b. Modelo de desarrollo económico de América Latina (1950-1980)

Tradicionalmente se ve a América Latina como un conglomerado compuesto de tres economías grandes (México, Brasil y Argentina), media docena de países de desarrollo intermedio (como Venezuela, Perú y Colombia) y cerca de una docena de países menos desarrollados (como Bolivia y Paraguay). Pero en realidad la situación es mucho más complicada, ya que la región incluye economías semiindustrializadas, agrícolas, etc., e incluso en los países más avanzados se encuentra el dualismo socioeconómico intrarregional e intrasectorial, la presencia de polos dinámicos de crecimiento y de áreas deprimidas y la coexistencia de actividades modernas y tradicionales en todos los sectores económicos principales[1].

Establecidas estas diferencias entre los países latinoamericanos, se puede hablar de una similitud de sus patrones de desarrollo económico desde la posguerra hasta la actualidad, ya que en la mayor parte de países se han seguido dos modelos de desarrollo: la industrialización por sustitución de importaciones (ISI), desde los años cincuenta hasta los años ochenta, y los programas de estabilización macroeconómica y ajuste estructural desde los ochenta hasta la actualidad. A continuación se va a efectuar un análisis del modelo ISI y de sus resultados, realizándose una comparación con el modelo de industrialización seguido por China desde 1979 hasta la actualidad y sus resultados. Por lo que se refiere a los programas de estabilización macroeconómica y ajuste estructural aplicados desde los años ochenta en Latinoamérica, aunque se efectuará una mención breve a dicho modelo y a sus resultados hasta la actualidad, no se va a realizar un análisis comparativo con China, ya que se parte de la base de que dicho modelo todavía se encuentra en un estadio poco maduro, no habiendo dado probablemente todavía todos frutos que puede dar. Por lo tanto, entiendo que en la actualidad no son comparables, bajo riesgo de obtener conclusiones erróneas,  sino que para ello hay que esperar un período más largo de tiempo para analizar su evolución.

Análisis del modelo latinoamericano de desarrollo económico (1950-80) y comparación con el modelo chino de desarrollo (1979-97)

Si efectuamos una comparación de la economía latinoamericana en la época en que se siguió el modelo de industrialización por sustitución de importaciones con la economía china en la época del proceso de reforma y apertura, encontramos cuatro diferencias clave que explican los diferentes resultados obtenidos: el papel del estado, que en Latinoamérica ha seguido el modelo ISI, la menor inversión y ahorro internos en esta región, el papel diferente de la inversión extranjera y su mayor inestabilidad macroeconómica. En el esquemas I.1.1 se aprecia como éstos han sido factores clave para explicar los resultados económicos chinos[2].

Tanto en China como en los países latinoamericanos en los períodos antes mencionados se ha dado un acusado intervencionismo estatal, pero con dos diferencias principales: por un lado, en China el grado de intervencionismo ha sido mayor, debido a la coyuntura de transición de una economía planificada a una economía de mercado, y, por otro lado, y más importante, el papel del Estado ha sido diferente. El aspecto más destacable de este diferente papel es que en Latinoamérica los gobiernos se orientaron básicamente hacia una industrialización por sustitución de importaciones, utilizando estrategias de desarrollo orientado hacia adentro[3], mientras que en China, como se explicó[4], el Estado ha seguido estrategias orientadas hacia la explotación de las ventajas competitivas con orientación a la exportación. Si bien es cierto que en China también se han utilizado políticas que protegen la sustitución de importaciones (por ejemplo, las importaciones están poco liberalizadas y se subvenciona intensamente a las empresas públicas con pérdidas, orientadas al mercado interior), ha predominado una orientación hacia la exportación mediante el fomento de éstas y una estrategia tendente al desarrollo de la industria ligera exportadora, competitiva en costes de mano de obra.

Antes de analizar el modelo ISI, hay que aclarar que aunque aquí sólo se estudia el período desde los años cincuenta, los inicios de la industrialización por sustitución de importaciones en Latinoamérica se remontan al tercer cuarto del s. XIX en Brasil y al decenio de 1880 en Argentina y México, siguiendo con 25 ó 30 años de retraso el modelo ISI adoptado en Europa y los Estados Unidos a mediados del siglo pasado, que permitió una especialización industrial de los países avanzados tras un período de industrialización inicial que terminó alrededor de 1900. Los “primeros en llegar” a la ISI (Europa Continental, los Estados Unidos y posteriormente los dominios británicos blancos y Japón) trataron de romper el control que ejercía el imperio industrial británico sobre la economía mundial. A su vez, los “últimos en llegar”, como América Latina, trataron de romper la división mundial del trabajo que se consolidó a principios de este siglo y dejó a este subcontinente, a Asia y Africa, el papel de proveedores de alimentos y materias primas y de importadores de productos manufacturados procedentes del Atlántico Norte.

