Estas magnitudes afectan al lenguaje, y son afectadas a su vez por este

El tiempo y el espacio en las lenguas

Una cuestión que suele generar mucho debate en el campo de la lingüística cognitiva es la forma en que el cerebro representa el tiempo y el espacio. Muchos investigadores se han planteado si el lenguaje afecta a la representación del tiempo y del espacio en diferentes grupos de población. Hay estudios que demuestran que los sujetos con diversas lenguas maternas normalmente perciben el tiempo como algo que transcurre en la misma dirección en que se escribe su lengua, según en qué dirección se coloca su cuerpo. Los hablantes nativos del inglés, por ejemplo, acostumbran a percibir el tiempo como algo que va de izquierda a derecha, puesto que el inglés se escribe de esa forma.

El tiempo y el espacio en las lenguas

El tiempo y el espacio en las lenguas

Los hablantes de hebreo y de árabe, por otra parte, se imaginan que el tiempo se mueve de derecha a izquierda, tal como funcionan sus lenguas. De la misma forma, el mandarín se escribía tradicionalmente de arriba hacia abajo, y se descubrió que los hablantes de mandarín muestran la tendencia de percibir el tiempo como algo que se desplaza hacia abajo.
Otro ejemplo puede ser la remota comunidad aborigen de Australia Pormpuraaw, en la cual no se usan términos como ‘izquierda’ o ‘derecha’: el espacio se describe mediante los términos de los puntos cardinales (norte, sur, este, oeste), con lo que se pueden obtener expresiones como esta: ‘¡Tienes una hormiga en tu pierna suroeste!’
Únicamente un tercio de los idiomas del mundo se basan en los puntos cardinales para definir el espacio. Esto significa que los hablantes de dichas lenguas tienen un gran sentido de la orientación, incluso en sitios que no conocen a fondo. Esto supone un modo esencialmente diferente de conceptualizar el espacio gracias al lenguaje.
Asimismo, las personas fundamentamos nuestra percepción espacial para representar mentalmente el tiempo. Los hablantes del Aymara, una lengua indígena de los Andes, imaginan el tiempo como algo que se encuentra delante de ellos y que tienen el futuro detrás, porque uno solo puede ver aquello que ya ha ocurrido. Los hablantes de esta lengua también hacen gestos delante de la frente cuando hablan del pasado y gestos detrás de la cabeza para hablar del futuro. Este tipo de investigación nos enseña que la lengua no solo refleja nuestros pensamientos, sino que da forma a los mismísimos pensamientos que queremos expresar. Las estructuras de la lengua que hablamos definen claramente la forma en que construimos la realidad y en cómo percibimos el mundo.

Autora del artículo original: Alexa

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