CAPITULO 2

LA FORMACION Y EL APOGEO DE LA CHINA IMPERIAL

2.1. Política interior

Las dinastías Qin y Han (221 a.C.-220 d.C.)

Buena parte de lo que  es la China propiamente dicha fue unificada por primera vez en el año 221 a C., en el que el estado fronterizo del Oeste Qin, el más agresivo de los estados combatientes, sometió el último de sus estados rivales. Cuando el rey de Qin (de donde probablemente ha surgido el nombre de China) consolidó su poder, adoptó el título de Shi Huangdi (primer emperador) e impuso el sistema Qin centralizado, burocrático y no hereditario a su nuevo imperio. Para someter a los seis mayores estados del Zhou oriental, los reyes Qin habían confiado mucho en consejeros de la Escuela Legalista. La centralización, conseguida mediante métodos implacables, dio lugar a la estandarización de los códigos legales y de los procedimientos burocráticos, de la escritura y de las monedas, así como del pensamiento y de lo académico. Para silenciar las críticas, desterraron o ejecutaron a muchos disidentes confucianos y confiscaron o quemaron sus libros.

Se llevaron a cabo, asimismo, obras públicas para consolidar y reforzar el poder imperial. Estas actividades requerían mucha mano de obra y recursos, así como medidas represivas. Ello dio lugar a revueltas cuando el primer emperador Qin murió el 210 a. C., desapareciendo su dinastía. Sin embargo, creó unas pautas que se desarrollaron durante los siguientes dos milenios.

Tras una corta guerra civil, Liu Bang fundó una nueva dinastía, llamada Han (206 a.C.-d.C. 220), que dio nombre a la mayoría étnica china (“pueblo Han”), y estableció su capital el Xian. Durante esta época, en el mundo habían dos grandes imperios: el imperio romano, en Occidente, y el imperio Han, en Asia, siendo el segundo superior en territorio y en población al imperio romano en su zenit. Algunos historiadores dicen que el imperio Han era el sistema político mejor organizado y más civilizado del mundo en aquella época. El nuevo imperio Han conservó mucho de la estructura administrativa Qin, aunque se apartó un poco de su sistema centralizado estableciendo principados vasallos en algunas áreas por conveniencia política. Asimismo, modificaron algunos de los aspectos más duros de la dinastía anterior, adoptándose los ideales confucianos de gobierno como el credo del imperio Han. Los intelectuales confucianos obtuvieron los puestos relevantes de la administración. Se introdujo un sistema de exámenes para acceder a la administración, de tal forma que sólo podía ser funcionario quien conociese la textos antiguos.

Ello hizo de China el único país donde durante muchos siglos no gobernaba ni la aristocracia, ni el ejército ni los sacerdotes, sino los tecnócratas. No importaba que éstos tuviesen un origen distinguido o humilde, sino la nota que obtenían en los exámenes. Quien obtenía la mejor nota en los exámenes más difíciles conseguía el cargo más alto.

Tras 200 años, el Gobierno Han se interrumpió brevemente desde el 9 al 24 d.C. por el reformador Wang Mang, pero en el año 25 de nuestra era Liu Xiu fundó la dinastía Han del Este, que duraría otros 200 años. Sin embargo, los emperadores Han no fueron capaces de manejar una sociedad cada vez más compleja, con mayor riqueza y las consiguientes rivalidades, una mayor población, instituciones políticas complejas, corrupción, etc. Además, una gran peste se extendió por China y los pueblos bárbaros del norte debilitaron la dinastía. Todo ello contribuyó a la caída de la dinastía Han en el año 220 de nuestra era.

Tanto la dinastía Qin como la Han del Oeste y la Han del Este fueron sepultadas por los levantamientos campesinos, debido a que las contradicciones sociales no encontraban solución. El levantamiento dirigido por Chen Sheng y Wu Guang en el año 209 a.C., el  levantamiento de Lülin y Chimei (Cejas Rojas) en los años 17 y 18 de nuestra era y el levantamiento de los Pañuelos Amarillos del año 184 son los tres de mayor envergadura durante este tiempo, golpeando duramente a la clase terrateniente.

El período de la desunión (220-589)

A la caída de la dinastía Han le siguieron cuatro siglos marcados por guerras civiles en que el poder era detentado por los señores de la guerra, así como por las conquistas de los pueblos bárbaros del norte, coincidiendo en Occidente con los últimos siglos del imperio romano y con la invasión de éste por parte de los pueblos germánicos y Atila.

