Moscú es la capital de Rusia y se encuentra en el extremo oeste del país, a orillas del río Moscova. Su población es de 11 273 400 habitantes, aunque la abundante inmigración ilegal, tanto permanente como temporal, y la continua incorporación de barrios periféricos aumentan la población extraoficial a una cifra de alrededor de 13.5 millones de personas; una décima parte de la población total del país.

Siendo ya la ciudad más poblada de Europa, Moscú no deja de crecer. Una de las causas principales es su crecimiento económico anual del 20 %, que atrae a trabajadores (a menudo ilegales) de otras partes de Rusia en las que la economía se ha estancado o está incluso en declive. El sistema de pasaporte interno que prohíbe a los no residentes permanecer en la ciudad durante más de 90 está resultando ser inefectivo para combatir esta tendencia.

Además de ser un próspero centro económico (con más multimillonarios que cualquier otra ciudad del mundo), Moscú es también un centro artístico. La ciudad tuvo su edad de oro de la literatura en el siglo XIX con Pushkin, Chéjov, Gógol, Turguénev, Dostoyevski y Tolstói. Hoy en día el Teatro Bolshói de ballet y ópera sigue en activo, así como varios grupos teatrales de gran reputación.

El trazado de Moscú se puede representar como una margarita, con el Kremlin en el centro y varios distritos en forma de pétalos que se extienden hasta el Anillo de los Bulevares. La mayor parte de los edificios históricos y lugares de interés turístico se encuentran en el Anillo de los Bulevares; los museos están en el Anillo de los Jardines; y se puede encontrar hoteles, tiendas y restaurantes para todos los presupuestos por todas partes. El área que va desde el Kremlin hasta el Anillo de los Bulevares era conocida históricamente como la «Ciudad Blanca», debido a los muros de piedra blanca que la cercaban para ahuyentar a los forasteros. El área entre el Anillo de los Bulevares y el Anillo de los Jardines se conocía como la «Ciudad Tierra», ya que su tierra hacía de muralla.

En el centro está el Kremlin, un pueblo propiamente dicho, con catedrales, palacios, una enorme sala de conciertos y congresos y, por supuesto, la sede del poder presidencial; todo rodeado por unos grandiosos muros de ladrillo rojo que se extienden a lo largo de 2.5 km. En su lado este se encuentra la Plaza Roja, el epicentro de la ciudad y del país. La plaza linda con un pequeño barrio llamado Kitai-Gorod. Es prácticamente un anexo del Kremlin, con una gran colección de iglesias, antiguos patios de comerciantes y edificios administrativos agrupados en silenciosas calles con vistas al río Moscova; la zona tiene muchos restaurantes, pero pocos hoteles.

El principal pétalo de la margarita de Moscú es, sin duda alguna, la calle Tverskaya, orientada hacia el norte desde la Plaza Roja en dirección a la otra ciudad imperial de Rusia, San Petersburgo. Es la calle más importante de Moscú y está repleta de comercios, cafeterías y clubes nocturnos, con las columnas del ayuntamiento supervisando toda su actividad. Tverskaya cuenta con hoteles y museos clave, y ofrece una vista en primer plano de la vertiginosa evolución postsoviética de Moscú. Los hoteles de Tverskaya sufren sus ritmos de 24 horas; los que se encuentran en las calles laterales son más tranquilos, pero están más lejos de la acción.

El distrito Petrovka, más tradicional, se encuentra al este de Tverskaya. Incluye varios restaurantes, antiguos y modernos, y tiendas y hoteles de primer nivel, además de dos monasterios y unas termas históricas. Al sudeste se encuentra el barrio ucraniano, cuyas callejuelas empinadas y tortuosas desvelan tesoros arquitectónicos tras embajadas y edificios del gobierno en ruinas. El alojamiento aquí es limitado, pero la zona es maravillosa para pasear. Si sigues rodeando la Plaza Roja en el sentido de las agujas del reloj, cruzas el río Moscova y encuentras el barrio Zamoskvorechye en la otra orilla. Hacia el noroeste se encuentran las calles aristocráticas Ostozhenka y Prechistenka y el distrito Arbat, encuadrado alrededor de la calle peatonal Arbat que cuenta con un gran número de tiendas de souvenirs y cafeterías. Turístico pero colorido, el Arbat está rodeado de callejones ricos en historia literaria y algún hotel con una buena relación calidad-precio.

 

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