B. DEMANDA NACIONAL

Como causa y efecto del crecimiento económico chino[1], la demanda ha crecido rápidamente desde el inicio de las reformas y, dentro de ella, tanto el consumo como la inversión internos. Por lo que se refiere al consumo interno, el gasto per cápita ha pasado de 175 Rmb en 1978 a 803 Rmb en 1991, lo que supone un incremento del 458% respecto a 1978, y entre 1990 y 1995 el volumen de ventas al por menor de bienes de consumo creció en una media de un 10,6% anual[2]. En 1995 el aumento de las ventas al por menor fue del 10%[3]. El crecimiento del consumo ha sido propiciado por el aumento de los ingresos disponibles, motivado, a su vez, por el crecimiento de la producción agrícola, en un primer momento, y posteriormente por el incremento de la producción industrial[4]. También han contribuido a la evolución del consumo la explosión demográfica de los años 50 y 60[5], la urbanización de la población[6] y el desarrollo del sector comercial[7].

Gráfico I.1.2. Evolución del consumo privado

(miles millones Rmb)

Fuente: China Statistical Yearbook

Esquema I.1.7. Principales causas y efectos del aumento del consumo interno

Fuente: Elaboración propia

La inversión interna todavía ha aumentado más que el consumo, siendo la primera causa del crecimiento económico[8]. Como en otras economías socialistas, China mantuvo niveles de inversión bruta cercanas al 30% del PIB a finales de los setenta. Cuando las reformas progresaron, el crecimiento de las oportunidades rentables y la dificultad de controlar el hambre de inversión en un marco de pocas restricciones presupuestarias provocaron un aumento de la inversión bruta hasta un 35-37% a principios de los noventa[9], siendo mayor que en Japón en los años sesenta y setenta (32%), similar a Corea del Sur e inferior que Singapur. El valor total de la formación bruta de capital fijo fue de 1.637 miles de millones de Rmb en 1994 y creció en un 30% en 1995[10]. El aumento de la inversión ha ido ligado al proceso de desarrollo y modernización de la industria[11], así como a los proyectos de infraestructura que se están implementando[12].

Cuadro I.1.6. Demanda nacional

 

1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996
Consumo privado

(miles millones Rmb)

911,3 1031,6 1246,0 1568,2 2070,1 2277,0 3258,9
Crecimiento del consumo privado (%) 13,1 20,8 25,8 32,0 10 43,1
Consumo público

(miles millones Rmb)

225,2 283,0 349,2 450,0 595,0 669,1 758,3
Crecimiento del consumo público (%) 25,7 23,3 28,9 32,2 12,4 13,3
Formación bruta capital fijo (miles millones Rmb) 444,9 550,9 785,5 1.245,8 1.637,0 2128,1 2297,4
Crecimiento de la formación bruta capital fijo (%) 23,8 42,7 58,5 31,4 30 7,9
Inversión interna bruta (porcentaje del PIB) 33,2 25,4 29,4 36,0 42,6 42,9 39,1
Ahorro (porcentaje PIB) 45,7 45,7 54,8 52,8 51,0

 

Fuente: China Statistical Bureau; Almanac of China Finance and Banking; Naciones Unidas.

Para que haya inversión son necesarios cuatro requisitos: que haya “algo” que invertir, que haya “algo” suficientemente rentable en qué invertir, que haya “alguien” dispuesto a invertir y que haya un entorno suficientemente estable para que ese “alguien” decida invertir. Estos requisitos se han dado en el caso chino, lo que explica las cifras antes mencionadas:  se ha dado un elevado ahorro interno que ha generado recursos para invertir; unas oportunidades de inversión propiciadas por la reforma, por las condiciones iniciales y por el aumento de la demanda; agentes públicos y privados dispuestos a invertir, a lo que ha contribuido la política económica seguida por el gobierno chino y factores culturales; y una estabilidad política y macroeconómica favorable para que dichos agentes decidiesen invertir.

