LA DECADENCIA DE LA CHINA IMPERIAL

A partir de la dinastía Song se inició el período de decadencia militar, en cuanto que China pasó de expandirse a ser conquistada, primero por incursiones esporádicas y, finalmente, toda el país fue invadido por los mongoles y, tras la reconquista por parte de los han, por los manchús. Sin embargo, China siguió siendo muy floreciente económica, tecnológica, científica y culturalmente, por lo que el término “decadencia” sólo es aplicable en el aspecto militar.

3.1. Política interior

Dinastía Song (930-1279)

En el año 960 un nuevo poder, la dinastía Song, reunificó la mayor parte de la China Han. Este período se divide en dos fases: Song Septentrional (960-1127) y Song Meridional (1127-1279). Esta división de debe al abandono forzoso del Norte de China el 1127 por la corte Song, debido a que no podía repeler a los invasores nómadas de Asia Central.

Los Song desarrollaron una efectiva burocracia centralizada. Los gobernadores civiles regionales y sus colaboradores fueron sustituidos por funcionarios designados por el poder central. Este sistema llevó a una concentración de poder en el emperador y en su burocracia de palacio mayor que en las dinastías anteriores. Este centralismo estatal contrastaba con la descentralización del sistema feudal y con el poder que ejercía la Iglesia en aquella época en el Sacro Imperio Romano Germánico y en otros reinos europeos.

Dinastía Yuan(1279-1368)

A mediados del s. XIII, los mongoles invadieron China, Corea, los reinos musulmanes de Asia Central y Oriente Medio, India hasta Lahore y la mayor parte de Rusia, llegando incluso a Europa en dos ocasiones. Se creó así un gran imperio que iba desde el Pacífico hasta el Dniéper. Eran una horda de jinetes nómadas, que vivían casi como sus predecesores los hunos, alimentándose principalmente de carne y leche de yegua y habitando en tiendas de pieles. Habían sacudido el yugo de China y atraído otras tribus turcas a una especie de confederación militar. Su campamento central estaba en Karakorum, Mongolia.

Buena parte de estas conquistas fueron realizadas por Gengis Khan y por su sucesor Ogdai Khan. El sucesor de éste, Mangu Khan, nombró en 1280 a su hermano Kublai Khan, nieto de Gengis Khan, emperador de China, creándose la dinastía Yuan, y emprendió la conquista de la China Song meridional.

Aunque los mongoles quisieron inicialmente gobernar China mediante sus instituciones tradicionales, con funcionarios chinos, los Han fueron discriminados tanto social como políticamente. Todos los cargos centrales y regionales importantes fueron monopolizados por los mongoles, que prefirieron además emplear no chinos de otras partes del Imperio Mongol (Asia Central, Oriente Medio o incluso Europa) en los puestos que no podían ser ocupados por mongoles. Los chinos fueron empleados frecuentemente en regiones no chinas del imperio.

Los levantamientos campesinos en este período fueron más numerosos que antes y adquirieron un nuevo cariz, llegando incluso a plantear como consigna “igualar poderosos y humildes y nivelar ricos y pobres”. Un gran levantamiento a finales de la dinastía Yuan, junto con la rivalidad entre los herederos imperiales mongoles y desastres naturales, llevaron a la caída de la dinastía Yuan el año 1368. De hecho, el poderío de los mongoles ya había comenzado a decaer tiempo antes, ya que en 1328 Iván el I se había proclamado príncipe de Moscú, adquiriendo los pueblos eslavos cada vez más fuerza frente a sus antiguos señores los mongoles, mientras que en Oriente Medio ahora surgía otro pueblo dominante, los turcos otomanos.

Dinastía Ming

La dinastía Ming (1368-1644) fue fundada por un campesino Han, que había sido un monje budista convertido en líder de un ejército rebelde. Estableció su capital en Nanjing y más tarde en Beijing. Alcanzó el punto álgido de su poder a principios del s. XV.

La estabilidad de la dinastía Ming, sin grandes trastornos por parte de la población (unos 100 millones), y el nivel de desarrollo alcanzado en su economía, arte, sociedad y política, fomentó la creencia entre los chinos de que habían alcanzado la civilización más satisfactoria de la tierra y que no necesitaban nada que viniese de fuera. Ello contrastaba con Europa, que en estos siglos experimentó cambios enormes, como el Renacimiento, la Reforma, la Contrarreforma, las guerras de religión, el descubrimiento de América y la colonización, en la que se pasaron a cuestionar muchos dogmas, renació la ciencia y se pasó del feudalismo al poder centralizado de los monarcas.

