Colores: nuestro mundo los tiene todos y aunque puede ser que no les prestemos atención estamos rodeados por ellos. Pero ¿cómo influencian las culturas en los colores?, ¿tenemos la misma percepción en todo el mundo?, ¿cómo evolucionaron hasta hoy?

Se podría pensar que toda la gente percibe los colores de manera “universal”, pero no es así. En efecto, a parte del hecho de que hay patologías ligadas a su percepción (y situaciones -como el embarazo- que modifica la percepción) y que los animales tienen diferentes maneras de percibir (infrarrojos, ultravioletas), las distintas sociedades han percibido los colores de manera diferente. Se puede decir entonces que el sistema perceptivo esté influenciado por las características culturales de un sitio y que los colores poseen significados contextuales: por ejemplo algunas poblaciones perciben los colores como “cálidos” o “frescos”, otras como “secos” o “húmedos”. No es una casualidad que los mensajes de los colores estén ligados a nuestra cultura: reconocerlos nos permite sobrevivir, basta pensar en los colores de las bayas comestibles, diferentes de aquellas venenosas.

Otra evidencia de las características culturales de los colores la encontramos en aquellas poblaciones de criadores de ganado, quienes utilizan decenas de matices de colores para indicar al pelaje de las cabezas de ganado, pero ignoran por ejemplo a colores como el azul y el verde. Además, lo que nos deja entender que el color sea todavía más ligado a la cultura es el uso de  parte de las poblaciones para indicar el estado social o para uniformar el color de nuestra piel segundo los patrones de la belleza de nuestra cultura.

Muy interesante es que algunos nombres de colores que utilizamos cotidianamente, durante de los años anteriores, indicaban tonalidades diferentes  y, tal vez, han sido “importados” de otros lenguajes; el caso del blanco por ejemplo, tiene  su origen en la palabra latina “albus”, que creó la idea de claridad en palabras como albumen, alba, albino (“nuestro blanco” viene del germanismo “blank”); durante del Medioevo en cambio, el rojo y el verde eran considerados intercambiables y de mismo valor. Además, si los casos de los adjetivos turquesa e índigo son interesantes porque se refieren respectivamente a la Turquía por su piedra muy popular y a la India por su planta del índigo, aún más interesante es el hecho de que hay lenguajes indoeuropeos que indican el azul y el amarillo con la misma palabra; por ejemplo la palabra serbo-croata “plavi” significa azul, pero es utilizada para indicar al pelo rubio, mientras que la palabra rusa “polovyi”, la polaca “plowi” y la ceca “plavyi” se refieren al azul como al amarillo; en cambio, el pashto y el vietnamita no distinguen el verde del azul, así que si hay una ambigüedad se tiene que pedir si el color mencionado es el “grue” similar al cielo o similar a las hojas de las plantas.

Otro caso curioso es lo de las naranjas en Italia, que puede además evidenciar como los colores sean ligados al entorno natural de un mismo sitio; en efecto, antes de la introducción de las naranjas en Italia, la naranja, color exacto de estos cítricos, era concebida solo como un matiz del rojo y esta es la razón por la cual en italiano, todavía hoy en día, se indican a los peces y el pelo como rojos, aunque de hecho sean de color naranja.

En conclusión, estas informaciones nos dejan entender que el color no siempre expresa un concepto universal, sino cultural y a veces decidido por el entorno natural de un lugar específico. Sus existencias y valores/significados culturales son diferentes y de alguna manera representan y evidencian el pensamiento y la historia de un país, basta pensar en el hecho de que el color del luto en occidente es el negro, mientras que en Asia es el blanco.

 

Autor del artículo: Alessia

Fuente de la imagen: www.altonivel.com.mx