Sólo analizaremos el período desde los años cincuenta porque en el período 1880-1914 la industrialización latinoamericana no fue importante, y aunque ésta ya recibiese un impulso en la primera Guerra Mundial, la Depresión de 1929 y la segunda Guerra Mundial[5], la ISI sólo se convirtió en un instrumento deliberado e importante de la política económica de América Latina al finalizar la segunda guerra mundial[6].

Como se ha venido insistiendo en la bibliografía de la CEPAL de los años cincuenta[7], dado que después de 1945 América Latina, como el resto del mundo subdesarrollado, se enfrentaba a un crecimiento relativamente lento de la demanda mundial de sus exportaciones tradicionales, y con el objeto de crear una estructura industrial moderna que redujera su dependencia de la economía mundial, tanto en sus importaciones como en sus exportaciones, optó por un modelo basado en la industrialización por sustitución de importaciones, aplicándose en los años cincuenta un gran número de instrumentos de política económica.

La ISI consistió en un modelo económico caracterizado por la exportación de bienes primarios que siempre habían tenido ventajas comparativas, una industrialización protegida de la competencia externa y orientada al mercado interno, la expansión y diversificación del consumo privado y un incremento del gasto público. La ISI se inició con la manufactura de bienes de consumo terminados que anteriormente se importaban y después siguió con mayor o menor rapidez y éxito a las “etapas superiores” de la fabricación (maquinaria y bienes intermedios), con fases sucesivas y claramente diferenciadas. Esto último la diferenció de la industrialización Europa, Norteamérica y Japón, donde la ISI fue revolucionaria[8]. Otra diferencia con la ISI en estos países consiste en que América Latina utilizó tecnología compleja, pero sin la continua experimentación tecnológica y la innovación que caracteriza a los países precursores de la industrialización.

Como consecuencia del modelo seguido por los países de Latinoamérica, sus economías se mantuvieron relativamente cerradas en esta época. Así, los porcentajes de la exportación sobre el PIB sólo fluctuaron entre el 10% y el 13% en 1986[9]. Ello contrasta con el fuerte crecimiento de las exportaciones en China[10] y otros países de Asia Oriental[11].

Cuadro I.1.25. Tasas medias de crecimiento de las exportaciones en América Latina (12 países) 1950-1994

(%)

 

1950-1974 1974-1980 1980-1990 1990-1994
3,9 3,5 5,4 6,6

 

Fuente: Benavente, Crespi y Katz sobre la base de datos de la CEPAL

Pero el efecto más importante de este modelo ha sido el estancamiento de la economía a finales de los setenta y a la crisis de los ochenta. En este sentido, el modelo ISI se caracterizó porque las curvas de producción de las industrias recién establecidas con el propósito de sustituir importaciones subieron con rapidez cuando las importaciones eran reemplazadas, pero se estancaron tan pronto como el aumento de la demanda se basó únicamente en el crecimiento del ingreso interno, no pudiendo crecer en otros mercados exteriores, debido a su incapacidad congénita para convertirse en exportadoras. Los beneficios también siguieron este patrón. Así, las industrias evolucionaron rápidamente de condiciones de elevada rentabilidad y crecimiento a una madurez precoz[12]. Por lo tanto, la ISI se estancó después de sus primeros éxitos debido al “agotamiento” de oportunidades fáciles de sustituir importaciones. Ello contrasta también con China y otros países de Asia Oriental, donde sus industrias exportadoras han alcanzado una competitividad internacional[13].

Otro aspecto clave de las economías latinoamericanas viene dado por la inversión. La tasa de inversión en América Latina ha sido muy inferior a la china[14]. Para explicar esta diferencia, puede ser útil acudir a los cuatro requisitos que se señalan, al hablar de la inversión interior china[15], como necesarios para que se produzca la inversión: que haya “algo” que invertir, que haya “algo” suficientemente rentable en qué invertir, que haya “alguien” dispuesto a invertir y que haya un entorno suficientemente estable para que ese “alguien” decida invertir.

Cuadro I.1.26. Tasas medias de crecimiento de la formación bruta de capital en América Latina (12 países) 1950-1994

(%)

 

1950-1974 1974-1980 1980-1990 1990-1994
6,2 6,3 -2,8 8,3

 

Fuente: Benavente, Crespi y Katz sobre la base de datos de la CEPAL

Respecto al primer requisito (que haya “algo” que invertir), Latinoamérica ha dispuesto de menos recursos propios para invertir, ya que su ahorro ha sido reducido, debiendo recurrir de forma permanente a los mercados internacionales para la financiación de sus inversiones.

