LA APERTURA DE CHINA (1978-1984)

“Las reformas son menos temibles que las revoluciones, porque causan menos reacciones”

C.J. Darling, Scintillae Juris

1.1. Política interior

La ascensión de Deng Xiao Ping al poder

Tras la muerte en 1976 de Mao Zedong y de su Primer Ministro, Zhou Enlai, comenzó una lucha en el seno del Partido Comunista Chino entre los partidarios de continuar con el espíritu de la Revolución Cultural y los que deseaban acabar con ella, que se saldó con la derrota y encarcelamiento de los principales compañeros izquierdistas de Mao, incluyendo a su esposa y a los otros miembros de la Banda de los Cuatro. El sucesor de Mao, Hua Guofeng, presidió durante un período de normalización, marcado por la subida al poder de Deng Xiaoping, el más antiguo de los pragmáticos purgados que sobrevivieron a la Revolución Cultural, quien afirmaba que China sólo podía salir del subdesarrollo si copiaba el modelo económico occidental y proclamó que “enriquecerse también es glorioso”. Dentro del partido se presionó para la restauración del poder de Deng Xiaoping y la eliminación de la influencia izquierdista, por lo que una sesión del Comité Central del Partido le restauró en los cargos de los que había sido retirado en 1976.

El Tercer Pleno (XI), en diciembre de 1978, reorganizó la cúpula de la dirección del PCC, reduciéndose gradualmente el poder del movimiento maoísta, consolidando a Deng Xiaoping como líder y creando una dirección con un alto grado de consenso sobre la necesidad de emprender la reforma económica. En la Tercera Sesión del Quinto Congreso Nacional del Pueblo, en otoño de 1980, Hua Guofeng fue reemplazado como Jefe de Estado por un ferviente seguidor de la reforma, Zhao Ziyang, quien había puesto en práctica los proyectos piloto de la reforma en su provincia natal, Sichuan, en 1978. En la celebración del Sexto Pleno (XI) en junio de 1981, Hua fue destituido como Presidente del partido por otro reformista, Hu Yaobang. Finalmente, durante la celebración del Primer Pleno (XII) en septiembre de 1982, Hua incluso perdió su puesto en el Politburo. Los principales puestos del partido fueron ocupados por protegidos o colegas de Den Xiaoping. Deng no ha ostentado nunca las primeras posiciones, sino que ha gobernado a través de una serie de políticos más jóvenes que comparten su énfasis en el avance económico, en contraposición a la ortodoxia política.

China no fue impulsada a emprender su camino reformista debido a una profunda crisis macroeconómica, no siendo necesaria una fuerte política deflacionaria para acompañar el lanzamiento de sus reformas, ya que las cuentas fiscales y externas estaban en ese momento equilibradas y la tasa de ahorro ya era alta. La puesta en marcha de la reforma procedía más bien de tres factores, principalmente. En primer lugar existía insatisfacción con el modelo de crecimiento “extensivo” que había generado, sobre todo, crecimiento, pero poca mejora en la productividad, y que requería incrementar los niveles de inversión para ser mantenido, impidiendo mejoras significativas en el consumo personal. Como consecuencia de lo anterior, los líderes de la China postmaoísta temían que si no se adoptaban nuevas políticas el país se quedaría muy atrasado internacionalmente y que la insatisfacción popular con los pobres resultados económicos conduciría a una inestabilidad y una inquietud social. Además, existía un rechazo político de los extremos del “izquierdismo” asociado en particular con el período de la “Revolución Cultural”.

Sin embargo, a pesar de los excesos de aquel período y las muertes de Mao Zedong y Zhou Enlai, no hubo rechazo alguno del sistema socialista en sí mismo, sino más bien una llamada para una reforma radical.

Deng introdujo políticas que pretendían proporcionar más libertad de acción a las fuerzas sociales y económicas, reduciendo el control del Estado y de las burocracias del partido. Dado que el sistema político era responsable de los pobres resultados de la economía, los primeros pasos de la reforma tenían que ser políticos. Los reformistas comenzaron por atacar la obsesión de Mao por la lucha de clases y la transformación ideológica, y proclamaron que, en lo sucesivo, la “tarea central” del país serían las “cuatro modernizaciones” de la agricultura, la industria, la ciencia y la tecnología y la defensa.

Este período nunca ha estado libre de tensiones entre reformadores, como Deng, y conservadores preocupados por la progresiva desaparición de la ortodoxia socialista que supuso el mayor liberalismo económico. Dentro de la dirección reformista estaban quienes favorecían un mayor arraigo del modelo de mercado socialista, como Zhao Ziyang, y otros, como Chen Yun, miembro del Comité Permanente del Politburó, que querían retener elementos básicos del sistema anterior de planificación central y mantener el mercado dentro de límites. Hubo también un desacuerdo sobre los posibles cambios políticos, sobre todo en lo relativo a cómo valorar el papel histórico que realizó Mao Zedong y si se debía mantener algo de su extensa herencia política. El carácter y el ritmo de la reforma política fue, cada vez más, dependiendo de las alternancias de poder entre los dirigentes conservadores y las alas radicales que pasaron por los órganos encargados de la reforma.

