B. COMPARACIÓN CON LOS RESULTADOS ECONÓMICOS DE OTROS PAÍSES

Si comparamos los resultados económicos chinos con el resto del mundo, nos encontramos con que los primeros son excelentes, ya que, como hemos visto, durante la década de los ochenta, China fue el país con la mayor tasa de crecimiento económico del mundo, y, ya en los noventa, tras dos años de crecimiento más moderado, volvió a convertirse en la economía con mayor crecimiento del mundo en 1992 [1].

Pero tal vez no sea este el principal logro en comparación con el resto del mundo, sino la modernización tecnológica y la mejora de la eficiencia económica, ya que crecimientos rápidos también se han dado en otros países, como la India o Brasil, pero generalmente éstos han sido gracias al desarrollo de sectores de la economía intensivos en mano de obra y con poca tecnología, como el textil[2]. En cambio, en el proceso de desarrollo de China sorprende la rapidez con que está absorbiendo tecnología, desarrollándose en campos no tradicionales, como la electrónica o el sector automovilístico. Así, se prevé que en 15 años la industria automovilística china podrá producir, de forma autónoma, más de cuatro millones de vehículos y alcanzará las dimensiones del mercado interno japonés[3].

En cambio, por lo que respecta al bienestar y equidad social, en comparación con el resto del mundo, China destaca por el rápido aumento del consumo de su población  y por una importante disminución de la pobreza, pero no por una mejora en cuanto a desigualdades sociales, ya que éstas han aumentado desde 1979.

Tras estas pinceladas, procede profundizar en análisis comparativos con regiones concretas. Dado que no es posible realizar una comparación con todos los países o bloques de países del mundo, me centraré en los bloques de países que, por la situación en que se encuentran, son más susceptibles de comparación con China.

Por un lado, efectuaré una comparación con países en desarrollo que, como China, han emprendido un camino hacia la industrialización y el desarrollo. Analizaré los dos bloques de países más destacables, cada uno de los cuales ha seguido modelos de industrialización diferentes: Asia Oriental (desde los sesenta hasta la actualidad), con un modelo de industrialización orientado hacia la exportación, y América Latina (desde los cincuenta hasta los ochenta), con modelo de industrialización por sustitución de importaciones. Dado que China ha seguido el modelo asiático de Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur[4] en vez del latinoamericano, esta comparación tiene el interés de que permite constatar si los países que siguen modelos similares obtienen resultados similares y si los países que siguen modelos muy diferentes obtienen también resultados muy dispares. Los países de Asia Oriental tienen el interés añadido de que son los que integran la región geográfica en que se encuentra China.

Por otro lado, se efectuará una comparación con países que, como China, están llevando a cabo un proceso de transición de una economía planificada a una economía de mercado: países del Este y Centro de Europa.

Para realizar las comparaciones, primero se analizará el modelo económico de los países con los que se efectúa la comparación y los factores que explican sus resultados económicos, pasando posteriormente a analizar y comparar sus resultados.

  1. Modelo de desarrollo económico de Asia Oriental (desde los sesenta hasta la actualidad)

Una de las tendencias más sorprendentes en la economía internacional durante el último cuarto de siglo ha sido la aparición de las economías asiáticas de rápido crecimiento: Japón, los cuatro dragones asiáticos (Hong Kong, Corea, Taiwan y Singapur) y los tres tigres (Malasia, Tailandia e Indonesia).

Las economías de estos países difieren entre sí tanto en dotación de recursos como en tamaño. Todos los “dragones” carecen de recursos naturales mientras que los “tigres” son ricos en recursos naturales, ya que Tailandia cuenta con un importante sector agrícola, Malasia también tiene un sector agrícola importante y es productor de petróleo e Indonesia es miembro de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Asimismo, estos países difieren en el tamaño de la población: Singapur y Hong Kong son los países con menor población, siendo consideradas ciudades-estado, ya que tienen cerca de 3 millones y 6 millones de personas, respectivamente; Malasia y Taiwan tienen alrededor de 20 millones de personas, Corea y Tailandia cuentan con una población de 44 y 58 millones de personas, respectivamente, e Indonesia con más de 187 millones de personas[5]. No obstante, existe un cierto patrón común que ha sido la base del desarrollo de estos países y de su alta competitividad internacional. A continuación se estudia, en primer lugar, el modelo de desarrollo que han seguido y se efectúa una comparación con el modelo chino, para analizar después los resultados obtenidos.

