Uber, la mayor empresa de coches privados del mundo, no tiene vehículos propios. Facebook, la compañía de medios de comunicación más conocida del mundo, no crea contenidos. Alibaba, el mercado de venta al por menor más valorado, no posee inventario, y Airbnb, la mayor plataforma de alojamiento, no tiene ninguna propiedad inmobiliaria. «Está pasando algo interesante», ha declarado recientemente Tom Goodwin, vicepresidente senior de estrategia e innovación de Havas Media. En Internet, en medio de la crisis, se ha desarrollado una nueva forma de entender el capitalismo con una lógica completamente diferente basada en la redistribución de los recursos y en el reclamo de oportunidades sociales. Se usan varios términos indistintamente para describir esta nueva realidad: consumo colaborativo, economía colaborativa o economía peer to peer.

Rachel Botsman, autora de What’s mine is yours: the rise of collaborative consumption, habla sobre el fenómeno de esta manera «El consumo colaborativo ha puesto de manifiesto que la tendencia en auge es intercambiar, compartir, canjear, comerciar y alquilar de una forma reinventada gracias a las últimas tecnologías y a los mercados de trueque de una forma y a una escala que hasta ahora no era posible». Hoy en día se puede viajar con un coche compartido en Blablacar, se puede alquilar un apartamento en la plataforma virtual Airbnb y se puede comer en casas de desconocidos a través de Gnammo. En otras palabras, todo gira en torno a conectar personas gracias a las plataformas virtuales y a aprovechar lo que alguien tenga que pueda ayudar a los demás. La cuestión crucial es que esta manera de compartir se centra en productos o en servicios pero también se puede llevar a cabo con el conocimiento. Así nació en los últimos años una nueva iniciativa anglo-irlandesa llamada GoCambio. Su misión es conectar los millones de personas en todo el mundo que quieren mejorar su destreza en un idioma con los millones de viajeros y mochileros que quieren vivir una verdadera experiencia local y una buena cama para pasar la noche. Algo entre Airbnb y Couchsurfing, y además es gratis. Es realmente interesante porque como viajero intercambias tus conocimientos por comida y alojamiento y como huésped ofreces tu casa a alguien a cambio de aprender algo nuevo: ¡es conocimiento a cambio de hospitalidad!

La nueva realidad de la economía colaborativa aporta realmente a la gente que quiere viajar y que sabe algunos idiomas la oportunidad de encontrar alojamiento sin pagar, y solo a cambio de dos horas de clases gratis en el idioma. Al mismo tiempo, los huéspedes pueden aprender en casa ruso, mandarín, alemán, coreano, japonés, italiano, polaco u otro de los muchos idiomas que hablen los visitantes sin coste alguno, sin pagar cientos de euros en clases y viviendo una gran experiencia alojando a un viajero en sus casas.

Además, también abre camino a los intercambios culturales entre las personas involucradas, al ser una experiencia de estancia única capaz de proporcionar buenos consejos que nunca encontrarías en Lonely Planet. Esta es sin duda una nueva forma interesante de mejorar un idioma haciendo nuevos contactos interesantes al mismo tiempo.

fuente (imagen):www.portal.uc3m.es