El no tener una fecha límite error más común que cometen los estudiantes de idiomas, pues cuando se empieza a aprender algo es fundamental tener en mente una meta clara. En este sentido me gustaría hacer hincapié en la palabra clara, ya que es el aspecto principal que determina si se aprenderá o no. Puede sonar banal, pero cuanto más específico se sea el objetivo, mayores serán las posibilidades de alcanzarlo. La razón de por qué sucede de esta manera es que el cerebro responde a detalles e imágenes que provienen de una imaginación vívida. Básicamente, cuanto más ambiguas sean las fechas límite, mayor esfuerzo supondrá al  cerebro conectar los puntos de información con las acciones precisas que deberás llevar a cabo para alcanzar tus objetivos.

Por ejemplo, si te dices a ti mismo: «Voy a hablar español de aquí a tres meses», se trata de una fecha límite incorrecta por ser difusa. La fecha límite correcta sería tal que así: «El 13 de agosto mantendré una conversación fluida de 30 minutos en un bar local con un hablante nativo de español». ¿Ves la diferencia? ¿En qué medida es más fácil imaginarse la segunda fecha límite? Tener un plazo concreto te permite entender las acciones que debes llevar a cabo para conseguir el objetivo.

Después, puedes empezar a dividir este plazo principal en otros más cortos que harán el proceso mucho más sencillo. Comienza preguntándote qué necesitas para llegar a los objetivos en las fechas marcadas y elabora tu propio plan paso a paso. También puedes poner estas fechas en tu plan de aprendizaje de idiomas del que hablamos en uno de los artículos anteriores. Con ello podrás llevar un registro de tu progreso y evitarás cometer el error típico de los que aprenden idiomas.

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Fuente de la imagen:  http://www.aurikamatias.com