c. Modelo de transición económica de Europa Oriental y Central (1980-97)

Existe un consenso entre los especialistas en que la transformación de una economía de planificación central en economía de mercado es una tarea sin precedentes[1]. Branko Horvat[2] opina que la primera experiencia de transición acontenció en Yugoslavia, pero, como indica Bauer, en este caso no se dio un proceso de construcción del capitalismo[3].

Ante esta falta de precedentes que sirvieran de guía para el proceso de transición de las economía planificadas, China y Rusia han tomado caminos muy diferentes hacia la transición desde una economía planificada a una economía de mercado[4]. Las dos diferencias más importantes entre el modelo seguido por Rusia y la mayor parte de los países del Este y el modelo seguido por China son, por un lado, la estrategia del “big bang” en los primeros frente al gradualismo en China[5], y, por otro, la estrategia orientada al desarrollo de la industria pesada en los primeros, frente a la estrategia china basada en la explotación de las ventajas comparativas y en la  prioridad a inversiones que produzcan un alto crecimiento.

Para los dirigentes de los países del Centro y el Este de Europa, el gran objetivo inmediato era la homologación con los países occidentales, en especial con los europeos[6]. Para llevar a cabo esta homologación en el terreno económico, la mayor parte de los debates sobre la transición económica desde una economía planificada a una economía de mercado se han centrado en el dilema entre el planteamiento gradualista y el big bang (terapia de choque), recomendado por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial[7] y equipos asesores de Harvard. Los defensores del big bang argumentaban que, puesto que los componentes de una economía planificada están interconectados, una reforma gradual estaba condena al fracaso[8] y que la reforma rápida era el único camino para alcanzar la eficiencia sin pérdidas, retrasos y marchas atrás[9].

En cambio, los defensores del planteamiento gradualista han sostenido que una mejora económica sustancial sólo sería posible a través de reformas parciales, sucesivas y bien diseñadas y de un aprendizaje progresivo, poniendo de relieve las limitaciones y consecuencias políticas de las reformas bruscas[10]. En este sentido, se argumentó que la política de estabilización macroeconómica junto con el abandono total del sistema de planificación podrían causar una reducción de la producción, que una liberalización plena podría hundir los salarios y el consumo y que un decreciente nivel de vida podría dar lugar a marchas atrás debido a una falta de apoyo socio-político a las reformas[11].

Han mantenido que el big bang es técnicamente imposible, ya que requiere un adecuado conocimiento de los precios de forma inmediata y esto es justamente lo que necesitaba la economía planificada y no pudo conseguirlo[12]. Asimismo, también se destacó la importancia de un marco legal estable, que no podría ser creado rápidamente[13], así como la importancia de satisfacer adecuadamente las necesidades de un sistema en evolución[14].

Como se ha anticipado, mientras que la reforma en China se hizo de una forma gradual[15], consistente en un serie de pequeñas explosiones controladas que han permitido el cambio minimizando el riesgo de inestabilidad[16], la Unión Soviética y Europa del Este fueron más atraídas por big bang u otros planteamientos irregulares. Los dos aspectos más relevantes del big bang son la rápida liberalización de los precios y la privatización de las empresas públicas.

Por un lado, a diferencia de China, en que los precios se liberalizaron de forma gradual[17], el big bang de los países del Este supuso una liberación rápida de los precios, lo que en un contexto de una escasez de suministros típica del socialismo condujo directamente a la hiperinflación. La liberación de precios de Polonia produjo índices de inflación por encima del 2.000% durante los últimos cuatro meses de 1989. La Unión Soviética experimentó una tasa de inflación del 91% en 1991 y de alrededor del 2.000% en el 1992, así como una fuerte depreciación de su moneda. Las consecuencias sociales de dicha coyuntura fueron importantes: por ejemplo, en junio de 1992 las explotaciones agrícolas soviéticas sufrieron una seria crisis debido a que los equipos que necesitaban costaban setenta veces más de lo que el año anterior, mientras que el precio de la leche aumentó sólo siete veces. La elevada inflación ahuyentó tanto las inversiones nacionales como las extranjeras, minando el potencial de crecimiento económico. Además, la inflación ocasionó quiebras innecesarias[18].