Esquema I.1.8. Principales causas y efectos del crecimiento de la inversión interna

Fuente: Elaboración propia

Ha sido fundamental la elevada tasa de ahorro interno, ya que la acumulación de capital ha sido financiada principalmente con ahorro nacional. El ahorro nacional bruto pasó de una media ya elevada del 33% del PIB en 1978-84 al 38% en 1985-92, ajustándose al nivel y crecimiento de la inversión antes señalados. En este proceso, su composición cambió significativamente. En 1978 el ahorro público y de las empresas eran los predominantes, representando el 15,1% y 17%, respectivamente, del PIB, mientras que el ahorro de los particulares representaba solamente un 1,1% del PIB. Posteriormente, el ahorro del Gobierno y el particular han cambiado sus posiciones, dado que las reformas fiscales, que permiten a las empresas retener una mayor parte de sus ingresos, han reducido los ingresos públicos. En 1991, el ahorro público representaba sólo un 1,8% del PIB, mientras que el ahorro privado pasó a ser un 18,7% del PIB y el de las empresas fue de un 19,9%. Con este cambio, la estructura del ahorro en China ha pasado a parecerse a la de otras economías de Asia oriental.

Para que pueda existir ahorro son necesarias dos premisas: que existan recursos susceptibles de ser ahorrados y que los titulares de dichos recursos decidan ahorrarlos. La combinación de ambas variables en China explica el elevado ahorro de este país. En este sentido, el crecimiento de los ingresos disponibles en un contexto de fuerte crecimiento económico ha permitido que se generasen recursos susceptibles de ser ahorrados. A ello se ha sumado una elevada tasa de ahorro, impulsada por factores culturales, por factores demográficos y por el sistema financiero.

Por lo que respecta al primero de los factores señalados, el crecimiento de la producción agrícola motivado por las reformas agrarias de principios de los 80[13] dio lugar a un importante crecimiento de la renta per cápita rural, que creció en un 70% entre 1979 y 1983[14]. Posteriormente, el crecimiento de la producción industrial permitió que continuasen incrementándose los ingresos disponibles susceptibles de ser ahorrados e invertidos.

Una parte importante de dichos ingresos disponibles fue ahorrada. Para explicar la elevada tasa de ahorro resultan clave los factores culturales. Como señala Shi Min y Chen Te’an, la elevada tasa de ahorro deriva de la tradición confuciana de la frugalidad[15]. Por razones históricas, el pueblo chino es muy ahorrador[16] y la cultura china está orientada más a la producción que al consumo. Debido a una percepción de riesgo o disgusto por el consumo superficial, el gasto familiar se ha ajustado lentamente a los cambios en el ingreso. Asimismo, bajo la influencia de décadas de políticas de austeridad, las empresas chinas son propensas a acumular y adquirir activos antes que a gastar. Por lo tanto, el rápido incremento de los ingresos ha conducido inevitablemente a la acumulación de ahorros.

El cambio de percepción respecto de la propiedad también ha contribuido al ahorro, ya que ahora que las familias y empresas consideran que poseen derechos de propiedad se ha reforzado el incentivo para acumular.

Por otra parte, las tendencias demográficas están influyendo en el comportamiento del ahorro y continuarán haciéndolo en durante algún tiempo. La esperanza de vida en China ha crecido en alrededor de 10 años desde 1970, estando actualmente en  70 años, y la tendencia es al alza[17]. Siendo la edad de jubilación de 55 años, la población de mediana edad está especialmente incentivada para incrementar sus ahorros para la vejez, para el caso de que no dispongan de pensiones de jubilación o sean insuficientes. Además, la fertilidad ha disminuido de forma acusada desde principios de los 70, lo que significa que las familias, al tener pocos hijos, ven la necesidad de mayores ahorros para financiar contingencias futuras[18].