Las acciones políticas más destacables de esta época fueron la deslegitimación de las políticas anteriores, el reforzamiento de la legalidad, la modernización de la Administración china, la apertura al exterior y la reforma agraria.

La deslegitimación de las políticas anteriores

Para asegurar la aceptación de esta nueva línea por la clase dirigente del país, los reformistas iniciaron una exposición pública de los errores del pasado, para deslegitimizar las políticas anteriores y en especial para desacreditar al líder infalible, y de ese modo hacer posible el cambio. Desde 1978, el país aprendió de los costes de un maoísmo radical mediante la publicación de datos económicos, de las atrocidades de la Revolución Cultural, de la escasez que supuso “el gran salto hacia adelante”, de la supresión de intelectuales y del daño causado a la educación.

La desacreditación del período radical de experimentación política culminó con una crítica pública de los errores de Mao Zedong desde 1957. Para preservar su reputación como el padre fundador del país, sus primeras actividades no fueron criticadas. Pero la crítica sirvió para desmantelar el culto a la personalidad de Mao, que durante la Revolución Cultural había adoptado magnitudes masivas. La crítica a Mao supuso también la crítica al partido, que había apoyado a Mao durante “el gran salto”. El aura sagrada del partido como invariablemente “correcto” fue así implícitamente puesta en tela de juicio. La exposición de los errores fue un cambio político muy importante, que transformó el clima político del país.

Deng Xiaoping es uno de los ejemplos más claros de realismo político. Sus preceptos “la práctica es el único criterio de la verdad” y “la verdad a través de los hechos” introdujeron un planteamiento pragmático a las políticas. Fueron ampliados los límites permitidos de discusión, pudiéndose entrar ahora en las “zonas prohibidas” y hablar de temas que hasta ese momento eran considerados tabú. Sin embargo, los límites no desaparecieron. En 1979, poco después de que algunos disidentes se hubieran revuelto por la democracia al estilo occidental, Deng solicitó la adherencia a los “cuatro principios”: liderazgo del partido, pensamiento de Mao Zedong, el camino socialista y la dictadura del proletariado. Deng y otros líderes del partido retuvieron la prerrogativa de decidir cuándo el pragmatismo se convertía en subversión de los “cuatro principios”. En ocasiones, concluyeron que la crítica o las peticiones para el cambio habían llegado demasiado lejos. Las campañas en contra de la “polución espiritual” en 1983 y en contra de la “liberación burguesa” en 1986-1987 fueron signos de esto. Pero éstos fueron esfuerzos efímeros y no tuvieron el impacto de las campañas maoístas, aunque sirvieron como recordatorios de la existencia de unos límites determinados arbitrariamente.

Por otra parte, Deng proclamó que los expertos e intelectuales en general formaban parte de las “fuerzas productivas” y que eran indispensables para el esfuerzo de modernización, incluso en ausencia de evidencias abiertas de ser “rojos”. Las víctimas de las campañas pasadas antiderechistas de 1957 fueron rehabilitadas, se reabrieron universidades y colegios y proliferaron publicaciones académicas.

El reforzamiento de la legalidad

En este período también se puso de relieve que el partido y las burocracias estatales debían actuar de acuerdo con la ley. Esta cuestión se suscitó en 1978, cuando un reformador cuestionó que ciertos dirigentes pudieran “ordenar a los campesinos arrancar los cultivos que habían plantado y sustituirlos por otros sin ser responsables tanto legal como económicamente de las pérdidas que se pudieran ocasionar”. Por lo tanto, se vio la necesidad de aprobar leyes y crear un sistema judicial que amparase los derechos de los campesinos, permitiendo el cumplimiento de los contratos y que los campesinos obtuviesen, en su caso, una indemnización por los daños y perjuicios causados por las autoridades.

La responsabilidad legal de los funcionarios fue más allá de la problemática de los campesinos, siendo también necesario para las relaciones entre estado y sociedad, en general, y especialmente para emprender las reformas económicas, pues éstas incluían a las empresas privadas, que difícilmente podrían funcionar sin un marco legal.

Desde 1978 se han aprobado muchas leyes, pero hay una escasez de abogados y una gran dificultad para conseguir hacer cumplir la ley, siendo el principal problema que los funcionarios más poderosos continúan estando por encima de la ley. No obstante, ha quedado instaurado el principio de legalidad.

La modernización de la Administración china

Otra acción emprendida por Deng consistió en retirar algunos miembros de la generación anterior a 1949, especialmente aquellos que se resistían al cambio, cuya experiencia formativa era la revolución más que la construcción económica. Los dirigentes con mayor formación, nivel técnico y experiencia pasaron a constituir una gran parte del Gobierno. El Primer Ministro Li Peng, un ingeniero electricista formado en la Unión Soviética, es un buen ejemplo de ello. Estos líderes más tecnocráticos eran también ayudados por el personal y las agencias de investigación del Consejo Estatal y el Secretariado del partido, que efectúan análisis sobre las cuestiones políticas.

También se intentó conseguir una Administración más moderna y racionalizada, aunque el impacto fue limitado. En este sentido, los “tecnócratas” chinos no están también formados como sus homólogos en las instituciones económicas de Taiwan y la reforma de la burocracia no ha tenido muchos efectos.

 

                                     6.2. Política económica