Por otra parte, se emprendió una rápida privatización en algunos países del Este[19]. Josez M. Van Bravant señala que la mayor parte de actuaciones han revestido la forma de pequeñas privatizaciones, exagerándose a menudo la extensión real de la desposesión última[20]. Sin embargo, el sector público, que generaba el 75%-95% del PIB en las economías de tipo soviético, ha reducido su peso a porcentajes cercanos al 30%, lo que muestra la rapidez de la transición y, más concretamente, de la privatización[21].

Este rápido proceso de privatización tuvo consecuencias negativas en estas economías. Aunque Jozef M. Van Bravant señala que todavía es demasiado pronto para extraer cualquier clase de inferencia firme de las experiencias de privatización[22], se ha constatado que el proceso de privatización no ha logrado crear competencia y eficiencia, no ha dado tiempo a las firmas nacionales para adaptarse y ser competitivas y ha provocado que se vendiese el patrimonio nacional a precios de saldo, debido a se ofreció un gran número de empresas en el mercado en un momento en que había poca demanda para ellas, poca rentabilidad y frecuentemente una caída de la moneda[23]. En algunos casos condujo al caos económico. Por ejemplo, el Plan Shatalin, que recibió una amplia aprobación por parte de Occidente en la era Gorbachov, preveyó la privatización de muchas de las industrias soviéticas en un período de quinientos días. Los mismos catedráticos que aplaudían este plan habrían reconocido que un plan para cambiar la propiedad y dirección de todas las mayores firmas de Nueva York y Londres en menos de dos años sólo podría conducir a un caos[24].

En la actualidad se toma conciencia de que el proceso de privatizaciones va a ser más lento, más limitado y más laborioso de lo que parecía en los primeros momentos del postcomunismo[25]. En este sentido, Wladimir Andreff aconseja no ir deprisa en las privatizaciones, sino tener una visión y una estrategia a largo plazo llena de paciencia y prudencia[26]. Este autor señala, asimismo, que si no se quiere que las empresas estatales sean vendidas a precios de saldo primero habría que sanearlas y que parece necesario a estos efectos someterlas a una competencia cada vez mayor[27].

En cambio, una característica clave del proceso de transición económica en China, como hemos visto, ha sido la entrada de sectores no públicos, especialmente de las empresas rurales y extranjeras, y la reestructuración del sector público[28], en vez de privatizar los sectores públicos existentes[29].

Otra diferencia importante entre la estrategia seguida por la antigua Unión Soviética y algunos países de Europa del Este y la seguida por China es que la primera, al igual que ha sucedido en Latinoamericana, ha estado centrada en la industria pesada. La Unión Soviética descuidó la agricultura y dedicó una excesiva atención a la industria pesada; los primeros programas de Gorbachov hicieron hincapié en la importación masiva de equipos, la fabricación de maquinaria, la organización de la industria bajo superministerios, la mejora de la industria petrolera y el fomento de los sectores automovilísticos y de alta tecnología, es decir, industrias intensivas en capital. El posterior debate sobre la privatización también prestó excesiva atención a las industrias que requerían inversiones importantes, más que a los sectores de costes bajos y retornos rápidos[30].

El resultado de esta estrategia en la antigua Unión Soviética y algunos países de Europa del Este ha sido una gran caída de la producción[31]. Asimismo, esta estrategia creó un menor número de puestos de trabajo bien remunerados, dejando una gran parte de la masa laboral sin empleo[32].

Por el contrario, China, siguiendo los ejemplos de los nuevos países industrializados de Asia, ha orientado su estrategia a explotar sus ventajas comparativas y ha concedido prioridad a las industrias y a los sectores donde las inversiones gubernamentales producen un rápido crecimiento. Primero desarrolló las explotaciones agrícolas, generando grandes incrementos en la productividad, en los ingresos y en la producción con reducidas inversiones públicas; el papel del estado quedó en gran parte limitado a la creación de un marco legal y al uso de los aparatos administrativos existentes.

