Los principales retos de la traducción literaria

Cualquier traducción exige tanto un dominio de las lenguas de origen y de destino como un conocimiento del contexto sociocultural de ambos países. Seguramente el objetivo de todo tipo de traducción es trasladar el contenido de un texto de un idioma a otro logrando preservar en todo momento la intención del autor. Con respecto a la traducción literaria, es igual. Esta incluye las obras literarias, es decir, novelas, poesía, cuentos cortos, obras de teatro y mucho más.

Sin embargo, el traductor de textos literarios tiene que ir más allá. Este tiene que no solo transmitir la información sino también conservar la forma del mensaje original, de tal manera que haga causar el mismo efecto en el lector que si este estuviera leyendo el texto original. Por esta razón, el traductor tiene que comprender a fondo el texto; debe prestar atención especial a su belleza, estilo, léxico y construcciones gramaticales. Hace falta que traduzca el humor, la poesía, los recursos retóricos, los nombres inventados y los mensajes subjetivos. Es una tarea que requiere mucha sensibilidad lingüística.

La poesia

Probablemente la poesía representa uno de los retos más difíciles para los traductores ya que se les pide que logren conservar el contenido junto con la forma de los poemas. Puesto que la poesía es muy subjetiva, es verdad que cada lector puede percibir distintas sensaciones al leerla. Además, es imposible conseguir que se conserven la métrica y las rimas  del texto de origen. Por ello, los traductores de poemas suelen modificarlas para que mantengan la estructura original, eligiendo no traducir literalmente, término a término. Estas dificultades le causaron al conocido poeta estadounidense Robert Frost definir la poesía como “aquello que se pierde en cualquier traducción”.

Los nombres de personajes

Otra dificultad que surge frente al traductor de las obras literarias se trata de los nombres de personajes, lugares o criaturas inventadas por el autor en el texto original. Los nombres originales se suelen cambiar, ya que no encajan con la sociedad de destino, no se entiende el trasfondo o significado de la versión original o porque resulta demasiado difícil de pronunciar en el idioma del destino. Por ejemplo, en los cómics de “X-Men” (La Patrulla X en castellano), el personaje Wolverine se tradujo como Lobezno mientras que en las novelas de la fantasía épica “El Señor de los Anillos” de J.R.R. Tolkien, el personaje Bilbo Baggings se convirtió en Bilbo Bolsón. De hecho, las traducciones sueca y holandesa de este mismo provocaron la ira de Tolkien, sobre todo por el cambio de los nombres inventados.

 

Fuente Imagen 3, Imagen 4

Esto indica otra dificultad ante al traductor a la hora de realizar una traducción literaria: la sensibilidad del autor y el vínculo especial que tiene con su texto. Por eso, los traductores suelen comunicarse con el autor para asegurarse de que no se equivoquen en algún momento. No se puede negar lo difícil que puede ser traducir las obras literarias.

Matt Leedham