Nos vamos a centrar sobre todo en los cuatro dragones, ya que son los países más representativos y aquéllos en cuyo modelo China se ha inspirado más.

 

a.1. Análisis del modelo de desarrollo de Asia Oriental (1960-1997) y comparación con el modelo chino de desarrollo (1979-1997)

Los principales comunes denominadores que han determinado la evolución de las economías de Asia Oriental son los siguientes: el intervencionismo estatal[6], que ha adoptado un modelo consistente en explotar las ventajas competitivas a través de orientación a la exportación y la limitación de la importación, las elevadas tasas de inversión y ahorro internos, el fomento de la inversión extranjera, la mano de obra abundante, barata y cualificada, y la estabilidad macroeconómica. Se trata, pues,  como hemos visto[7], de factores que también han estado presentes en China durante el período 1979-1997 y que, con ciertas diferencias y matices, explican el crecimiento económico chino en ese período. En este sentido, si se contemplan los esquemas I.1 y I.3, en el que se expone el funcionamiento de la economía china y se explica su elevado crecimiento, se puede apreciar como también figuran estos factores como determinantes de los resultados económicos chinos. Ello se explica  por el hecho de que China, en vez de imitar a sus camaradas comunistas, decidió seguir una estrategia de típicamente asiática, basándose en el análisis de los países asiáticos vecinos, especialmente de Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur[8].

Esquema I.1.19. Principales características de las economías de Asia Oriental

Fuente: Elaboración propia

Al igual que sucede en China, los gobiernos de la mayor parte de países de Asia Oriental no han seguido la doctrina neoclásica que sugiere que el Estado debe limitarse a cubrir las deficiencias del mecanismo de mercado, sino que han adoptado un papel intervencionista en el proceso de desarrollo, interviniendo en el mercado en diferentes niveles para movilizar el potencial del sector público, las empresas y los individuos[9], estimulando la competencia y guiando la inversión[10]. Así, los gobiernos de estos países han participado activamente en el proceso de desarrollo económico tanto a través de la creación de un entorno favorable para el desarrollo económico como de la utilización de políticas sectoriales, como la reforma agraria en Corea y Taiwan a mediados de década de los cincuenta, que ayudó a la creación de un sector empresarial y a ampliar el mercado doméstico.

Para el desarrollo de estos países ha sido fundamental el papel que ha tenido el Estado en el comercio. En este sentido, los gobiernos de Asia Oriental han utilizado, en general, políticas centradas en la explotación de ventajas comparativas, tanto en el mercado interno como en los mercados exteriores, aprovechando especialmente oportunidades de exportación a través de estrategias de desarrollo orientadas hacia afuera[11]. Ello se ha instrumentado principalmente  mediante una promoción de las exportaciones combinada con una protección selectiva frente a las importaciones.

El modelo seguido no ha sido uniforme a lo largo del tiempo, sino que frecuentemente se han dados varias etapas. Así, en Taiwan y Corea del Sur, tras una fase previa de exportación de productos primarios en la primera mitad del siglo XX, se siguió una estrategia de sustitución de importaciones en los años cincuenta, en la que las industrias con uso intensivo de mano de obra comenzaron a producir para los mercados internos. Esta fase fue seguida por una etapa en los años sesenta orientada hacia la exportación de la producción de estas industrias con uso intensivo de mano de obra. A partir de 1973 se indujo a un cambio en la estructura industrial a través de políticas de sustitución de importaciones para sectores intensivos en capital y mano de obra especializada, lo que estimuló tanto la sustitución de importaciones como las exportaciones de sectores más especializados e intensivos en capital de manera integrada y sistemática[12].