Para explicar esta diferencia en el ahorro, vamos a acudir también a los requisitos necesarios para que exista ahorro a que hemos hecho referencia anteriormente[16]: que existan recursos susceptibles de ser ahorrados y que los titulares de dichos recursos decidan ahorrarlos. Donde han habido más diferencias en este sentido respecto a China y otros países asiáticos es en el segundo requisito más que en el primero, ya que el fuerte crecimiento económico de los años cincuenta y sesenta dio un lugar a un aumento de los ingresos disponibles susceptibles de ser ahorrados. En cambio, existe una gran diferencia en la tasa de ahorro, que en China fue, como hemos visto[17],  del 45,3% en 1995, mientras que en América Latina ha sido mucho menor (15% en 1965[18]).

Esta reducida tasa de ahorro viene explicada en parte por factores culturales, pues la cultura ibérico-católica no hace tanto hincapié en valores como la frugalidad y el ahorro, propios de la cultura confuciana. Otros factores que explican la reducida tasa de ahorro son la inestabilidad económica y de los tipos de interés[19]. Además, en América Latina no se ha estimulado el ahorro privado a través de la creación de instituciones de ahorro sólidas, como ocurrió en Asia.

En cuanto al segundo requisito para que haya inversión (que haya “algo” suficientemente rentable en qué invertir), en América Latina no se han presentado las mismas oportunidades de inversión que se han dado en China[20] o en otros países asiáticos[21], produciéndose un círculo vicioso: la baja inversión conduce al crecimiento lento, y las malas perspectivas del crecimiento impiden el aumento de la inversión. Los países que habían generado un gran impulso de crecimiento durante los años sesenta y setenta, como Brasil, Colombia, México o Venezuela, se descarrilaron en medio de la crisis de la deuda de los años ochenta. En cambio, en China, al igual que en otros países de Asia Oriental, se ha dado un círculo virtuoso donde el crecimiento económico y la inversión se alimentan de modo recíproco.

También se observan diferencias con China en lo que se refiere al cuarto requisito de la inversión (que haya “alguien” dispuesto a invertir). Por una parte, al igual que ha sucedido en China, la política económica seguida por los gobiernos latinoamericanos ha contribuido a la inversión, actuando dichos gobiernos frecuentemente incluso como empresarios[22], pero con la diferencia de que la política económica latinoamericana ha supuesto un gasto público por encima de las posibilidades de la economía. Debido en parte a la prometedora evolución inicial de la economía, se instalaron nuevas industrias con excesiva facilidad a un costo relativamente alto y en condiciones más vulnerables a la balanza de pagos, infravalorándose los riesgos. Además, así como China puede financiar el déficit público con el elevado ahorro interno, no sucedió lo mismo en Latinoamérica, lo que dio lugar a la crisis de la deuda de los ochenta.

Por otra parte, las diferencias culturales también explican los niveles diferentes de inversión. En este sentido, los valores confucianos en China, que han impregnado un espíritu emprendedor y una ética de la riqueza[23], han estimulado a las familias rurales a crear, cuando confluyeron oportunidades lucrativas de inversión y recursos para aprovechar dichas oportunidades[24], empresas rurales, que han jugado un papel muy importante en el crecimiento de la economía china. Los valores ibérico-católicos en Latinoamérica, por el contrario, han contribuido a un menor espíritu y dinamismo empresarial en esta región[25].

Por último, por lo que se refiere al cuarto requisito (que haya un entorno suficientemente estable para que ese “alguien” decida invertirlos), las economías latinoamericanas se han caracterizado, como se verá más adelante, por una inestabilidad económica (inflación, inestabilidad en el tipo de cambio real, déficits en la balanza de pagos, crisis de la deuda, etc.), lo que ha provocado una incertidumbre limitadora de la inversión. En cambio, en China la relativa estabilidad económica ha contribuido a su elevada tasa de inversión[26].

Por otra parte, el papel inversión extranjera directa ha sido diferente en América Latina y en China. Anteriormente se ha explicado que la inversión directa extranjera ha supuesto dos contribuciones principales para China, que han sido importantes para su crecimiento económico: han ayudado al crecimiento de las exportaciones y a la asimilación de tecnologías avanzadas y know how[27]. En América Latina, por el contrario, ello se ha dado en un grado menor.