Este período comenzó con los Tres Reinos: Wei, Shu, y Wu, que se solaparon desde el año 220 hasta el 280. La unidad fue restaurada durante un período breve en los últimos años de la dinastía Jin (265 a 420). Sin embargo, los Jin no podían contener las invasiones de los pueblos nómadas de Asia Central y en el año 317 la corte se vio obligada a huir de Luoyang y se estableció en Nanjing. El traslado de la capital coincidió con la fragmentación política de China en una sucesión de dinastías desde el año 304 hasta el 589.

Las dinastías Sui y Tang

En el año 589 se reunificó el imperio bajo la breve dinastía Sui (581-617), que ha sido comparada a menudo con la dinastía Qin en su dureza, exigiendo al pueblo una excesiva carga fiscal y trabajos obligatorios para terminar el Gran Canal, la reconstrucción de la Gran Muralla y otros proyectos. Debilitado por el fracaso de sus costosas campañas militares contra Corea a principios del s. VII, la dinastía se desintegró tras revueltas populares, traiciones y asesinatos, siendo sustituida por la dinastía Tang.

Durante la dinastía Tang (618-907), con su capital en Xian, China era el país más seguro y civilizado del mundo, mientras Oriente Medio era objeto de las conquistas musulmanas, el imperio bizantino intentaba resistir como podía y Europa había quedado dividida en varios reinos germánicos, en los que la población sufría continuas guerras y pillajes.

La dinastía Tang perfeccionó el sistema de gobierno mediante el sistema de oposiciones para seleccionar a los mejores talentos para la administración. Asimismo, se creó un cuerpo de oficiales de carrera sin una base de poder territorial o autónomo, con el objeto de evitar las consecuencias desestabilizantes que podría tener una dependencia imperial de las poderosas familias aristocráticas o de los señores de la guerra. Estos oficiales adquirieron prestigio en sus comunidades locales, lazos familiares y valores compartidos que las vinculó a la corte imperial. Desde los tiempos Tang hasta el final del imperio Qing en 1911, los oficiales y funcionarios actuaron muchas veces como intermediaros entre el pueblo y el gobierno.

A mediados del s. VIII el poder Tang retrocedió. La inestabilidad económica y la derrota militar el 751 por los árabes en Talas, en Asia Central, marcó el inicio de cinco siglos de continua decadencia militar del Imperio chino. El desgobierno, las intrigas de corte, la explotación económica y las rebeliones populares debilitaron el imperio, posibilitando que los levantamientos campesinos a gran escala capitaneados por Huang Chao y los invasores del norte acabaran con la dinastía el año 907. Durante el medio siglo siguiente tuvo lugar una fragmentación de China en 5 dinastías en el Norte y 10 en el Sur.

Es interesante observar como a lo largo de la historia china se han dado continuas sublevaciones de campesinos, algunas de las cuales han derribado del poder a los emperadores. Ello contrasta con la sumisión existente en la Europa medieval, en la que los campesinos aceptaron sin cuestionarlo el orden establecido basado en estamentos y la autoridad de los señores, del emperador y del Papa hasta la edad moderna, salvo alguna excepción (como los cátaros en el sur de Francia). De hecho, en Occidente la autoridad no empezó a ser cuestionada seriamente hasta el Renacimiento, en que se dieron revueltas populares contra la autoridad religiosa y política en Bohemia, Alemania y otros lugares, proceso que culminaría con la decapitación del rey de Inglaterra por Cromwell en el s. XVII, con la Revolución Francesa en el s. XVIII y con la revoluciones liberales que se extenderían por Europa a lo largo del siglo siguiente. Ello parece deberse en buena parte a las diferencias culturales entre China y Occidente en aquella época. En Europa, la mentalidad judeo-cristiana inducía a la población al sometimiento frente a la autoridad. Ya San Pablo predicó que toda autoridad procedía de Dios, por lo que había que acatarla. En China, como hemos comentado, la mentalidad confuciana también desarrolló una actitud sumisa frente a la autoridad, pero ésta preconizaba que si el soberano abusaba le era retirado “el mandato del Cielo”, por lo que el pueblo podía sublevarse.

                         2.2. Política económica y evolución de la economía