Asimismo, el desarrollo de la economía de mercado en China ha modificado las expectativas y la estructura de los deseos. Muchas familias aspiran en la actualidad a poseer una vivienda, una serie de bienes de consumo duraderos y eventualmente un vehículo[19]. Estando los mercados financieros poco desarrollados[20], situación que previsiblemente se mantendrá en el futuro, la mayoría de las familias ahorran anticipadamente para comprar posteriormente, como sucedía y sucede en Japón, Corea del Sur o Taiwan[21].

Por otra parte, la reforma económica, las condiciones iniciales en que se inició aquélla y el aumento de la demanda generaron oportunidades para invertir los elevados ahorros. Así, en 1984 el Gobierno permitió a las autoridades locales la creación de empresas en pueblos y aldeas. Las condiciones industriales iniciales habían creado, por haber desatendido el sector de la industria ligera y como una consecuencia del sistema de precios socialista que favorecía la industria ligera, mayores oportunidades de entrada de pequeñas empresas rurales dentro de este sector, donde podía obtenerse rápidamente una alta rentabilidad[22]. Todo ello permitió un gran crecimiento de la industria rural, que fue clave para el desarrollo de los 80.

Asimismo, el crecimiento de la demanda, impulsado, por una parte, por el aumento del consumo y de la inversión en un contexto de elevado crecimiento económico, y, por otra parte, por el crecimiento de las exportaciones[23], ha supuesto oportunidades de inversión en el sector industrial.

Otro de los factores que explica la elevada inversión es la política económica seguida por el gobierno chino, que ha contribuido a que el elevado ahorro interno pudiese ser canalizado hacia inversiones. Así, Los gobiernos locales promovieron el desarrollo de la economía local empresas rurales, incluso actuando en ocasiones como empresarios[24]. Asimismo, han habido pocas restricciones presupuestarias a la inversión.

Por su parte, ciertos factores culturales (espíritu emprendedor y ética de la riqueza característicos del pueblo chino[25]) también han contribuido a que las familias rurales y los organismos públicos decidiesen crear empresas rurales cuando confluyeron oportunidades lucrativas de inversión y recursos para aprovechar dichas oportunidades.

Por último, la relativa estabilidad política[26] y macroeconómica[27] han propiciado un entorno favorable para que los agentes públicos y privados canalizasen los ahorros hacia proyectos de inversión.

 

[1] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[2] LI PENG, Informe sobre el esquema del IX Plan Quinquenal para el desarrollo económico y social y de las metas a largo plazo para el año 2010, Beijing Informa, Pekín, 14 de noviembre de 1995, III.

[3] NACIONES UNIDAS, Estudio económico y social mundial 1996, Naciones Unidas, Nueva York, p. 46.

 

[4] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[5] Ver apartado I.1.3.

 

[6] Ver apartado III.5.1.3.

 

[7] Ver apartado III.5.1.3.

 

[8] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[9] YUSUF, S., China’s macroeconomic performance and management during transition, Journal of economic perspectives, Volume 8, Number 2, Spring 1994, p. 77.

 

[10] NACIONES UNIDAS, Estudio económico y social mundial 1996, Naciones Unidas, Nueva York, p. 46.

 

[11] Ver apartados I.1.1.1.2.A. y I.1.1.2.3.

 

[12] Ver apartado I.1.1.2.3.

 

[13] Ver apartado I.1.1.1.1.A.

[14] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[15] SIMPOSIO SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL EN BEIJING, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 11.

 

[16] FANJUL, E., Hay que desarrollar una mayor presencia directa a través de las inversiones, Cinco Días, 30 de junio de 1994.

 

[17] Ver apartado I.1.3.

 

[18] Ver apartado I.1.3.

 

[19] Ver apartado III.5.1.2.

 

[20] Ver apartado III.2.1.2.1.

 

[21] YUSUF, S., China’s macroeconomic performance and management during transition, Journal of economic perspectives, Volume 8, Number 2, Spring 1994, p. 81.

 

[22] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 44.

[23] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[24] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 44.

[25] Ver apartado I.1.3.

 

[26] Ver apartado I.1.2.

 

[27] Ver apartado I.1.1.1.2.D.

 

                                                     C. SECTOR EXTERIOR