El modelo de industrialización asumido por América Latina tuvo una estrategia orientada hacia adentro, que captó inversiones extranjeras (principalmente de Estados Unidos y Europa[28]) destinadas a actividades manufactureras de sustitución de importaciones, atraídas por la protección aduanera y por la combinación de la inflación interna, la sobrevaluación de la moneda y los controles de cambio. Como la maquinaria y la materias primas gozaban de condiciones preferenciales, el tipo de cambio sobrevaluado actuó como un mecanismo para transferir ingresos del sector exportador tradicional a las nuevas industrias[29]. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de algunos países por promover las exportaciones, nunca lograron convencer realmente a las empresas transnacionales para que exportaran proporciones importantes de su producción, dado que la filiales de las multinacionales no podían competir con éxito, por lo general, en los mercados mundiales, debido a los altos costos de producción (a causa de las barreras aduaneras, de la ineficiencia de la economía y de las fuertes presiones inflacionarias), siendo las ventas locales, generalmente, mucho más rentables que las exportaciones. Por todo ello, las filiales de las multinacionales recibieron órdenes específicas de sus matrices de no competir en el mercado internacional con productos de la matriz.

Por otra parte, el tipo de inversión extranjera en Latinoamérica ha permitido una asimilación insuficiente de tecnologías avanzadas extranjeras. En cambio, la inversión extranjera en China ha jugado un papel importante como correa de transmisión de tecnología y know how[30]. Así como en Latinoamérica la inversión extranjera ha consistido predominantemente en filiales de multinacionales americanas que ostentan una propiedad mayoritaria en las mismas, en China se ha canalizado principalmente a través de joint ventures[31] con empresas públicas que ya contaban con una base industrial y técnica, así como con personal relativamente cualificado, y que han entrado en joint ventures, entre otras razones, con el objetivo de adquirir tecnologías avanzadas y técnicas de gestión[32], lo que ha permitido una mejor asimilación.

Por último, otra de las diferencias entre el modelo latinoamericano de los años cincuenta a ochenta respecto al modelo chino desde 1979 es su inestabilidad macroeconómica, caracterizándose por una elevada inflación, déficit público, déficit en la balanza de pagos por cuenta corriente, una inestabilidad en el tipo de cambio real y una excesiva deuda externa. Estos desequilibrios eran manifestación del agotamiento del modelo de desarrollo basado en la industrialización substitutiva de importaciones y en una intensa acción estatal en el proceso de acumulación. Este frágil cuadro macroeconómico[33] contribuyó a la reducción de la inversión en capital[34] y motivó que el impacto de la crisis de la deuda fuese de tal intensidad[35].

En cambio, en China, las políticas económicas seguidas han conducido a una relativa estabilidad económica, con una inflación moderada, un déficit público moderado, superávits en la balanza de pagos en la mayor parte de años desde 1979 y una deuda externa moderada, aunque el tipo de cambio ha sido poco estable[36]. Todo ello ha contribuido a que el entorno para la inversión tanto interna como extranjera haya sido más atractivo en China que en Latinoamérica.

Debido a los pobres resultados del modelo ISI en los años ochenta, a finales de esta década resultaba claro que se hacían necesarios importantes cambios estructurales para hacer viable la recuperación del crecimiento[37], por lo que a partir de entonces se han introducido medidas de estabilización económica y reformas estructurales en la mayoría de las economías latinoamericanas. Dichas medidas han afectado a un amplio abanico de sectores y políticas, entre las que destacan las políticas comerciales y financieras, tributarias, políticas de privatización y cambios en el mercado laboral[38], siendo su magnitud y profundidad muy divergente según los países[39].

Este nuevo modelo de desarrollo se diferencia del modelo que está siguiendo China en dos aspectos clave: por un lado, en el importante papel  que juega el mercado en el nuevo modelo[40] frente al intervencionismo estatal en China y, por otro lado, en las medidas más drásticas de estabilización macroeconómica utilizadas en América Latina.

Por lo que se refiere al papel del mercado, a diferencia de China, donde, como hemos visto, el Estado juega un papel muy importante en el proceso de desarrollo y ni siquiera se ha terminado la transición de una economía planificada a una economía de mercado[41], las reformas en Latinoamérica siguen los principios doctrinarios de la liberalización económica y la desregulación y privatización de la actividad productiva, con la expectativa de que “la mano invisible” del mercado logre un ritmo más rápido de modernización y cambio tecnológico que el alcanzado durante la sustitución de importaciones bajo la dirección del Estado. Ello ha llevado a que la industria manufacturera haya dejado de ser el motor del crecimiento económico, en beneficio de los recursos naturales, las industrias procesadoras de materias primas y los servicios[42]. Asimismo, ha aumentado el grado de concentración económica.

Esta política ha supuesto, también, una apertura a los mercados internacionales[43], quedando los países latinoamericanos mucho más expuestos a la competencia internacional de lo que lo estaban antes, tanto por el lado de las exportaciones como de las importaciones[44]. Ello contrasta en parte con la política que está siguiendo China, la cual, aunque fomenta las exportaciones, tiene todavía importantes barreras a la importación.