Para implementar las estrategias expuestas se han utilizado muchos instrumentos, como la concesión de créditos subvencionados a determinadas industrias, el control de las tasas de interés, la concesión de subvenciones a la importación de bienes de capital, la concesión de subvenciones a industrias en crisis, la creación y el apoyo de bancos públicos y el desarrollo de instituciones de marketing para las exportaciones[13]. También se ha concedido un régimen de libre cambio a las empresas exportadoras y se ha creado un sistema de concursos en los que las empresas compiten por premios económicamente valiosos vinculados a los esfuerzos y logros de las empresas, estando en general relacionados con la actividad exportadora de estas economías. Asimismo, se ha protegido la sustitución de importaciones mediante el uso limitado de aranceles y barreras no arancelarias.

Algunos de estos instrumentos también han sido utilizados por otros países en desarrollo. Pero, lo que caracteriza a las políticas de los países de Asia Oriental es que no han sido aplicadas de forma indiscriminada y con carácter permanente, sino de forma selectiva y con carácter temporal. Así, a diferencia de muchos países en desarrollo, en que la protección a la industria joven substitutiva de las importaciones se garantiza por períodos largos de tiempo, las políticas de estos países asiáticos tienden a proteger a las industrias durante períodos más cortos y a estimular la exportación de industrias que se encuentran en una etapa inicial, para que alcancen un nivel de competitividad internacional. Asimismo, sólo se han incentivado algunas industrias seleccionadas y las ayudas han estado condicionadas a los resultados, marcando el Estado unos objetivos de exportación a las empresas y verificando su rendimiento exportador. Además, las barreras a la importación han sido utilizadas de forma restringida, de manera que el sistema de incentivos de la sustitución de importaciones no primase sobre el de promoción de las exportaciones.

China también ha utilizado políticas centradas en la explotación de ventajas comparativas mediante una promoción de las exportaciones combinada con una protección selectiva frente a las importaciones, aunque existen diferencias en cuanto a los instrumentos utilizados, el grado con que se han utilizado y la forma en que se han utilizado. Así, por ejemplo, en China las exportaciones se han promocionado sobre todo a través del uso de los tipos de cambio. Asimismo, este país ha venido concediendo a sus empresas públicas subvenciones o préstamos que nunca serán devueltos de forma más indiscriminada, con carácter permanente y sin que estén ligadas a los resultados, ya que de lo contrario quebrarían muchas empresas y un elevado número de trabajadores se quedarían sin empleo y sin prestaciones sociales[14]. Esto explica la diferencia de eficiencia económica de las empresas públicas chinas respecto a las empresas otros países de Asia Oriental. Del mismo modo, la protección de las sustitución de importaciones es más fuerte en China, con barreras elevadas incluso en comparación con otros países en desarrollo[15].

Al igual que ha sucedido en China[16], las políticas de promoción de las exportaciones[17] en los países asiáticos han propiciado un fuerte crecimiento de las mismas, que pasaron a representar de un 7,4 % de las exportaciones mundiales en 1967 a un 22,6% en 1995[18]. Las exportaciones de los países del Sudeste Asiático a mediados de los años ochenta representaron el 35% y el 52% del PIB en Corea del Sur y Taiwan, respectivamente, y casi el 100% o más en las ciudades-estado comerciales de Hong Kong y Singapur[19]. Esta tendencia continuará probablemente en el futuro. Según algunas estimaciones, en el 2015 la región Asia-Pacífico representará el 50% del comercio mundial[20].