En segundo lugar, China ha sido muy favorable a las inversiones extranjeras. Aunque los incentivos y la normativa reguladora de las inversiones extranjeras han requerido un refinamiento continuo, ha sido suficientemente generosa como para atraer importantes volúmenes de inversión extranjera. Esto produjo importantes mejoras tanto en la producción como en las exportaciones con costes insignificantes para el gobierno.

Por último, China ha dado prioridad a las industrias ligera y media, en las que reducidas inversiones iniciales generan un rápido crecimiento de la producción. Al igual que Taiwan y Hong Kong, que habían inundado el mercado con productos textiles, prendas de vestir, calzado, muñecos y electrónica a nivel de usuario durante las décadas de los sesenta y setenta, China se convirtió rápidamente en una potencia de este tipo de productos durante los ochenta y noventa.[33].

La diferencia entre los resultados de las economías de los países en transición del Este de Europa y los resultados económicos chinos son abrumadores[34]. En Rusia y los países de Europa del Este que adoptaron el big bang, contrariamente a las expectativas de los diseñadores de dicho enfoque, la terapia de choque produjo más “choque” que “terapia”, siendo los resultados muy insatisfactorios[35], tanto en crecimiento económico, como en la mejora de la eficiencia económica, modernización tecnológica y mejora del bienestar y equidad social. Buena parte de los países occidentales creyeron durante mucho tiempo en el mito de que China era la versión empobrecida de la Unión Soviética que seguiría los fallos más recientes de ésta, ya que ambos eran países comunistas. Por el contrario, el planteamiento chino ha demostrado unos resultados excelentes[36].

Por lo que se refiere al crecimiento económico, en la antigua Unión Soviética y algunos países de Europa del Este se ha dado una gran caída de la producción[37], seguida por una recuperación en algunos países[38]. En Rusia, el PIB se redujo en un 13% en 1991, en un 19% en 1992, en un 12% en 1993 y en un 15% en 1994[39]. En Europa central y oriental , el PIB real medio se redujo en un 13% en 1991, en un 11,3% en 1992, en un 6,1% en 1993 y en un 3,8% en 1994[40]. En ambos casos, la caída acumulada del PIB real es comparable a la de la Gran Depresión.

Cuadro I.1.32. Evolución del PIB de diversos países de Europa del Este entre 1989 y 1993

(%)

 

1989 1990 1991 1992 1993
Rusia 3,0 -2,1 -9,0 -19,4 -12,0
Ucrania 7,9 -3,2 -1,9 -10,6 -16,0
Polonia 0,2 -11,6 -7,6 1,0 4,0
República Checa 0,7 -3,5 -20,2 -9,0
Hungría 0,7 -3,5 -11,9 -5,0 -1,0

 

Fuente: EIU

Por el contrario, China, que ha seguido el enfoque gradualístico, mantuvo su  PIB real en una media del 9% desde 1978, comparable al gran crecimiento de Japón, Corea del Sur y Taiwan tras la Segunda Guerra Mundial[41].

También existen diferencias importantes en cuanto a la mejora de la eficiencia económica y modernización tecnológica. La estrategia china orientada a explotar sus ventajas comparativas le ha llevado, como se ha explicado, a una mayor eficiencia económica y competitividad internacional. Por el contrario, la política seguida por los países en transición de Europa Oriental y Central ha llevado a que sus industrias sean poco competitivas e ineficientes, habiendo realizado la reestructuración industrial un progreso relativamente limitado[42]. Así como buena parte del crecimiento de China, incluso en el sector de las empresas públicas, es debido al creciente uso eficiente del capital, del trabajo y de la tecnología, no sucede lo mismo en la mayoría de aquellos países, donde las industrias que han crecido lo han hecho, en general, a base de que el gobierno esté inyectando cada vez más recursos, proceso que tiene un límite.

