contra algunos funcionarios, es probable que este fenómeno siga generalizándose, debido al creciente afán de enriquecimiento que está provocando la introducción del capitalismo en China.

Para algún autor, como S. Malcolm, el rápido crecimiento económico está ayudando a crear fuerzas e intereses que minarán definitivamente el régimen[2]. En este sentido, es cierto que el boom económico está teniendo importantes consecuencias económicas y sociales: está transformando a los políticos de China, ha hecho perder el control del Estado sobre los individuos, ha expuesto China al mundo exterior, creándose una cultura cosmopolita a lo largo de la costa y en algunas de las mayores ciudades, y virtualmente en todas las universidades y en centros de investigación; en éstas áreas el Marxismo está muerto. Además, ha creado diferencias notables de perspectiva entre al menos cuatro generaciones: el liderazgo octogenario; la generación llegada a los sesenta años; los de cincuenta años; y aquellos que están por debajo de los cuarenta y cinco; cada generación sucesiva ejerce más presión para un ritmo más rápido de reforma.

Sin embargo, es improbable un cambio de régimen en un futuro próximo. El pueblo chino, en su mayoría, no tiene aspiraciones de cambio político, apoyando al régimen, que está permitiendo desarrollo económico. Este constituye el aspecto prioritario para los chinos, los cuales conceden poca importancia a la democracia, las libertades políticas, los derechos humanos, etc.; tales conceptos son ajenos a la evolución histórica, cultura y mentalidad china, en la que predominan valores como autoridad, jerarquía, obediencia y riqueza. Con todo, si la economía china se desacelera durante varios años e incrementase significativamente el desempleo, ello podría suponer una amenaza para el liderazgo del Partido Comunista.

En relación con lo anterior, no puede hablarse de una oposición organizada ni de conflicto interno en la cúpula dirigente como sucedió en los ochenta. La contestación política a la que apoyan algunas ONG, dinero privado y fondos norteamericanos, tiene escasa fuerza y es dudoso que de ahí proceda un cambio hacia las libertades. Más bien se espera que la apertura se impulse desde el poder y a un estilo oriental parecido al del Japón, Taiwan o Corea del Sur. Por ahora, a falta de contestación política con entidad, los grupos de protesta son los ecologistas y las mujeres, cuyas organizaciones cobraron fuerza tras el Congreso Internacional de la Mujer de 1995, en Pekín.

[1] SEGAL, G., China’s changing shape, Foreign Affairs, mayo/junio, 1994, p. 43.

 

[2] MALCOLM, S., How to tread China, Forbes, 11 abril, 1994, p. 27.

 

5.2. Política económica

En los próximos años se espera que siga el proceso de reforma y apertura que se ha venido siguiendo desde la el inicio de las reformas en 1979.

Así, en el sector agrícola, el proceso de reforma que se está llevando a cabo apunta a que llegará un momento en que el mecanismo de mercado dominará la agricultura. En este sentido, el Gobierno tiene la intención de perfeccionar el sistema de responsabilidad en la producción por contrato familiar y seguir liberalizando los precios agrícolas. Asimismo, se pretende reformar y desarrollar las explotaciones agrícolas públicas y fomentar las empresas rurales.

En el sector industrial, todo apunta a que China venderá probablemente una parte considerable del sector público cuando la bolsa china este preparada para dirigir el proceso, siguiendo la misma línea que otros países asiáticos. En toda Asia, una lógica y evolución similar han conducido primero a una competencia entre las empresas públicas; posteriormente, a la privatización del 49% del capital de las mismas, conservando el gobierno la mayoría de la propiedad; y finalmente a la privatización de una porción mayor, ya que el gobierno puede mantener el control[1] con una participación minoritaria. China se encontrará con presiones sociales y económicas para que siga a sus vecinos asiáticos y los jóvenes líderes chinos son conscientes de ello.

De hecho, prácticamente todos los líderes chinos jóvenes (los que están en sus 50 años) creen que China podría eventualmente privatizar todas las medianas y pequeñas industrias. Hay desacuerdos considerables sobre cuán rápido y cuán lejos debería llegar este proceso, pero de entre los líderes hay pocas diferencias en cuanto a la dirección básica. El planteamiento asiático de privatización genera muchos más apoyos políticos que el acercamiento del “big bang” en Europa del Este, ya que crea competencia y eficiencia, y moviliza el capital nacional y extranjero, dando tiempo a las firmas nacionales para adaptarse y ser competitivas y evitando vender el patrimonio nacional a precios de saldo.

