Los acontecimientos de Tiananmen

LOS ACONTECIMIENTOS DE TIANANMEN Y SUS CONSECUENCIAS (1989-1991)

Dado que la economía se hizo cada vez más compleja y dinámica y que el poder sobre los recursos económicos se dispersó cada vez más, los líderes centrales perdieron progresivamente su capacidad para controlar la situación. Este problema de control directivo sobre el proceso de reforma alcanzó alarmantes proporciones a finales de 1988. Se desarrolló a lo largo de los años un malestar social unido a un aumento del resentimiento contra las tendencias económicas y la corrupción oficial. Se empezaron a ver signos como brotes de pánico en la compra, incremento de las tasas de crimen y huelgas aisladas y disturbios sociales, como tumultos futbolísticos en Sichuan. Esta insatisfacción popular generalizada, particularmente evidente en pero no confinada a las ciudades, coincidió con un creciente descontento político entre las minorías urbanas, en particular la intelectualidad urbana dentro y fuera del Partido, sobre el continuo poder de los conservadores del Partido y con una convicción creciente entre los reformadores de que serían imposibles reformas económicas más profundas sin movimientos más decisivos hacia las reformas políticas.

Estas corrientes, que coincidían en parte con el liderazgo del PCC y reforzaban el conflicto dentro de él, causaron las protestas de Tiananmen de abril a junio de 1989 (también llamadas manifestaciones de Zhao Ziyang), que se extendieron a otras 20 ciudades, en las que se reivindicaba, además de una mayor apertura económica, una apertura interior, libertad de prensa, libertad individual y derecho de asociación, culminando en la masacre de Beijing el cuatro de junio.

Miles de estudiantes llenaron la Plaza de Tiananmen, en el centro de Beijing, el 17 de abril de 1989, y a lo largo de las siguientes seis semanas las manifestaciones crecieron pese a las prohibiciones oficiales, la visita de estado de Gorvachov, que atrajo los medios de comunicación extranjeros hacia China, lo que supieron aprovechar los estudiantes chinos) y las amenazas militares del gobierno.

Entre los motivos del descontento de los manifestantes destacaban dos temas: la seguridad económica personal, que se veía amenazada por la inflación y la inseguridad en el trabajo, y una sensación de injusticia generada por la percepción popular del patronazgo del gobierno y un excesivo enriquecimiento de los nuevos empresarios. En este sentido, los estudiantes chinos que debían estudiar mucho para poder superar los exámenes para poder acceder a la universidad se resentían de ver que los  mejores trabajos eran concedidos a los hijos de los altos funcionarios. También se resentían del enriquecimiento de los relativamente poco formados empresarios de la calle.

Tres grupos sociales articularon las protestas: los universitarios, los intelectuales y los trabajadores. Los estudiantes fueron la voz que más se dejó oír, pero ellos solos no hubieran podido provocar un movimiento de dicha envergadura. Los viejos intelectuales, muchos de los cuales habían sido guardias rojos en la Revolución Cultural de los 60 aconsejaron a los estudiantes para sus negociaciones con el gobierno. Pero los jóvenes idealistas no siguieron los prudentes consejos de los intelectuales, que sabían que el gobierno acabaría usando la fuerza para sofocar las manifestaciones.

La confrontación terminó en tragedia el 4 de junio de 1989, cuando las unidades del Ejército de Liberación Nacional de las provincias dispararon contra los manifestantes desarmados, matando a más de 2.000 sólo en Pekín.

3.2. El período post-Tiananmen

A los acontecimientos de Tiananmen siguió un período de intensa represión política y una obsesión por la necesidad de estabilidad. El nuevo liderazgo bajo el Primer Ministro Li Peng y el nuevo Secretario General del Partido Jiang Zemin intentó ralentizar el ritmo de la reforma económica, aunque ello fue difícil y se encontró a sí mismo arrastrado por las fuerzas sociales, económicas y políticas que las reformas habían desencadenado. La caída del comunismo en la URSS llevó a recapacitar; se argumentó que el principal peligro para el PCC no era la presión para la democratización que la reforma económica traería, sino más bien su fracaso para conseguir el crecimiento económico.

Una de las prioridades de esta época fue combatir la fuerte presión inflacionaria. El gobierno acabó por darse cuenta de que la inflación requiere oferta monetaria y que, por tanto, el secreto para reducir la inflación no es abandonar la reforma de los precios, sino reducir la oferta monetaria. Por consiguiente, el gobierno siguió políticas orientadas a controlar la oferta monetaria[1], mediante un control directo del crecimiento del crédito y una estimulación de los mercados de renta fija. El control del crédito se realizó a través de una conversión de los préstamos bancarios subvencionados en préstamos con interés, en el control de los tipos de interés y en el control directo de la oferta del crédito bancario, vía Banco Popular de China, obligando a que los bancos presten hasta los límites autorizados con tipos fijos.

La oferta monetaria fue reducida drásticamente en 1989, pero ello fue debido a que hubo un consenso político en el uso de controles administrativos para controlar el gasto, especialmente sobre la inversión, siendo altamente improbable que una acción monetaria por sí sola pudiese haber conseguido los resultados sin el acuerdo político entre los gobiernos central y provinciales y sin la aplicación de presión administrativa en los diferentes niveles. Además, se congelaron los salarios para enfriar la economía.

Sin embargo, con el objeto de evitar las consecuencias políticas del aumento del desempleo, originado por la política económica de enfriamiento de la economía, a finales de 1990 se suavizó el crédito.

En el plano internacional, en 1989 las relaciones con la Unión Soviética se normalizaron, pero la masacre de Tiananmen introdujo tensiones en las relaciones con Estados Unidos y otros países democráticos, imponiéndose sanciones económicas a China.

[1] Los líderes de China se centraron en el control de la M2. Hay controversias sobre la conexión entre la M2 y la inflación en una economía socialista, y, de hecho, el rápido crecimiento de la M2 en 1991-1992 habría conducido a una inflación más alta de la que hubo realmente. Pero el control de la M2 es el instrumento más efectivo inventado hasta ahora, y parece que funcionó en 1988-1989.

                          LA CHINA ACTUAL (1991 EN ADELANTE)