Por último, en cuanto a bienestar y equidad social, el declive económico de los países en transición de Europa Central y Oriental ha supuesto un deterioro del desarrollo humano[43], con aumento del paro[44] y deterioro importante de los salarios en estos países[45]. En cambio, el proceso de reforma, aunque ha aumentado las desigualdades sociales, ha reportado una gran mejora del bienestar social y una importante reducción de la pobreza, siendo el desempleo moderado[46].

Además, el proceso de reforma de los países del Centro y el Este de Europa ha dado lugar a un gran aumento de la inflación, seguido de una estabilización de la tasa de inflación a niveles de moderados a altos[47], así como a una gran dificultad para mantener el déficit presupuestario en niveles aceptables, salvo excepciones y lenta transformación estructural[48].

Todos los problemas que se acaban de comentar en Europa del Este y la Unión Soviética condujeron a una desilusión política a principios de 1992. Por ejemplo, a mediados de 1993 apareció el hambre en la región de Biezcady de Polonia y los resultados electorales mostraron que la mayoría de los votantes polacos estaban convencidos de que el comunismo era el mejor sistema[49]. En la actualidad, la política económica, aunque reformadora, es más flexible o más social[50].

Así como los experimentos con el comunismo terminaron invalidando la ideología aplicada, los experimentos con la transición económica  hacia una economía de mercado no constituyen una validación de la economía neoclásica, sino que más bien parecen suministrar apoyo empírico para un ataque teórico a la perspectiva neoclásica a tanto economistas institucionales como a teóricos de sistemas evolutivos[51]. La fuerte recesión económica, junto con el abandono de la terapia de choque y el fracaso electoral de partidos prooccidentales y prodemocráticos en algunos países han demostrado el fracaso de la política macroeconómica de dichos países, así como simbolizado la quiebra de la economía neoclásica.

 

[1] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 14.

 

[2] HORVAT, B., Caprichos de la economía yugoslava, Cuadernos del Este, 1992, 5, Madrid.

 

[3] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 14.

 

[4] SOLIMANO, A., The postsocialist transitions in comparative perspective: policy issues and recent experience, World Development 21, 1993, p. 1823.

 

[5] AMSDEN, A.H., DONGYI LIU y XIAOMING ZHANG, China’s macroeconomy, environment and alternative transition model, World Development, ol. 24, nº 2, p. 276.

 

[6] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 15.

 

[7] AMSDEN, A.H., DONGYI LIU y XIAOMING ZHANG, China’s macroeconomy, environment and altrnative transition model, World Development, ol. 24, nº 2, p. 276.

 

[8] ERICSON, R.E.,  The classical Soviet-style economy: nature of the system and implications for reform, Journal of Economic Perspectives 5, no. 4, 1991, p. 11.

 

[9] MURPHY, K.M, SHLEIFER, A. and NISHINH, R.W., The transition to a market economy: pitfalls of partial reform, The Quarterly Journal of Economics 107, 1992, p. 889.

 

[10] GOUREVITCH, M. Democrac and economic policy: effective affinities and circumstantial conjunctures, World Development 21, 1993, p. 1271.

 

[11] SOLIMANO, A., The postsocialist transitions in comparative perspective: policy issues and recent experience, World Development 21, 1993, p. 1823.

 

[12] MURRELL, P., Can neoclassical economics underpin the reform of centrally planned economies, Journal of Economic Perspectives 5, no. 4, 1991, p. 59.

 

[13] LITWACK, J.M.,  Legality and market reform in Soviet-type economics, Journal of Economic Perspectives 4, no. 4, 1991, p. 77.

 

[14] PETR, J.L., Economic reforms in socialist economies: an evolutionary perspective, Journal of Economic Issues 24, 1990, P. 1.

 

[15] Ver apartado I.1.1.1.1..

 

[16] YUSUF, S., China’s macroeconomic performance and management during transition, Journal of economic perspectives, Volume 8, Number 2, Spring 1994, p. 70.

 

[17] Ver apartado I.1.1.1.1.A, B y C.

 

[18] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 13.

