Subtítulos para sordos: ¿son verdaderamente necesarios?

¿Has pensado qué podría pasar si un buen día se estropearan los altavoces de tu televisión? Solo podrías ver las noticias, pero no entenderlas. Sería muy frustrante, ¿no?
Esto es exactamente lo que le pasa a las personas no oyentes.

¿Sabías que más de un millón de personas en España tiene algún tipo de discapacidad auditiva? Por eso, la eliminación de las barreras de comunicación es muy importante para acceder a la información, al ocio y a la cultura que no son solo una necesidad, sino un derecho fundamental para el desarrollo individual.

 

 

El subtitulado para sordos no solo ofrece la transcripción de los diálogos, sino la identificación de los personajes mediante colores, información sobre los sonidos y sobre la entonación de los diálogos. Eso permite una clara mejora de la calidad de vida de las personas sordas y favorece su integración social y cultural.

Además, el subtitulado para sordos es beneficioso para otros usuarios como los niños que están aprendiendo a leer, las personas mayores o con discapacidad intelectual e incluso para las que quieren aprender un idioma o que están en ambientes donde hay mucho ruido.

En 2010 se introdujo la Ley General Audiovisual para aumentar la inclusión de subtítulos para sordos (SPS) en el teletexto, y también la interpretación a Lengua de Signos Española (LSE) y la audio-descripción, para que las personas sordo-ciegas tengan acceso a la información visual.

Afortunadamente, en los últimos tres años el porcentaje de los SPS ha aumentado de un 25 % a un 90 % en las cadenas públicas y a 75 % en las privadas.

 

 

Sin embargo, se sigue intentando mejorar tanto el aumento de la prestación de estos servicios como la calidad de los mismos. Por ejemplo, hay sordos que han perdido la audición después de haber adquirido la capacidad elocutiva y leen a la misma velocidad  de los que no la han perdido, pero están también los que han nacido con la discapacidad y que suelen necesitar más tiempo para leer: esto influye mucho sobre la velocidad con la que los subtítulos aparecen y desaparecen en la pantalla.

Otro problema es la literalidad de los textos. Al disponer solamente del canal visual, se prefiere la literalidad sobre la interpretación, y en general se procura traducir omitiendo la menor información posible. Esto crea subtítulos muy largos y difíciles de leer.

Además, hay personas oyentes que no quieren que se proyecten los subtítulos en la pantalla durante una película o un programa televisivo, limitando considerablemente el acceso de los sordos a la cultura y al entretenimiento.

 

 

La solución para estos problemas podría ser el uso de palabras más asequibles y simples para facilitar la lectura de los subtítulos e incluso el uso de la Rear Window, una pantalla transparente para que los espectadores proyecten subtítulos frente a una pantalla de cine sin interferir a quienes no quieran usarlos.

Otra medida sería el aumento del uso de la lengua de signos tanto en forma de ventana más pequeña dentro del recuadro de reproducción, como incluso integrada en la representación del medio.

De hecho, para los sordos resulta a menudo más fácil comprender al intérprete de LSE, porque gracias a las expresiones de la cara y a los movimientos de las manos transmite muchas más información que los subtítulos.

 

 

Ya que los sordos tienen que pagar el canon televisivo de la misma manera que los oyentes y no obstante solo un pequeño porcentaje de los programas esté traducido a lengua de signos, se tendría que aumentar considerablemente la presencia de intérpretes de LSE para garantizar un acceso equitativo de este colectivo a todos los medios de comunicación. Completar este proceso adecuadamente podrá llevar algunos años, pero nunca hay que perder la esperanza.

 

Giorgia Trentini


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