La mayor apertura de las economía latinoamericanas ha supuesto un aumento de las exportaciones, como puede apreciarse en la tabla I.1.7., como también ha sucedido en China con su política de fomento de las exportaciones. No obstante, así como las exportaciones chinas se basan en manufacturas intensivas en mano de obra, con una tendencia a la diversificación hacia niveles superiores, la expansión de las exportaciones de muchas economías latinoamericanas se está basando en productos energéticos,  materias primas y los bienes agrícolas, con un valor añadido relativamente bajo y con un potencial de crecimiento limitado[45].

Cuadro I.1.27. Evolución de las exportaciones de diversos países latinoamericanos entre 1986 y 1993

(fob, miles de millones dólares)

 

1989 1990 1991 1992 1993
Brasil 34,4 31,4 31,6 36,1 39,1
Mexico  22,8 26,8 42,7 46,2 51,8
Argentina 9,5 12,3 11,9 12,2
Chile 8,0 8,3 8,9 9,9 9,3
Venezuela 12,9 17,4 14,9 13,9 14,2
Colombia 6,0 7,0 7,5 7,2 7,5

 

Fuente: EIU

Por otra parte, así como en China, al igual que otros países asiáticos, no ha aplicado shocks económicos para estabilizar sus economías, salvo excepciones (por ejemplo, las medidas antiinflacionarias en 1989 y 1990 en China[46]), las reformas estructurales en América Latina estuvieron acompañadas de drásticas medidas de estabilización macroeconómica, consistentes principalmente en un control de la inflación[47] reduciendo contundentemente la demanda agregada, en una reducción de los déficits públicos mediante una fuerte reducción del gasto público y un incremento de los ingresos, y una reducción del déficit externo, orientando la economía hacia la exportación mediante, entre otros instrumentos, el uso de tipos de cambios competitivos[48].

Análisis de los resultados económicos latinoamericanos (1950-80) y comparación con los resultados económicos chinos (1979-97)

Las políticas económicas latinoamericanas han sido menos exitosas que las chinas en términos del crecimiento económico real. En el período de 1950 a 1980, el PIB de América Latina creció a una media anual del 5,5%, mientras que en China creció en una media del 10% en los años ochenta y del 12% en los noventa.

Cuadro I.1.28. Tasas medias de crecimiento del PIB per cápita en América Latina (12 países) 1950-1994

(%)

 

1950-1974 1974-1980 1980-1990 1990-1994
2,4 2,6 -0,8 1,9

 

Fuente: Benavente, Crespi y Katz sobre la base de datos de la CEPAL

Cuadro I.1.29. PNB de Brasil, Mexico y Argentina en 1965 y 1986

(millones dólares)

 

1965 1986
Brasil 19.450 206.750
Mexico 20.160 127.140
Argentina 16.500 69.820

 

Fuente: Banco mundial

La diferencia de crecimiento económico medio es significativa. Pero esta diferencia todavía ha sido más importante en la etapa final del modelo ISI en Latinoamérica. En este sentido, hay que aclarar que el resultado medio en Latinoamérica ha sido satisfactorio en comparación con el resto del mundo, ya que la cifra antes señalada no fue superada de forma significativa por ningún otro grupo de países, desarrollados o en desarrollo[49], no habiendo muchos casos en la historia económica de unos resultados tales para conjuntos grandes y heterogéneos de países como los que componen la América Latina y el Caribe[50]. No obstante, si analizamos la evolución de los resultados, se aprecia que éstos fueron muy satisfactorios en los años sesenta y setenta, pero que ya a mediados de los setenta algunos países de la región sufrieron una fuerte desaceleración del ritmo de crecimiento del PIB global y del industrial[51].

Al menor dinamismo que trajo el agotamiento del modelo substitutivo de importaciones se agregaron importantes shocks externos adversos. Las dos crisis del petróleo de los años setenta marcaron el comienzo de grandes turbulencias macroeconómicas en la región, que se acentuaron en los ochenta con la crisis de la deuda, reforzada con el alza de las tasas de interés internacionales, lo que deterioró notablemente la situación macroeconómica de la región y dio lugar a un nulo acceso al flujo voluntario de créditos externos[52]. Asimismo, la caída de la relación de los precios de intercambio y el fuerte desplazamiento de la frontera tecnológica internacional, que ensanchó significativamente la distancia tecnológica entre la región y las prácticas internacionales, afectaron negativamente a la economía. Dado que en los ochenta se recrudecieron los procesos inflacionarios, se aplicaron políticas de estabilización que llevaron a fuertes caídas de la demanda interna. Todo ello afectó significativamente tanto al ritmo como a la naturaleza del crecimiento[53], dando lugar a la crisis ochenta, que ha sido la peor crisis que ha experimentado América Latina desde la Segunda Guerra Mundial[54], con tasas negativas de crecimiento en la primera mitad de la década[55]. Los ochenta significaron el punto de ruptura de este sendero de industrialización y el final de la ISI[56].

