Traductor como el coautor del texto

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En general, es difícil evaluar la literatura extranjera, sólo la persona que sabe un idioma extranjero, suficientemente bien para leer un libro en su versión original, puede opinar sobre su calidad. El resto lee una versión  más o menos parecida de la obra original; hay que tener en cuenta que el traductor se convierte en coautor del texto. La calidad de un libro traducido es la suma de las capacidades del traductor y el método de la traducción elegido.
El método “palabra por palabra” es la peor de todas las posibilidades de traducción del texto. Lo sabe cada persona que trataba de traducir el contenido escrito a través del traductor electrónico o con el diccionario en mano. Sin embargo, incluso este método requiere cierta escrupulosidad en cuanto a la elección de los sinónimos. Por lo tanto, cada traducción tiene su valor. Uno que estaba impresionado por la traducción “A” puede estar disgustado leyendo la traducción “B “, mientras que otro verá aspectos positivos del trabajo del traductor “B” que no notó en la traducción “A”.
Leyendo cualquier texto de autor extranjero, por ejemplo traducido de francés a español, nunca se sabe cuanto por ciento “del traductor” (de su manera de expresar los pensamientos o su manera de escribir) está en el libro. Además hay que recordar que el traductor puede malinterpretar la intención del mensaje transmitido por el novelista en el contenido escrito. No nos podemos olvidar tampoco del factor humano. Los traductores cometen errores como cada uno de los hombres, pero su distracción influye a la recepción del libro, porque cambia el tono de la declaración o incluso el significado del texto.
Traductor como un  intérprete
A menudo el traductor, por ejemplo de  poesía, tiene que tomar las decisiones en cuanto al significado exacto de los versos, porque se pueden interpretar de varias maneras. En este momento, el traductor se convierte en un intérprete, que a veces cambia la intención del escritor por culpa de la ambigüedad del contenido. De hecho, un traductor si tiene dudas, puede recurrir a los estudios de los especialistas de la literatura. El problema es que los especialistas en la mayoría de los casos no están de acuerdo con los estudios hechos por otros literarios, por eso el traductor debe ser un árbitro y elegir solo una de las interpretaciones.
Connotaciones y simbolismo
Hay que recordar también que cada una de las palabras pueden tener ciertas connotaciones emocionales, fraseológicas, culturales, etc, entendidas solo por la gente de una cultura determinada. El traductor, a pesar de sus conocimientos y de sus mejores intenciones, no es capaz de transmitir el sentido tal como tiene que ser, por culpa de las diferencias entre las lenguas y culturas. Por supuesto, puede añadir comentarios, pero ya no será la traducción precisa. Este hecho es muy conocido por la gente que traduce la Biblia a varios idiomas exóticos. Como ejemplo puede servir el fragmento que contenía la descripción comparativa de la nieve, del Salmo 51: “Purifícame con hisopo, y seré limpio;  lávame, y seré más blanco que la nieve”. Es obvio que traduciendo este fragmento al idioma Inuit, que tiene más de una docena de descripciones para la nieve, no hay problema. Sin embargo, ¿qué se puede hacer con un idioma que ni siquiera tiene la palabra “nieve”? Cuando la Biblia fue traducida a la lengua de una pequeña comunidad en Papúa Nueva Guinea, se cambió la desconocida descripción de la nieve a una referencia conocida de su vida cotidiana: la espuma del mar. ¿Sigue siendo una traducción o ya está mezclado con la interpretación?
Además hay otro problema que no se ve a primera vista. En la cultura europea la gente está acostumbrada al simbolismo del color blanco, para ellos significa la pureza, inocencia. ¿Cómo se puede explicarlo, por ejemplo, a los chinos? En su cultura el blanco es el color del luto. Entre otros ejemplos se puede distinguir el símbolo de la estrella fugaz. En los países eslavos, en tiempos antiguos, según la gente, traía mala suerte. Para la comunidad anglosajona al revés, anunciaba el éxito.
Proporciones: interpretación y traducción
El traductor no solo tiene que traducir de/y a la lengua, sino también de/y a la cultura. Lo puede hacer a través de los comentarios a los textos, para trasmitir el sentido real de la obra. Sin embargo la incapacidad de traducir el texto de la mejor manera posible puede resultar frustrante para un traductor.
¿Cómo se puede responder a la pregunta si una traducción de la obra es todavía la traducción o ya es la interpretación? Cada traducción se convierte inevitablemente en una interpretación en algunos partes. Lo más importante es la proporción entre uno y otro.