En los próximos años se mantendrá el sector público de la economía como el sector dominante. Sin embargo, se cambiará el modelo de crecimiento económico para elevar la eficiencia económica. Para ello, se proseguirá con la reforma de las empresas públicas, lo que constituirá el centro de la reforma de la estructura económica. No obstante, en opinión de algunos analistas no tendrán lugar reformas radicales de las empresas públicas a corto plazo, por miedo de los líderes comunistas a perder el control tras la muerte de Deng. En concreto, se esperan las siguientes reformas:

– Mayor separación entre la Administración y las empresas.

– Asignación de fondos para fomentar la adquisición de empresas.

– Mejor definición del marco legal de la propiedad.

– Conversión en capital del Estado de las deudas derivadas de parte de los créditos bancarios concedidos en sustitución de simples subvenciones públicas, para disminuir el pasivo de las empresas.

– Fomento de industrias intensivas en mano de obra.

– Limitación de la construcción de nuevos proyectos y mejora de la capacidad productiva de las industrias existentes, mediante su reforma, reorganización, transformación o ampliación.

– Fomento de las empresas locales y colectivas.

Por lo que se refiere al sector comercial, en los próximos años continuará desarrollándose el mecanismo de mercado como mecanismo de asignación de los recursos, preveyéndose que continúe la liberalización del comercio y que todos los precios lleguen a ser fijados por el mercado. Por otra parte, los futuros mercados facilitarán la estabilidad de los precios y la predicción de los mismos. A largo plazo, el mercado acabará dominando probablemente la economía china.

En el sector financiero, la crisis asiática desatada en 1997 y la reciente recesión de Japón y Corea del Sur han provocado un retraso en la apertura del mercado financiero chino. Sin embargo, un de los grandes objetivos económicos es continuar la reforma del sistema financiero. En este sentido, se desarrollarán las instituciones financieras y se realizarán esfuerzos por mejorar los controles macroeconómicos. Asimismo, se desarrollarán los mercados de acciones, esperándose que en el futuro movilicen los ahorros del país para asignarlos de forma competitiva. También constituirán un instrumento para mezclar el capital local y extranjero, para fusionar empresas y, eventualmente, para privatizar empresas públicas. Por otra parte, se creará un núcleo de contables cualificados que podrán valorar las compañías y que construirán una red de información nacional para difundir eficazmente la información económica y de mercado.

Se esperaba que las autoridades abrieran más bolsas en otras ciudades, pero de momento parece que no vaya a ocurrir, al menos hasta que no se complete y perfeccione la legislación al respecto.

Asimismo, se espera una mayor apertura del sistema bancario a las empresas extranjeras, aunque podría tardar más de lo previsto originariamente si se hace convertible el Rmb.

Dos factores clave influenciarán probablemente el papel actual y futuro de la política monetaria. En primer lugar, dado que los subsidios se están reduciendo, las empresas son cada vez más dependientes de la financiación de los bancos y mercados financieros. Así, las empresas públicas obtienen de los bancos la mitad de la financiación para adquirir inmovilizado y una parte incluso mayor para su circulante. La otra cara de la moneda es que la concesión del crédito es el mayor instrumento de política industrial, estando aproximadamente dos tercios de los préstamos bancarios sujetos a dirección.

En segundo lugar, el gran poder de los flujos de crédito significa que su control ha pasado a ser altamente político. Dado que ha tenido lugar una descentralización, la gestión del crédito es fijada por la negociación política. Todos los agentes prefieren un rápido crecimiento del dinero y el Banco Central no ha recibido las suficientes competencias para actuar como un árbitro autónomo y responsable.  Sólo el miedo del daño político de una elevada inflación puede permitir al gobierno central imponer restricciones al crecimiento monetario.

Por lo que se refiere a la fiscalidad, en el futuro se esperan las siguientes reformas:

– Aprobación de una ley de impuestos única para todos los tipos de empresas con capital chino y para aquellas con capital extranjero, de acuerdo con las prácticas internacionales.

– Eliminación de los privilegios a inversores extranjeros concedidos por zonas especiales de inversión.

– Incremento de la tributación de las personas físicas.

Además, se está estudiando la posibilidad de introducir un Impuesto sobre el Patrimonio.

Por otro lado, en los próximos años se prevé el desarrollo de un sistema de seguridad social que cubra la vejez, el desempleo y la asistencia sanitaria, siendo éste uno de los principales objetivos económicos para 1998. Las cotizaciones de los seguros de vejez y asistencia sanitaria de los trabajadores serán repartidas entre el Estado, las unidades de trabajo y los propios trabajadores. Según el Gobierno, éste es uno de los ejes en los que está trabajando en la actualidad el Gobierno chino, que está preparando un borrador de Ley de Seguridad Social.