En los años recientes, tras la introducción de medidas de estabilización y reformas estructurales la economía de estos países ha mejorado. Aunque en la segunda mitad de los ochenta varios países de la región comenzaron a mostrar signos de reversión gradual de las tendencias negativas, hasta los noventa los indicadores agregados no reflejaron un proceso más claro de recuperación parcial del ritmo de crecimiento.

El crecimiento de la producción industrial para el conjunto de la región fue de un promedio del 3,4% anual entre 1990 y 1994. Este valor, claramente más alto que el decenio anterior, siguió siendo inferior al 4,6% del período 1974-1980. Aunque los resultados son muy distintos en los diferentes países, del mismo modo que la forma de aplicar política ajuste es distinta en los mismos[57], en general, el crecimiento aún es lento. De hecho, parece que sólo un pequeño número de países de la región, gracias al aumento de las tasas de ahorro e inversión, han retornado a un sendero de crecimiento con equilibrio tras las turbulencias económicas de los años ochenta.

Cuadro I.1.30. PIB de diversos países latinoamericanos entre 1988 y 1993

(miles de millones dólares)

 

1989 1990 1991 1992 1993
Brasil 448,9 479,2 405,8 395 416
Mexico (billones PS) 507,6 686,4 865,2 1.108
Argentina 76,6 141,4 189,7 228,8
Chile (miles millones PS precios corrientes) 6,7 8,4 10,9 13,7 16,3
Venezuela (miles millones Bs precios corrientes) 1.485,5 2.279,3 3.037,5 4.132,3 5.500
Colombia (miles millones PS precios corrientes) 15,1 20,2 26,2 33,0 42,5

 

Fuente: Banco mundial; EIU

Sin embargo, se puede afirmar que las economías latinoamericanas se encuentran en la actualidad con un potencial de crecimiento sostenido muy superior al de hace una década[58].

Cuadro I.1.31. PIB de diversos países latinoamericanos entre 1988 y 1993

(%)

 

1989 1990 1991 1992 1993
Brasil 3,3 -4,1 1,2 -0,8 4,9
Mexico 3,2 4,4 3,7 2,6 0,4
Argentina -6,2 0,1 8,9 8,7
Chile 10,2 3,0 6,1 10,3 6,0
Venezuela -7,8 6,9 9,7 6,8 -1,0
Colombia 3,4 4,3 2,1 3,5 5,2

 

Fuente: Banco mundial; EIU

Por otra parte, así como en China se está dando un proceso importante de modernización tecnológica y mejora de la eficiencia económica desde 1979[59], no a sucedido lo mismo en Latinoamérica, donde la economía se ha caracterizado por una insuficiente eficiencia y progreso técnico. Si bien es cierto que la expansión industrial ligada a la ISI indujo a la acumulación de un vasto arsenal de capacidades tecnológicas internas, que permitieron elevar la productividad laboral y la competitividad internacional y acortaron la distancia que les separaba de la frontera tecnológica internacional[60], cuando las industrias llegaron a su fase de madurez, retrocedieron al estancamiento monopolístico con tasas menores de rentabilidad y a instalaciones y equipos obsoletos[61]. Según Mortimore, los procesos industriales en América Latina no sólo se hallan lejos de la frontera tecnológica, sino que a menudo se aproximan a la obsolescencia[62]. El aumento medio anual de la productividad laboral para el conjunto de la región fue de sólo el 1,6% entre 1974 y 1980 y del 1% entre 1980 y 1990.

Tras la introducción de medidas de estabilización económica y ajuste estructural en Latinoamérica, se han dado fuertes aumentos de la productividad laboral (8,0% anual para el conjunto de la región entre 1990 y 1993), aunque este se ha logrado a base de drásticas reducciones de empleo más que de inversiones modernizadoras. En cualquier caso, la productividad laboral media de la región está todavía considerablemente por debajo de los estándares internacionales y los datos disponibles sugieren que la distancia entre unos y otros no se están reduciendo significativamente a través del tiempo[63] .

Por otra parte, el proceso privatizador en que están inmersos buena parte de los países del área no está suponiendo la introducción de un mayor nivel de competencia en la economía debido a que las empresas privatizadas siguen teniendo el monopolio de la actividad.