Durante la época Ming, al igual que posteriormente durante la dinastía Qing, China era un estado multinacional unitario con un vasto territorio, en el que los vínculos económicos y culturales entre las diversas nacionalidades se hicieron más estrechos.

Las largas guerras con los mongoles, las incursiones de los japoneses en Corea y el acoso de las ciudades costeras chinas por los japoneses en el s. XVI debilitó el gobierno Ming, situación propicia para una conquista extranjera. In 1644 los manchús tomaron Beijing desde del Norte y se hicieron los dueños del Norte de China, estableciendo la última dinastía imperial, la Qing (1644-1911).

La dinastía Qing

Aunque los manchús no eran chinos Han y éstos opusieron una fuerte resistencia contra los primeros, especialmente en el Sur, habían asimilado una gran parte de la cultura china antes de la conquista la China tradicional. Dándose cuenta de que para dominar el imperio deberían hacer las cosas a la manera china, mantuvieron muchas instituciones Ming, continuando con las prácticas cortesanas confucianas y los ritos en los templos, tradicionalmente presididos por el emperador.

Mantuvieron también el sistema de funcionariado confuciano. Aunque los chinos Han tuvieron vedado el acceso a los cargos más importantes, los funcionarios chinos predominaron sobre los manchúes fuera de la capital, excepto en los cargos militares. La filosofía neoconfuciana fue reforzada como credo, dado que enfatizaba la obediencia del individuo al gobernante. Los emperadores manchúes también apoyaron la literatura y la historia china.

Siempre desconfiados de los chinos Han, los gobernantes Qing introdujeron medidas para impedir la absorción de los manchúes en la población dominantes Han. Así, se prohibió a los Han emigrar a las regiones manchúes y se prohibió a los manchúes que llevasen a cabo trabajos de tipo comercial o manual. También se prohibieron las bodas entre los dos grupos. Para muchos cargos gubernamentales se usó un sistema de doble nombramiento: el chino designado debía hacer el trabajo involucrado en el puesto mientras que el manchú debía asegurar la lealtad al gobierno Qing.

El éxito de los Qing en mantener el viejo orden resultó ser una carga cuando el imperio tuvo que afrontar los desafíos que supusieron las potencias occidentales. Los siglos de paz y satisfacción desde la época de los Ming había favorecido el inmovilismo en la élite gobernante. Los eruditos neoconfucianos aceptaron como dogma la superioridad cultural de la civilización china y la posición del imperio en el centro del mundo. Poner en duda  este dogma, proponer innovaciones o adoptar ideas extranjeras era visto como una herejía. Aquellos que se desviaban de la ortodoxia eran purgados severamente.

A principios del s. XIX, China experimentaba crecientes presiones internas de tipo económico. En esta época habían 300 millones de Chinos, pero no existía suficiente industria o comercio para absorber el exceso de mano de obra. Además, las escasez de tierra llevó a un descontento rural y a la alteración de la ley y del orden. La debilitación por la corrupción del sistema burocrático y militar y la creciente pobreza urbana también contribuyeron a estas alteraciones. Estallaron revueltas localizadas en varias partes del imperio a principios del s. XIX. Las sociedades secretas, como la secta del Loto Blanco, en el Norte, y la Sociedad de la Tríada, en el Sur, se consolidaron, combinando subversión antimanchú y bandolerismo. Sin embargo, la estructuras políticas, sociales y económicas se mantenías inalterables.

Ello contrastaba con Occidente, en que la situación era todo lo contrario al inmovilismo, ya que en poco tiempo del absolutismo se pasó a decapitar Carlos I de Inglaterra y a instaurar una República, a la difusión de las ideas de la Ilustración, al despotismo ilustrado, la revolución francesa y las revoluciones liberales a lo largo del s. XIX. Tuvo lugar la independencia primero de los Estados Unidos, con una constitución democrático-liberal, y después América del Sur, al mismo tiempo que el imperialismo siguió desarrollándose con otros países. Tuvo lugar el mercantilismo y después la revolución industrial, así como grandes avances científicos y técnicos y el desarrollo del movimiento socialista, que pretendía combatir la explotación generada por la revolución industrial. Todos esos cambios en Occidente acabarían por romper con el inmovilismo chino a mediados del s. XIX.

