El hecho de vivir en una época en la que los medios de comunicación e Internet juegan un importante papel en nuestras vidas y consumen gran parte de nuestro tiempo uno no puede evitar preguntarse lo siguiente: ¿Abren nuestra mente a las diferencias o realmente somos nosotros los que revelamos nuestro peor yo? El ciberacoso y el racismo son dos asuntos que, en nuestros días, deben considerarse como algo pasado. Sin embargo, están presentes y a través de Internet dicho problema se está convirtiendo en algo mayor. Personas a las que les consume el odio escriben comentarios inapropiados sobre cosas que no entienden al no tener una formación adecuada. Existen también muchos casos de chantajes a otras personas (tanto si son conocidas como si no lo son). Cuando no existe prevención alguna, la posibilidad de verificar que un post deba ser prohibido debido a su contenido, es nula, con lo cual cualquiera es libre de escribir lo que quiera. Pero, ¿cómo contribuyen las redes sociales en esto? Más y más organizaciones lanzan campañas para informar a la gente acerca de las consecuencias del uso inapropiado de las redes sociales. Pero, ¿por qué no se adoptan medidas y no se aceptan, aun viviendo en ciudades multiculturales? ¿Y por qué intentamos acabar y luchar contra esto?

El ciberacoso es el uso de las tecnologías con el fin de hacer daño o acosar de forma constante a otras personas de forma deliberada. Según las definiciones legales de Estados Unidos, el ciberacoso podría limitarse a anunciar rumores o cotilleos acerca de alguien en Internet causando odio en otras personas o llegar incluso a tal punto de la personalidad identificando a las víctimas y publicando materiales que las difamen y las humillen.

Todos sentimos la necesidad de ser populares y convertirnos en el centro del universo. La gente intenta cubrir su inseguridad y sus problemas a través del acoso a otras personas. Las redes sociales contribuyen a lo mencionado debido a:

  • El anonimato: El ciberacoso permite que los acosadores eviten enfrentarse a sus víctimas, lo que requiere menos valentía y ofrecen la ilusión en la que los acosadores no quedarán atrapados.
  • La ignorancia de las consecuencias: Diversos estudios han demostrado algunas personas llevan a cabo el ciberacoso al pensar que es algo divertido. Al no ver las reacciones de sus víctimas en persona, los ciberacosadores pueden no darse cuenta de cuánto daño están causando.
  • La presión social: Algunos ciberacosadores puedan pensar que su comportamiento es algo normal, y especialmente cuando son sus propios amigos quienes los alientan a llevar a cabo el ciberacoso.

Internet es una buena herramienta de educación e información, pero, sin embargo, no está suficiente “controlada” para sus posibles efectos negativos. Tenemos que ser críticos a la hora de pensar acerca de asuntos delicados de la sociedad (no solo en la que vivimos, sino también en general). Por tanto, tenemos que ser cautos a la hora de hacer comentarios que puedan perjudicar a las personas. La próxima vez que queramos ofrecer justicia desde nuestro teclado, tenemos que recordar que, al otro lado de la pantalla, hay seres humanos.

Y aunque no tengamos la intención de ser miserables en la red, existe la posibilidad de que en nuestra búsqueda de la justicia estemos llevando a cabo una injusticia aun peor.

Como dijo el filósofo Friedrich Nietzsche hace más de un siglo: “Todo aquel que luche contra monstruos, ha de procurar que al hacerlo no se convierta en otro monstruo“.

Autor del artículo: Dora Lymperi

Fuente de la imagen: cyber bullying (UNICEF)