Además, se fomentarán los seguros privados como complemento de la seguridad social pública, se mejorará la cobertura del desempleo y se llevará a cabo un “programa vivienda”.

Por otra parte, el Gobierno desea seguir avanzando en los próximos años en la creación de un mercado de trabajo y en el fomento de movilidad ordenada de trabajadores.

En cuanto a la política comercial, dado que China desea formar parte de la Organización Mundial del Comercio, se espera que en los próximos años se amplíe la apertura al exterior, y especialmente que disminuyan las barreras a la importación y se desarrolle un sistema normativo más transparente.

No está claro cuando tendrá lugar ingreso de China en la OMC y en qué condiciones. Por un lado, la magnitud y potencial de crecimiento de China hacen necesaria su entrada en la OMC. Por otro lado, Estados Unidos se resiste a autorizarla. Entre las demandas de Washington destacan un mejor acceso al mercado chino, la protección de la propiedad intelectual y una mayor transparencia legislativa sobre la inversión extranjera. ¡!!!

Lo que sí es cierto es que el eventual ingreso en la OMC obligaría a China a una mayor liberalización, debiendo adoptar un protocolo por el que se comprometa a cumplir las reglas del a OMC.

Los expertos confían en que el interés de China por entrar en la OMC suponga una reducción de las barreras al comercio exterior. La paulatina adopción de los códigos de conducta adoptados por el GATT (código sobre compras públicas, códigos antidumping, códigos de licencias) irán dando también la medida del fervor liberalizador de los actuales dirigentes chinos. Algunos expertos opinan que si bien es posible que la zona se liberalice, tardará muchos años en hacerlo.

Dentro de la política de inversiones extranjeras, las autoridades chinas han señalado que se perfeccionará la legislación económica, mejorando el marco para la inversión, se prestará atención a las políticas industriales, se estimulará a los inversores extranjeros a invertir en los sectores de agricultura, infraestructura, industrias básicas y nuevas tecnologías, y se crearán las condiciones para que empresas públicas reciban capital extranjero. Además, se crearán y ampliarán zonas de inversión.

Por último, por lo que se refiere a la política cambiaria, dado el control de cambios chino, las reservas de divisas de más de 140 mil millones de dólares y el superávit comercial, se espera que el Gobierno continúe sin devaluar la moneda.

[1] Corea del Sur ha conseguido incluso conservar el control de dirección de sus bancos comerciales al vender el cien por cien al público, frangmentando la participación accionaria individual bajo un límite de un 1% por accionista, y manteniendo el control sobre el Consejo de Administración, a través del cual controla las políticas y el personal directivo.

5.3. Política exterior

Un riesgo latente para el futuro es el de conflictos armados. Tanto China como Taiwan están adquiriendo armas mejores y más modernas. La prepotencia de China, después de décadas de hostilidad y conflictos con sus vecinos, y especialmente tras las tensiones con Taiwan, está causando suficientes preocupaciones como para ser uno de los motivos más importantes del incremento del gasto en armas en el Extremo Oriente.

China es una potencia nuclear que ocupa más de dos terceras partes de Asia Oriental y alberga al 50% de sus habitantes. El crecimiento económico ha traído de la mano un importante aumento en los gastos militares tras un escaso desarrollo de su ejército y armamento antes de 1979. China tiene hoy más de tres millones de soldados y las armas y el material militar ruso empieza entrar en grandes cantidades y a gran velocidad en sus arsenales. De hecho, la rápida modernización e imparable compra de armas por parte de China, Japón, Corea y Taiwan es uno de los problemas más serios para la paz mundial, según la ONU.

Después de conseguir el retorno de Hong Kong en 1997 y Macao en 1999, y tras los avances económicos logrados en la última década, tanto Estados Unidos como Rusia y Japón empiezan a tomarse en serio que un buen día el régimen de Pekín intente incorporar Taiwan a su territorio por las buenas o por las malas, lo mismo que ocurrió en Argentina con las Malvinas o en Iraq con Kuwait. De hecho, China no ha renunciado al uso de la fuerza contra Taiwan en su vieja reclamación territorial, que data de la guerra civil de 1949.

       VALORACION DE LA EVOLUCION POLITICA CHINA DESDE EL INICIO DE LAS REFORMAS