Los últimos años de la China Imperial

A mediados del s. XIX, China sufrió graves catástrofes naturales: sequías, hambrunas e inundaciones.  La negligencia del gobierno en cuanto a obras públicas fue en parte responsable de estos desastres. Además, el gobierno Qing hicieron poco para aliviar la miseria causada por los mismos. Los problemas económicos, las derrotas militares frente a los occidentales en la Guerra del Opio, que explicaremos más adelante, el aumento de los impuestos para pagar las indemnizaciones a las potencias occidentales  debido a dichas derrotas y los sentimientos antimanchús combinados provocaron tensiones, especialmente en el Sur. La China meridional fue la última área en ceder a los conquistadores Qing y la primera en estar expuesta a la influencia extranjera, lo que contribuyó a que se produjese el mayor levantamiento de la historia moderna china: la rebelión Taiping.

Los rebeldes Taiping fueron dirigidos por Hong Xiuquan, un maestro rural y candidato fallido a las oposiciones para la administración imperial. Desarrolló una una ideología ecléctica combinando los ideales de utopismo preconfuciano con creencias protestantes. Pronto tuvo millares de seguidores antimanchúes y contrarios al orden establecido. Los seguidores de Hong formaban una organización militar para protegerse contra los bandidos y reclutaban tropas no sólo entre los creyentes, sino también entre otros grupos armados campesinos y sociedades secretas. En 1851 Hong y otros se levantaron en Guizhou, en la provincia de Guangxi, proclamando el Reino Celestial de la Gran Paz con él mismo como rey. El nuevo orden se basaría en el que existía en un viejo estado legendario, según el cual los campesinos poseerían y cultivarían la tierra de forma comunitaria y la esclavitud, el concubinato, el opio, la reducción de los pies de las mujeres, la tortura judicial y el culto de ídolos deberían eliminarse. Además, introdujo muchas medidas para conseguir la igualdad entre el hombre y la mujer. La tolerancia de los Taiping con los rituales esotéricos y con las sociedades quasi-secretas de sur de China y sus ataques implacables contra el confucianismo, que era ampliamente aceptado como la base moral del comportamiento chino, contribuyeron a la derrota final de la rebelión. Su defensa de reformas sociales radicales apartaron a la burguesía erudita Han.

Con todo, consiguió el respaldo de grandes masas. El ejército Taiping fijó su capital en Nanjing y se extendió por 17 provincias, conquistando más de 600 ciudades. A pesar de ello, no llegó a establecer áreas base estables. Los líderes del movimiento se encontraron en una red de feudos internos, deserciones y corrupción. Además, las fuerzas británicas y francesas, al preferir tratar con la débil administración Qing que enfrentarse contra las incertidumbres del régimen Taiping, fueron en ayuda del ejército imperial. Sin embargo, transcurrieron 14 años hasta que el ejército chino pudo aplastar la revuelta y murieron más de 30 millones de personas.

Para vencer la rebelión, los Qing necesitaban, además de la ayuda occidental, un ejército más grande y popular que las desmoralizadas tropas imperiales. En 1860, el funcionario Zeng Guofan, de la provincia de Hunan, fue nombrado como delegado imperial y Gobernador General de los territorios controlados por los Taiping, dándosele en mando de la guerra contra los rebeldes. El ejército de Hunan de Zeng, creado y pagado por los impuestos locales, se convirtió en una nueva poderosa fuerza bajo el mando de eminentes generales. El éxito de Zeng dio nuevo poder a una emergente élite china Han y erosionó la autoridad Qing. Otros levantamientos simultáneos en el norte de China (Rebelión Nian) y el el Sudoeste (Rebelión Musulmana) reafirmó la debilidad de los Qing.

