Traductor como profesión

¿Alguna vez has pensado en hacerte traductor profesional? Para muchos de nosotros parece un trabajo muy interesante por el hecho de ser tu propio jefe y decidir tú mismo si aceptar o no un proyecto. Por un lado, no tienes que estar ocho horas en una oficina los cinco días de la semana, sino que trabajas desde casa o, si eres un traductor turístico, desde una playa exótica. Por otro lado, tu rutina diaria consistiría en conocer gente de otros países y ganar mucho dinero, por lo que la traducción es considerada una profesión bien pagada (40.315€ anuales como media en 2012). La pregunta es: ¿qué se debe hacer para disfrutar de la vida del traductor?

En primer lugar y lo más evidente es estudiar. La elección de la materia depende del tipo de traducciones en el que te gustaría especializarte. Por ejemplo, si quisieras trabajar en la industria de la medicina, sería recomendable estudiar biología para adquirir conocimientos y vocabulario técnico.

En segundo lugar deberías decidir a qué idiomas te gustaría traducir. Aunque es definitivamente más fácil si eliges tu lengua materna —por el hecho de que ya conocerás todas sus complicaciones, diferencias culturales y refranes— no se debe olvidar que cualquier persona no puede llegar a ser un buen traductor sin cursos y certificados, dado que aunque manejes el idioma con fluidez, hay infinidad de errores que puedes cometer durante el proceso de traducción. Si tu elección es un idioma distinto, lo aconsejable sería visitar el país en cuestión con frecuencia para conocer su ambiente, su historia y su cultura.

Sin embargo, es necesario recordar que la competencia en el mercado es fuerte y activa, con lo que habrás de distinguirte de alguna forma. Para enriquecer tu currículum podrías entrar a formar parte de alguna comunidad de voluntariado y ayudar a otros traductores o, simplemente (en el caso de que quisieras ser traductor médico), podrías trabajar en un hospital, lo que reflejaría ante tus clientes que conoces el entorno y que eres un especialista en la materia. En caso de que no estuvieses interesado en ello pero quisieras encontrar nuevas vías profesionales para ser competitivo, podrías hacer prácticas de empresa. Lo más recomendable sería ir a los países cuyos idiomas quisieras traducir.

Con suerte, esto te ofrecería una panorámica de cómo podría ser el trabajo y te daría nuevas ideas para solucionar los problemas que podría depararte  un futuro como traductor.

Tras poner en práctica los consejos anteriores, recuerda ajustar tus tarifas a tus habilidades: puedes empezar con precios más competitivos e ir subiéndolos a medida que pasan los años de trabajo. Con ello mostrarías a tus clientes la calidad de tus servicios.

Un trabajo como traductor te brinda la oportunidad de trabajar en diferentes especialidades, con lo que básicamente puedes elegir qué es lo que más te gusta hacer. Aprender a usar idiomas con fluidez y establecer contactos requiere su tiempo, pero si eres capaz de ello y no te seduce la idea de acatar las estrictas normas de una oficina, entonces este trabajo es para ti.

Fuente de la imagen: https://www.milton-keynes.gov.uk