Por último, en lo que respecta al bienestar y equidad social, hemos visto como en China ha habido un aumento importante del bienestar social, las desigualdades, aunque están creciendo, no son excesivas, se ha reducido significativamente la pobreza desde 1979 y el desempleo es reducido[64]. En cambio, las sociedades latinoamericanas se han caracterizado por una distribución altamente desigual del ingreso y de los activos, por una escasa cohesión social y por un elevado desempleo[65].

Las políticas de los gobiernos latinoamericanos han tendido a incrementar la desigualdad. Ello se ha agravado con las políticas de estabilización y de ajuste estructural, que tienen un gran coste social, ya que las primeras tienden a contraer la demanda y las segundas han conducido a un elevado desempleo, en un contexto de progresiva eliminación de buena parte de los instrumentos de cobertura de desempleo[66].

Así, pues, a modo de conclusión, los datos anteriores muestran como los resultados económicos en China han sido significativamente mejores a los de los países latinoamericanos. Ello se explica, principalmente, por las diferencias entre ambas regiones en cuatro aspectos: el papel del estado, que en Latinoamérica ha seguido el modelo ISI, la menor inversión y ahorro internos en esta región, el papel diferente de la inversión extranjera y su mayor inestabilidad macroeconómica. En el esquema I.1.10. se aprecia cómo éstos han sido factores clave para explicar los resultados económicos chinos[67]. Por lo tanto, es lógico que si en América Latina existen diferencias respecto a estos factores, también hayan diferencias en cuanto a sus resultados económicos.

 

[1] DÍAZ, C., Política Económica en Centro y Periferia, Fondo de Cultura Económica, México 1976.

 

[2] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[3] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 206.

 

[4] Ver apartado I.1.1.1.1.G.

 

[5] Ya que, a causa de las graves dislocaciones del sistema económico internacional, Latinoamérica afrontó agudas escaseces de manufacturas de consumo importadas y un crecimiento lento pero constante de la demanda de tales bienes.

 

[6] HIRCHSMAN, A., La Economía Política de la industrialización a través de la sustitución de importaciones en América Latina, El Trimestre Económico Vol. XLIII (2). México, abril -junio, 1996, nº 250.

 

[7] Ver CEPAL, The Economic Development of Latin America and its principal problems, Naciones Unidas, 1950; CEPAL, International cooperation in Latin American development policy”, Naciones Unidas, 1954; PREBISCH, R., Commercial policy in the underdeveloped countries, American Economic Review, Vol. 49, 1959.

 

[8] STIGLER, G. , The division of labors is limited by extent of the market, Journal of Political Economic, LIX, 1951.

 

[9] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 215.

 

[10] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

[11] Ver apartado I.1.1.3.1.B.a.

 

[12] FELIX, D., Monetarits, structuralist and import – substituting industrialization, W. Baer e I. Kerstenetzky (comps.), Inflation and growth in Latin America, Homewood, Illinois, Irwin, 1954.

 

[13] Ver apartados I.1.1.1.2.C y I.1.1.3.1.B.a.

[14] Ver apartado I.1.1.1.2.B

 

[15] Ver apartado I.1.1.1.2.B

 

[16] Ver apartado I.1.1.1.2.B.

 

[17] Ver apartado I.1.1.1.2.B.

 

[18] BUSTELO, P. La orilla asiática del Pacífico, crecimiento económico e integración comercial en los años noventa, Boletín Económico de Información Comercial Española, 2515, Setiembre 1996.

 

[19] THE WORLD BANK, The East Asian Miracle: Economic Growth and Public Policy”, Nueva York, Oxford University Press, 1993.

 

[20] Ver apartado I.1.1.1.2.B.

[21] Ver apartado I.1.1.3.1.B.a.

[22] Ver apartado I.1.1.1.1.A.

[23] Ver apartado I.1.1.3.

 

[24] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[25] LIPSET, S., Values, education and entrepreneurship, en Klaren, P. y Bossert, T. (edit.) Promise of development – Theories and change in Latin America, Westview Press, Boulder, 1986.

[26] Ver apartado I.1.1.1.2.B y I.1.1.1.2.D.

[27] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[28] NEWFARMER R., Multinational Corporation in Brazil and Mexico: structural sources of economic and non economic power, Report to United States Senate, Washington, D.C., U.S. Gorvernment Printing Office, 1975.

 

[29] KAFKA, A., The theorical interpretation of Latin American economic delopment, H.S. Ellis (comp.), Economic Devolopment in Latin American, Nueva York, St. Martin’s Press, 1961, p. 21.

 

[30] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[31] Ver MORTIMORE, M., Las transnacionales y la industria en los países en desarrollo, Revista de la Cepal 81, diciembre 1993, p. 29.

 

[32] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[33] CORBO, V., Growth oriented adjutsment programs, FMI y Banco Mundial, Washington, 1987.