Las crudas realidades de los levantamientos masivos de mediados de siglo, así como las victorias extranjeras en la Guerra del Opio y los tratados desiguales, que explicaremos después, dieron lugar a que los cortesanos y los oficiales de los Qing reconociesen la necesidad de reforzar China. Los eruditos y funcionarios chinos habían estado estudiando y traduciendo las “enseñanzas occidentales” desde los años 40. Bajo la dirección de funcionarios Han con una mentalidad moderna, se empezaron a estudiar la ciencia y las lenguas occidentales, se abrieron escuelas especiales en grandes ciudades y se intentó imitar el modelo económico occidental. Los Qing adoptaron también las prácticas diplomáticas occidentales y salieron estudiantes al extranjero para aprender y aplicar los métodos occidentales, con la esperanza de poder regenerar el país.

Entre estas iniciativas se intentó frenar el declive dinástico restaurando el orden tradicional. Este esfuerzo fue llamado Restauración Tongzhi, que tomó el nombre del emperador Tongzhi, y fue urdido por su madre Ci Xi. Sin embargo, la restauración, que combinaba el “conocimiento práctico” occidental con la reafirmación de la vieja mentalidad, no fue un verdadero programa de modernización.

El esfuerzo para introducir la tecnología occidental en las instituciones chinas fue conocido como el Movimiento de Autofortalecimiento. Este movimiento fue liderado por generales como Li Hongzhang y Zuo Zongtang, que habían luchado con la fuerzas imperiales en la Rebelión Taiping. Desde 1861 hasta 1894 estos líderes fueron responsables de establecer instituciones modernas y de modernizar la economía, las infraestructuras y el ejército. No obstante, a pesar de los logros, el movimiento de Autorfortalecimiento no reconoció la importancia de las instituciones políticas y de las teorías sociales que habían promovido los avances y las innovaciones occidentales, lo que llevó al fracaso del movimiento. La modernización durante este período habría sido difícil bajo las mejores circunstancias. La burocracia todavía estaba profundamente influenciada por la ortodoxia neoconfuciana. La sociedad china todavía se tambaleaba por los estragos de las diferentes rebeliones y las invasiones extranjeras seguían amenazando la integridad china.

En los 103 días desde el 11 de septiembre de 1897 al 21 de septiembre de 1898, el emperador Qing, Guangxu, aprobó una serie de reformas orientadas a provocar cambios sociales e institucionales drásticos. Este esfuerzo reflejaba el pensamiento de un grupo de reformadores progresistas que habían impresionado a la corte con la urgencia de introducir innovaciones para la supervivencia de la nación. Influenciados por  el éxito japonés en su modernización, los reformadores declararon que China necesitaba más “autofortalecimiento” y que las innovaciones debían ir acompañadas de cambios ideológicos y sociales.

Los edictos imperiales para las reformas cubrieron una amplia variedad de temas, incluyendo la eliminación de la corrupción y la reforma del sistema de exámenes académicos y funcionariales, del sistema legal, de la estructura gubernamental, la defensa y los servicios postales. Estos edictos intentaron modernizar la economía y la medicina, así como promover estudios prácticos en vez de la ortodoxia neoconfuciana. La corte también se propuso enviar estudiantes al extranjero para observar de primera mano y realizar estudios técnicos. Todos estos cambios debían ser realizados bajo una monarquía constitucional de facto.

La oposición a la reforma fue intensa entre la élite gobernante conservadora, especialmente de los manchús, quienes condenaron la anunciada reforma de radical y propusieron una reforma más moderada y gradual. Apoyada por los ultraconservadores y con apoyo tácito del oportunista político Yuan Shikai, la Emperadora Madre Ci Xi tomó el Gobierno como regente. La Reforma de los Cien Días terminó con la rescisión de los nuevos edictos y con la ejecución de seis de los principales defensores de las reformas. Los dos principales líderes, Kang Youwei y Liang Qichao, huyeron al extranjero para unirse a la Baohuang Hui (Sociedad para Proteger al Emperador) y trabajar sin éxito por una monarquía constitucional en China.

En la década siguiente, la corte introdujo algunas reformas tardíamente, como la abolición de los exámenes confucianos, la modernización de la educación y del ejército según el modelo japonés y un experimento poco entusiasta de gobierno constitucional y parlamentario. La precipitación y ambición de la reforma impidió su éxito. Uno de los efectos que se padecería en las siguientes décadas sería la creación de nuevos ejércitos, que, a se vez, daría lugar a los señores de  la guerra.

                      3.3. Política económica y evolución de la economía