F. EMPLEO Y DESIGUALDADES TERRITORIALES Y SOCIALES

Como ha sucedido en el resto de economías emergentes de Asia, China ha creado millones de nuevos puestos de trabajo mediante el desarrollo de industrias intensivas en mano de obra, como industrias de confección, juguetes o artículos electrónicos. Pero al mismo tiempo, la reforma está quitando el velo del desempleo encubierto, por lo que el desempleo se ha convertido en una fuente de fuertes preocupaciones. En este sentido, hay quien considera que el problema de la pérdida de puestos de trabajo es debido a la reforma de las empresas públicas y a la competencia que representan las empresas extranjeras. Sin embargo, el problema radica en que el sistema socialista ha dado lugar a empresas con exceso de personal que no está sirviendo a las necesidades reales del mercado, desarrollando el empleo disfrazado[1]. La tasa de desempleo fue del 4% en 1996 y es probable que aumente en los próximos años[2], debido a la reestructuración de las empresas públicas[3] y a la creciente mano de obra excedentaria en las zonas rurales, que se estima será de 200 millones de personas en el año 2000[4].

Cuadro I.1.23. Desempleo

 

1990 1991 1992 1993 1995
Desempleo (% sobre población activa) 2,5 2,3 2,3 2,6 4

 

Fuente: State Statistical Bureau; Almanac of China’s Finance and Banking

Otro de los problemas de la economía china viene dado por las crecientes desigualdades territoriales y sociales. Entre 1979 y 1994 el incremento del ingreso per capital anual de la población urbana fue del 6,5%, mientras que el de la población rural fue del 8,2%. No obstante, sigue existiendo una considerable diferencia en cuanto a renta per cápita entre las zonas rurales y las urbanas. El campo, donde se concentra más el 75% de la población, tiene una renta de 1.926 yuanes (32.742 pesetas), menos de la mitad que en las zonas urbanas y la tercera parte de las más prósperas[5].

Gráfico I.1.14. Evolución del desempleo

(% sobre población activa)

Fuente: China Statistical Yearbook

Por otra parte, se están acentuando las desigualdades regionales[6], ya que a partir de 1979, a diferencia de Mao en la China anterior a la reforma, que siguió una política redistributiva y orientada al interior, el gobierno reformista está aplicando una política de desarrollo basada en las ventajas comparativas de la zona oriental de China[7]. Asimismo, existen desigualdades entre el sector público y el privado[8] y por familias.

Dichas desigualdades se deben principalmente a tres causas. Por un lado, la introducción de explotaciones agrícolas familiares y la caída del sistema de comunas causó importantes desigualdades en los ingresos rurales a nivel de las familias.

Por otro lado, la industrialización rural, si bien es cierto que ha menguado las diferencias entre las zonas rurales y urbanas, ha supuesto un diferente grado de desarrollo entre las diferentes regiones y ha contribuido a desigualdades entre familias, beneficiando a aquellas que efectuaron aportaciones iniciales a empresas colectivas.

Asimismo, el poder de negociación y reforma del sector público urbano le ha permitido un mejor acceso a financiación y subsidios, salarios más altos y, en general, proteger mejor sus intereses[9].

Por último, la reformas de los precios y la inflación también han contribuido a la distribución de la riqueza. El crecimiento de los precios rurales mitigó las diferencias, pero incrementó la inflación y supuso tener que conceder subvenciones a los trabajadores urbanos[10].

Estos desequilibrios han causado tensiones e incluso revueltas en algunas zonas rurales, así como importantes movimientos migratorios. Asimismo, la irritación de los trabajadores por lo que consideraban diferencias injustas de distribución del ingreso causó importantes problemas de incentivos en las industrias en 1989[11]. Este desarrollo económico desigual está generando centros de poder económico rivales, con conflictos de intereses, así como desarrollando regionalismos peligrosos. Por otra parte, puede llevar a mucha gente a manifestarse en las calles[12].

 

[1] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 38.

[2] PAYA, J., Estrategias de negocios en China, ICEX, Madrid, 1996, p. 35.

[3] Ver apartado I.1.1.1.1.A.

 

[4] TRIGOSO, C., Betting on enterprise reforms to make new jobs, Inter Press Services, 21 de mayo de 1997.

 

[5] VERDU, V., China. La superpotencia del siglo que viene, El País Semanal, 25 de mayo de 1997.

 

[6] LANQING, L., Reforma económica y apertura exterior de China, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 18.

 

[7] CHIEN-HSUN CHEN, Regional determinants of foreign direct investment in mainland China, Journal of Economic Studies 23,2, 1996, p. 18.

 

[8] KENT, A, Standards of living, relative deprivation and political change, The political economomy of change. Chinas quiet revolution, Longman Cheshire, New York, 1994, p. 84.

 

[9] MA, G., The political economomy of change. Chinas quiet revolution, Longman Cheshire, New York, 1994.

 

[10] MA, G., The political economomy of change. Chinas quiet revolution, Longman Cheshire, New York, 1994.

 

[11]  CHAN, A., Revolution corporatism? Workers and trade unions in Post-Mao China, The political economomy of change. Chinas quiet revolution, Longman Cheshire, New York, 1994, p. 168.

 

[12] FIORETTI, L., Cina. Di consumatori in agguato, Epoca, 31 enero 1997, p. 50.

 

 

1.1.1.3. SITUACIÓN MICROECONÓMICA