El catalán fuera de Cataluña

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En Italia, algunas lenguas minoritarias están reconocidas y protegidas por la Ley nacional y regional. Existen 12 grupos lingüísticos minoritarios, lo que representa aproximadamente 2.500.000 de hablantes repartidos en 1.171 municipios en 14 regiones. La Ley italiana reconoce la existencia de estas 12 lenguas minoritarias. Define esas lenguas como “históricas” y las protege; estás serían el albanés, el catalán, el alemán, el griego, el eslovaco, el croata, el francés, el provenzal, el friulian, el ladino, el occitano y el sardo.
Algunas ya estuvieron reconocidas gracias a la Ley estatal, como el alemán y el ladino en Trentino-Alto Adige, el esloveno en Friuli-Venezia Giulia, el francés en Valle d’Aosta y el albanés en el Sur de Italia.

En lo que se refiere al catalán, que se habla en Alghero, al Norte Oeste de Cerdeña, sería considerado como una variación del idioma. A día de hoy casi 44.000 habitantes lo hablan de forma cotidiana con su familia; sin embargo, su uso está disminuyendo ya que la mayoría de la gente que lo habla tiene un nivel de educación medio-bajo. El idioma vehicular en Cerdeña es el italiano, como en el resto de Italia. Sin embargo, desde hace algunas décadas, la presencia del “alguerés” en la vida cultural ha aumentado: algunos periódicos y páginas web publican, de vez en cuando, artículos en alguerés y también algunos programas de radio y televisión donde se utiliza esta lengua. Por otro lado, algunas organizaciones e instituciones culturales imparten clases, organizan congresos y publican libros y revistas para promocionar el alguerés. En 1998, un proyecto municipal deseaba incluir una hora de alguerés por semana en la escuela, y se da la posibilidad de participar en un programa de intercambio con la Universidad de Cataluña, que ofrece cursos en catalán.

El uso del catalán en el Alghero se inició y desarrolló entre el siglo XIV y el XVII, periodo de tiempo en el que el Alghero formaba parte de la Corona de Aragón. El idioma ha sobrevivido a través de los siglos sin grandes diferencias desde entonces. El catalán hablado en Alghero se encontraba aislado de catalán que se hablaba en Cataluña, es por ello que ha conservado expresiones obsoletas y arcaicas. También tiene influencias del castellano, del sardo y del italiano.

Históricamente, el fascismo prohibió su uso, al igual que prohibió otras lenguas minoritarias. Pero hoy en día, el catalán es reconocido por el estado italiano y por la región de Cerdeña como una lengua minoritaria. El municipio de Alghero fijó las bases jurídicas para el desarrollo y la promoción del alguerés en 1991.

En lo que concierne a la Cataluña francesa, las cosas son un poco más complicadas. En efecto, el catalán no es un idioma oficial en Francia, aunque la cultura catalana es mucho más fuerte allí que en Italia. La única institución que reconoce el catalán como lengua oficial es el departamento de los Pyrénées-Orientales, y desde hace relativamente poco tiempo, (su reconocimiento data del 2007).
Esta situación se podría explicar debido a motivos históricos; a raíz del Tratado de los Pirineos, en el siglo XVII, una parte de Cataluña pasó a Francia, y como demostración de su poder, el rey Luis XIV prohibió el catalán, e incluso ordenó a su arquitecto Vauban, que edificase fortalezas en las fronteras en las montañas.

Hoy en día, Cataluña del Norte, como se la ha llamado desde los años 70, es una tierra de acogida: es tierra de refugiados portugueses, españoles, franceses de Argelia, gitanos, magrebís, o más recientemente jubilados de Normandía. Esta mezcla también se refleja en el sentimiento de pertenencia ya que sólo un 20% de la población habla catalán en esta región, en contraposición a un 80% en Cataluña, España.
En el departamento de los Pyrénées-Orientales, se puede aprender catalán en el colegio, de la misma manera que se puede aprender el bretón en las escuelas de Bretaña. Su práctica ha ido en aumento durante los últimos años, ya muchos piensan que el hablar una lengua regional es un ventaja.
Algunas personas de Cataluña del Norte todavía sueñan con independencia, no se sienten franceses, pero tampoco desean formar parte de una “Cataluña Unida”.