Dicho crecimiento de las exportaciones ha estado acompañado de un importante cambio en la estructura de la canasta exportadora. En los inicios del proceso exportador, los NICs (nuevos países industrializados) asiáticos se especializaron en la producción de bienes intensivos en mano de obra no cualificada, especialmente tejidos y confecciones, diversificándose posteriormente a productos como el acero, productos petroquímicos, astilleros, automóviles y ordenadores. Así, los NICs asiáticos se han visto motivados por su ventaja comparativa dinámica más que por su ventaja comparativa estática de mano de obra disciplinada y barata[21]. También han diversificado los países de destino, lo que les ha permitido disminuir la vulnerabilidad ante fluctuaciones de precios y demanda. Esta mayor diversificación también les ayudó a evitar el mayor proteccionismo de las economías industrializadas[22]. La diversificación de las exportaciones todavía se ha dado en China de forma muy limitada, ya que se encuentra en las primeras fases de este proceso. En este sentido, en la actualidad exporta grandes volúmenes de tejidos confecciones e incluso productos electrónicos, como se aprecia en la tabla I.1.8.[23], pero es muy probable que las exportaciones se sigan diversificando en los próximos años.

Es de destacar, también, el comercio intrarregional, basado en buena parte en los ciclos del producto, lo que ha sido comparado con una bandada de ocas voladoras[24]. En esta comparación, Japón es el oca guía o el principal país innovador, que crea un nuevo producto y luego comienza a exportarlo cuando su oferta supera a la demanda interna. Con cierto retraso, los países que le siguen y que acostumbran a importar el producto aprenden a producirlo para su mercado nacional, es decir, provocan la sustitución de las importaciones del producto. En el contexto del este asiático, los “dragones” son las ocas que vuelan justo detrás de Japón. Cuando los “dragones” han saturado sus mercados nacionales para ese producto, también empiezan a exportarlo a los países que le siguen, los “tigres”, por ejemplo, que habitualmente importaban el producto de Japón. Al hacerse más competitivos, los “dragones” hacen, en primer lugar, una incursión en los mercados de exportación del país innovador (los de la “tigres”, por ejemplo), y luego penetran finalmente en su propio mercado interior (el de Japón). Al final, el país innovador se convierte en un importador neto del producto que él invento. El segundo grupo de países, los “dragones”, al mismo tiempo que están alcanzando a la oca guía innovadora, está siendo perseguido por el tercer grupo, en la escala de las ventajas comparativas. Los mercados de exportación y, finalmente,  los nacionales del segundo grupo de países para ese producto concreto también son penetrados por los perseguidores. Ahora bien, cuando esto ocurra, probablemente los “dragones” ya serán innovadores o habrán comenzado a fabricar un nuevo producto inventado por el país guía innovador. De ahí que para el segundo grupo de países el ciclo de desarrollo evolucione de importaciones crecientes a exportaciones crecientes, y de ahí a un nuevo producto[25].

Al analizar la economía china, habíamos explicado que el aumento de las exportaciones habían supuesto una mejora de la eficiencia económica y una modernización tecnológica[26]. Lo mismo ha sucedido en otros países de Asia Oriental, donde el aumento del comercio exterior ha constituido un factor importante para el desarrollo industrial y para la mejora de la eficiencia y de la competitividad[27], ya que la competencia en los mercados internacionales ha facilitado la especialización eficiente, ha desincentivado los comportamientos monopólicos y ha estimulado a las empresas exportadoras a mejorar la productividad y a conseguir economías a escala, al contar con mercados mayores que los domésticos. Asimismo, el modelo orientado a la exportación ha estimulado el desarrollo de las capacidades tecnológicas de las empresas, la obtención de información a bajo costo de los demás mercados mundiales, y sobre todo ha permitido la importación de equipos y tecnología extranjera, que ha sido importante para la modernización industrial, pues gran parte del desarrollo tecnológico y de administración de las empresas está asociado al uso eficiente de la tecnología importada más que a la innovación misma realizada al interior de ellas[28] .

