Los idiomas artificiales, también llamados “lenguas construidas” ya existen en nuestra sociedad desde hace muchos años, pero la base de las personas que los conocen se está agrandando en estos últimos años gracias a las series, las películas y los libros como “Juego de Tronos”, “Avatar” o “El Hobbit”.

Pero ¿qué son estos idiomas artificiales? Son lenguas construidas enteramente o parcialmente por humanos a partir de idiomas naturales (como el español, el alemán…); que han sido desarrollados desde una fuente individual (o sea un individuo o un grupo de individuos).

Las principales motivaciones que llevan a la creación de estos idiomas son:

  • Perfeccionar las lenguas naturales para racionalizar la comunicación humana eliminando excepciones, irregularidades. Las lenguas auxiliares, como el Esperanto, apto a la comunicación internacional, derivan de esta motivación.
  •  Motivos artísticos, estéticos o lúdicos. En esta categoría como no citar los idiomas élficos, creados por J.J.R. Tolkien, el Sindarin y el Quenya.

Idiomas artificiales

El último citado es seguramente más popular, pero hablantes de ambas lenguas los practican en “chats” y organizan conferencias sobre estos idiomas. Un aspecto interesante es que hay gente que va mas allá de aprender las frases de estos idiomas, encontradas en libros o películas, y que los aplican ellos mismos. Aunque existan varios diccionarios de esas lenguas, tiene que ser subrayado el hecho de que si escribirlas ya es complicado, hablarlas es casi inalcanzable. Esto pasa porque faltan términos de uso común como Tolkien los ha inventados para propósitos artísticos.
En el dominio audiovisual, el idioma artificial más conocido es el Klingon, hablado en Star Trek, cuyo léxico está centrado en la guerra. Diferenciándose del Élfico, no quiere transmitir armonía y belleza sino que mensajes funcionales y directos.

El Na’vi, hablado por los personajes de Avatar, ha tenido éxito en relación con el éxito de la película pero ahora no logra tanta repercusión como los idiomas arriba citados.

Y tú, ¿cuáles conoces?

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