 

[34] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 206.

 

[35] DAMILL, M., La macroeconomía de América Latina: de la crisis de la deuda a las reformas estructurales,  Documentos CEDES, 100. Buenos Aires – 1984.

 

[36] Ver apartado I.1.1.1.1.G.

 

[37] FANELLI, J.M., Growth and structural reform in Latin American. Where We Stand, en: Alvaro Zini Junior, Oxford, 1992.

 

[38] Ver KOSACOFF, B., Nuevas bases de la política industrial, Revista de ICE, 732-733, agosto – sept. 1994.

 

[39] Ver CEPAL, Quince años de desempeño económico. América Latina y el Caribe, 1980 – 1995, Santiago de Chile, 1996.

 

[40] Ver BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO, Una década de reforma en América Latina ¿Cuáles son los próximos pasos?, documento de seminario realizado en Barcelona con motivo de la última Asamblea de Gobernadores del citado banco en marzo de este año.

 

[41] Ver apartado I.1.1.1.1.

 

[42] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 50.

 

[43] Ver BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO, Una década de reforma en América Latina ¿Cuáles son los próximos pasos?, seminario realizado en Barcelona con motivo de la última Asamblea de Gobernadores del citado banco en marzo de 1997.

 

[44] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 50.

[45] Ver SUBDIRECCIÓN GENERAL DE ESTUDIOS DEL SECTOR EXTERIOR, Un Balance de las Reformas en América Latina  en los últimos diez años, Boletín del ICE, 2544, mayo 1997, DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS ECONOMICOS Y MONETARIOS DE ARGENTARIA, Iberoamérica en 1995, Boletín del ICE, 2497, abril 1996.

[46] Ver apartado I.1.1.1.1.D y E.

 

[47] Ver BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO, “Una década de reforma en América Latina ¿Cuáles son los próximos pasos?”, seminario realizado en Barcelona con motivo de la última Asamblea de Gobernadores del citado banco en marzo de este año.

 

[48] SUNKEL, O. y ZULETA, G., Neoestructuralismo versus neoliberalismo en los años noventa, Revista de la Cepal nº 42, diciembre de 1990, p. 37.

 

[49] PAZOS, F.  La crisis latinoamericana, Revista del Banco Central de Venezuela 5, 1990.

 

[50] KUZNETS, S. Modern economic growth: rate, structure and spread, New Haven, Yale Universtiy Press, 1966.

 

[51] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990,  p. 206.

 

[52] SUNKEL, O. y ZULETA, G., Neoestructuralismo versus neoliberalismo en los años noventa, Revista de la Cepal nº 42,  diciebre de 1990,  p. 35.

 

[53] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 54.

[54] DAMILL, M. La macroeconomía de América Latina: de la crisis de la deuda a las reformas estructurales, Documentos CEDES, 100. Buenos Aires – 1984.

[55] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 58.

 

[56] Ver KOSACOFF, B., Nuevas bases de la política industrial, Revista de ICE, 732-733, agosto – sept. 1994.

 

[57] Ver CEPAL, Quince años de desempeño económico. América Latina y el Caribe, 1980 – 1995,  Santiago de Chile, 1996.

 

[58] Ver EDWARDS, S., El futuro de las Reformas latinoamericanas, Revista del ICE, agosto – sept. 1994, Nº 732 – 733; AGOSIN, M. y FFRENCH, D., Liberalización Comercial y Desarrollo, Revista del ICE, agosto – sept. 1994, Nº 732 – 733; y IGLESIAS, E., Cambios fundamentales en la estrategia de política económica, Revista del ICE, agosto – sept. 1994, Nº 732 – 733.

 

[59] Ver apartado I.1.1.1.2.

[60] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 50.

[61] FÉLIX, D. Monetarits, structuralist and import – substituting industrialization, W. Baer e I. Kerstenetzky (comps.), Inflation and Growth in Latin America, Homewood, Illinois, Irwin, 1954.

 

[62] MORTIMORE, M., Las transnacionales en los países en desarrollo, Revista de la CEPAL Nº 51, diciembre 1993.

 

[63] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 54.

 

[64] Ver apartado I.1.1.1.2.F.

[65] SUNKEL, O. y ZULETA, G., Neoestructuralismo versus neoliberalismo en los años noventa, Revista de la Cepal nº 42,  diciebre de 1990, p. 36.

 

[66] Ver SUBDIRECCIÓN GENERAL DE ESTUDIOS DEL SECTOR EXTERIOR, Un Balance de las Reformas en América Latina  en los últimos diez años, Boletín del ICE, 2544, mayo 1997.

 

[67] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

  1. Modelo de transición económica de Europa Oriental y Central (1980-97)