invisibilidad

La invisibilidad del traductor se refiere a la necesidad de ese papel invisible del traductor. Los traductores han de ser fieles al texto origen; deben crear un espejismo del mismo. Podríamos decir que han de ser tan invisibles como puedan. Por ello, para serlo y crear una traducción que pueda competir con el texto original, los traductores no tienen que existir, para que de esta forma el lector no tenga el sentimiento de leer una imitación del texto origen. Realmente, este fundamento es totalmente incierto si no vemos el texto como un simple racimo de palabras, sino como una historia que necesita interpretarse por el propio traductor. Con este nuevo significado, los traductores literarios deben tan visibles como los autores en la vida real, es decir, creadores de nuevas formas y significados.

Desde un punto de vista legal, se les ha considerado a los traductores literarios autores de obras originales. Además, el artículo 2 del Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas estipula lo siguiente: «Las traducciones, adaptaciones, producciones musicales y otras alteraciones de todo trabajo artístico o literario deben estar protegidas como trabajos originales […]». La razón está en que las traducciones literarias no se pueden llevar a cabo de forma dinámica sometiendo el trabajo original a una serie de reglas. La invisibilidad o visibilidad del traductor no está justificada puesto que la traducción es un arte que supone decisiones creativas e interpretativas del propio traductor, lo que varía de una persona a otra.

La primera consecuencia de un traductor al que se le considera autor (legalmente hablando) se trata de que ellos pueden disfrutar de derechos morales, incluyendo el derecho de mencionar su nombre. Esto incluye, además, el derecho de mencionarlos (al menos que sea algo imposible). Sin embargo, esto sucede en muy pocos casos, lo que indica claramente que la autoría de traducciones literarias no se está tomando muy en serio.