Otros aspectos destacables del papel de Estado son la creación de un espíritu cooperativo y de una estructura institucional con reglas claras. Los gobiernos de estos países han creado un espíritu cooperativo entre las empresas entre sí y con el sector público, que ha permitido un intercambio transparente de información y la coordinación de las decisiones de inversión, y que ha sido, según muchos autores, decisivo para encontrar soluciones a conflictos generados en la evolución industrial de estas economías[29]. Según algunos autores, como Gereffi[30], la cultura confuciana también ha contribuido a crear dicho espíritu cooperativo. Este espíritu también está presente en China, donde existe un flujo considerable de información e incluso de conocimientos tecnológicos entre las empresas, al menos entre las empresas públicas.

Los gobiernos asiáticos crearon, asimismo, una estructura institucional con reglas e incentivos económicos claramente definidos, evitándose la aparición de monopolios y el favoritismo del gobierno[31], lo que constituye una diferencia con China, donde el marco legal e institucional está poco desarrollado, y las administraciones se caracterizan por la arbitrariedad, los favoritismos y la corrupción[32].

Otro rasgo de las economías de Asia Oriental que ha sido decisivo para su fuerte crecimiento económico y que, como hemos visto[33], también se ha dado en China, son las elevadas tasas de inversión y de ahorro internos. La inversión privada en las economías asiáticas fue de un promedio del 20% del PIB en 1995, cifra bastante superior a lo que ocurre en el resto de los países en desarrollo (15% del PIB). Junto con la inversión privada, la inversión pública, que ha sido de un promedio del 7% en 1995, también ha jugado un papel importante en la creación de condiciones favorables para el proceso de industrialización mediante la inversión de recursos en infraestructura y en investigación y desarrollo[34].

El nivel de inversión antes mencionado ha sido posible en buena parte gracias a la elevada tasa de ahorro interno, que ha pasado de cerca de un 15% en 1965 a un 40% en 1995[35], lo que supone en la actualidad la tasa de ahorro mundial más elevada[36]. Durante varios años, las cifras de ahorro de los países asiáticos han incluso superado las de inversión, llegando así a “exportar capital” vía acumulación de ahorros internacionales.

El ahorro privado ha sido estimulado por los gobiernos de las economías asiáticas a través de la creación de instituciones sólidas de ahorro. Dado que los mercados financieros han sido importantes en las economías asiáticas, el sector financiero está sometido a muchas regulaciones.

Otro de los factores que explica los resultados económicos de los países de Asia oriental es su mano de obra, que se ha caracterizado, al igual que en China[37] (aunque en grados diferentes) por ser altamente formada e comparación con otros países en desarrollo y por ser barata y abundante.

Las economías del este asiático tuvieron la ventaja de comenzar sus procesos de desarrollo económico con un nivel de capital humano superior al del resto de los países en desarrollo. Estas sociedades han dado importancia a la educación, principalmente primaria y secundaria, aumentando los gobiernos el porcentaje del gasto público en educación sobre el PIB. Actualmente, en estos países la educación primaria y secundaria es universal.

La inversión en capital humano generó una gran masa de trabajadores capaz de adoptar y adaptar, en el proceso de industrialización, las tecnologías y procesos productivos utilizados en las principales potencias mundiales, principalmente en Japón, facilitando el máximo aprovechamiento de los equipos importados y de los procesos de producción. Esto les ayudó a la rápida industrialización.

En este sentido, la orientación a la exportación no hubiera sido posible sin una mano de obra capacitada para adoptar, modificar y usar las nuevas técnicas y equipos de producción. Al mismo tiempo, el enfoque exportador de  estas economías ha repercutido positivamente sobre la calificación de la mano de obra, generándose un círculo vicioso.

Además, estas economías tienen un mercado laboral flexible, lo que les permitió mantener  en el comienzo de la etapa de industrialización salarios relativamente bajos con respecto a los de los países desarrollados. Los gobiernos asiáticos han sido menos vulnerables que los de otros países en desarrollo (especialmente América Latina) a presiones laborales, debido a la prohibición que existía de formar organizaciones laborales, fomentándose la negociación entre trabajadores y empresarios en el seno de la propia empresa. La inexistencia de un salario mínimo, la migración desde zonas rurales a zonas urbanas y la integración de la mujer  a la fuerza de trabajo son otros de los factores que explican porqué fue posible mantener los niveles de salarios bajos a pesar del aumento de la demanda de trabajo.