[19] DENGJIAN, J. y HAYNES, K.E., Economic transition at the edge of order and chaos: China’s dualist and leading sectoral approach, Journal of Economic Issues, Vol. XXXI, no 1, March 1997,  p. 82.

 

[20] VAN BRAVANT, J.M., Rumbos de privatización en el Este, Cuadernos del Este, (1992 (7),  p. 19.

 

[21] FLORES, G., Privatización y características específicas de los sistemas capitalistas postsoviéticos, Cuadernos del Este, 1991 (3), Madrid,  p. 42.

 

[22] VAN BRAVANT, J.M., Rumbos de privatización en el Este, Cuadernos del Este, (1992 (7),  p. 19.

 

[23] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 36.

[24] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 12.

[25] ANDREFF, W., Restricciones sistémicas y restricciones externas en las privatizaciones, Cuadernos del Este, (1992 (7),  p. 23.

 

[26] ANDREFF, W., Técnicas y experiencias de privatización, Cuadernos del Este, 1991 (3), Madrid, p. 96.

 

[27] ANDREFF, W., Técnicas y experiencias de privatización, Cuadernos del Este, 1991 (3), Madrid, p. 96.

 

[28] AMSDEN, A.H., DONGYI LIU y XIAOMING ZHANG, China’s macroeconomy, environment and altrnative transition model, World Development, ol. 24, nº 2, p. 276.

 

[29] NAUGHTON, B., Chinese institutional innovation and privatization from below, American Economic Review 84, 1994, P. 266.

 

[30] Estas prioridades se extienden a lo largo de la historia soviética y se remontan a la teoría marxista. Reflejan puntos de vista de desarrollo obsoletos basados en los análisis de Marx sobre el siglo XVIII británico y en el momento en que la URSS invirtió excesivamente en la industria pesada relacionada con el campo militar.

 

[31] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 14.

 

[32] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 8.

[33] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 6.

[34] AMSDEN, A.H., DONGYI LIU y XIAOMING ZHANG, China’s macroeconomy, environment and altrnative transition model, World Development, ol. 24, nº 2, p. 276.

 

[35] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 13.

[36] DENGJIAN, J. y HAYNES, K.E., Economic transition at the edge of order and chaos: China’s dualist and leading sectoral approach, Journal of Economic Issues, Vol. XXXI, no 1, March 1997, p. 79.

 

[37] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 14.

 

[38] LAVIGNE, M., Central European Countries: balance sheet of a stabilization, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 180.

 

[39] INTERNATIONAL MONETARY FUND, World Economic Outlook: October 1995, International Monetary Fund, Whashington, D.C., 1995.

 

[40] INTERNATIONAL MONETARY FUND, World Economic Outlook: October 1995, International Monetary Fund, Whashington, D.C., 1995.

 

[41] DENGJIAN, J. y HAYNES, K.E., Economic transition at the edge of order and chaos: China’s dualist and leading sectoral approach, Journal of Economic Issues, Vol. XXXI, no 1, March 1997,  p. 81.

 

[42] HARE, P. y RICHET, X., Firm adjustment and barriers to restructuring in transition economies, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 155.

 

[43] LAVIGNE, M., Central European Countries: balance sheet of a stabilization, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 180.

 

[44] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 14.

 

[45] AMSDEN, A.H., DONGYI LIU y XIAOMING ZHANG, China’s macroeconomy, environment and altrnative transition model, World Development, ol. 24, nº 2, p. 277.

 

[46] Ver apartado I.1.1.1.2.f.

 

[47] LAVIGNE, M., Central European Countries: balance sheet of a stabilization, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 180.

 

[48] LAVIGNE, M., Central European Countries: balance sheet of a stabilization, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 180.

 

[49] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 13.

[50] ANDREFF, W., La transformación económica de los países del Este ocho años después: resultados y retos para el futuro, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 28.

 

[51] KOLOWSKY, R., Market institutions, East European reform and economic theory, Journal of Economic Theory, 26 (1992), p. 673.

                            1.1.3.2. Valoración de las Políticas Económica china (1979-97)