Español andino

El español, el segundo idioma más hablado en el mundo después del chino, es la lengua materna de unos 480 millones de personas, sobre todo en América Latina y España. Cuenta con muchas variedades dialectales, y casi todos los países hispanohablantes tienen su propio dialecto, que acarrean expresiones propias y una fonética ligeramente distinta. Es posible, sin embargo, clasificar el castellano del continente latinoamericano en varios grupos, uno de los cuales se denomina el español andino, que se habla en la cordillera de los Andes.

El español andino es hablado desde el sudoeste de Colombia, pasando por Ecuador, Perú y Bolivia, hasta el noroeste de Argentina. Cabe notar que este dialecto varía en sí mismo, desde las ciudades que favorecen más el castellano clásico, hasta las zonas rurales cuyo dialecto se ve influido por algunos idiomas autóctonos, tales como el quechua y el aimara.

Características fonológicas

Se distingue principalmente, además de su ritmo lento y particular, por una aparente confusión entre las vocales /e/ y /o/ con la /i/ y /u/. Lo que suele ocurrir es que los hablantes de español andino producen vocales intermedias entre /e/ – /i/ y entre /o/ y /u/. Por ejemplo, hablantes de ambos español y quechua dirían irmanu en vez de hermano. Este fenómeno se debe a la influencia del quechua y aimara, lenguas en que no existen las vocales “e” u “o” y sucede sobre todo en áreas rurales donde el idioma indígena originario sigue siendo la lengua materna.

Otra característica fonológica del español andino es que nunca se aspira la “s” final como en el español de otros lugares, tales como el cono sur de América Latina, y también la región sudeste de España, Andalucía. Finalmente, en muchas partes, tales como el oeste de Bolivia, norte argentino, las ciudades ecuatorianas de Tulcán, Ambato y Loja, y el sur de Perú se distingue el sonido de las consonantes “ll” con “y”. Es decir, en estos territorios no observan el yeísmo del español peninsular.

A nivel gramático

Con respecto a la gramática, destacan numerosas características, que nombraremos a continuación.
1. Hay una confusión o unificación del género y número, por ejemplo, se podría oír “A ellas lo recibí bien. La revista es caro”.
2. Además, se ve extendido el abuso de los diminutivos “ito” e “ita”. “Vente aquicito” o “allacito lo encuentras”.

3. Se suele sustituir el pronombre personal “le” por “lo”, lo que se denomina el loísmo.  Por ejemplo, “cuando recojo a los niños del colegio, los lleva la merienda”. Una variante del loísmo ocurre con los hablantes andinos que emplean “lo” como complemento directo sin distinguir género ni número: “No lo conozco a sus primos”.
4. El préstamo de construcciones del quechua o aimara “a su casa de Jacinta me estoy yendo” para decir “voy a la casa de Jacinta”.
5. Por la mayor parte, se favorece el tuteo antes que el voseo. Aparte de entre algunas clases menos educadas en los Andes bolivianos y colombianos, el tuteo es la forma normal de dirigirse a alguien, sobre todo en los andes ecuatorianos y peruanos.

Matt Leedham