Al igual que ha sucedido en China[38], las economías asiáticas también han basado su crecimiento económico en la inversión extranjera directa. El apoyo de los gobiernos a la inversión extranjera, la mano de obra barata y cualificada y las infraestructuras relativamente apropiadas[39] han atraído a Asia a muchas empresas extranjeras, sobre todo de Japón, aunque también de Europa y Estados Unidos.

Como ha sucedido en China, la inversión extranjera ha permitido adquirir nuevas tecnologías complejas, técnicas de administración y equipos[40] y han contribuido a que la industria de los países asiáticos en desarrollo hayan alcanzado grandes niveles de eficiencia productiva mediante la especialización y a que haya penetrado a  mercados internacionales exigentes[41]. Asimismo, las estrategias de promoción de exportaciones propias de estos países se apoyaron en parte en la inversión extranjera directa, contribuyendo ésta al crecimiento de las exportaciones, ya que estuvo orientada a los sectores exportadores[42].

Es de destacar el papel de la inversión japonesa en el resto de países de Asia Oriental y el papel de la integración industrial de la región. Japón ha jugado un papel de economía dominante y motor de la expansión de la región, suministrando mucho capital y tecnología, lo que ha sido facilitado por las relaciones competitivas y económicamente interdependientes entre los países asiáticos, que ha tenido como consecuencia principal la integración intraindustrial de la región a través del comercio intrarregional.

Japón ha iniciado una cadena en la que los países y regiones más desarrollados han transferido sus industrias a los países y regiones menos desarrollados de manera dinámica, de modo que, con el tiempo, la industria de cada país o región se mueve de un nivel más bajo a uno más elevado[43]. Esta cadena comenzó en los años 60 cuando Japón experimentó su expansión económica, continuó en los años 70 cuando los “cuatro  dragones” (Taiwan, Hong Kong, Singapur y Corea del Sur) despegaron económicamente y fue complementada en los años 80 cuando los “tres  tigres” (Tailandia, Malasia e Indonesia) aceleraron su desarrollo[44]. Dada esta interdependencia, Japón ha jugado un papel importante como desencadenante de la actual crisis asiática.

Por último, hay que hacer alusión al papel que ha jugado la estabilidad macroeconómica. Los países asiáticos se han caracterizado por el control de la inflación, que ha sido relativamente baja[45], situándose el índice medio de la región en un 8,7% en 1995[46]. Este nivel moderado de inflación es el resultado de un estricto control presupuestario del gobierno y de las cuentas externas. Las bajas tasas de inflación han permitido mantener tasas de interés estable, lo que, a su vez, ha propiciado la inversión privada.

Por otra parte, la deuda externa de algunos de los países asiáticos tienen garantía pública, pero ninguno de ellos tuvo que renegociar su deuda externa durante los ochenta a pesar de que durante algunos años ésta ha sido bastante alta en relación al PIB. La credibilidad internacional de estos países atrajo capital, sobre todo europeo, lo que les ha permitido endeudarse a corto plazo y así no comprometer las tasas de inversión durante los períodos de crisis.

Anteriormente se ha comentado que China, gracias a las políticas económicas, también ha gozado una relativa estabilidad macroeconómica[47]. Sin embargo, una diferencia destacable con sus vecinos consiste en que, así como en China el tipo de cambio ha sido muy volátil, estos países han optado por políticas de cambio nominal fijo durante largos períodos para mantener una inflación estable. Actualmente todas estas economías, excepto Hong Kong, tienen una paridad flotante ligada al dólar y a las monedas de los países industrializados. En general, estas economías, salvo Corea e Indonesia, no han tenido que recurrir a frecuentes y fuertes devaluaciones para aumentar su competitividad o evitar crisis de balanza de pagos. En consecuencia, el tipo de cambio de estos países ha sido bastante estable, siendo los coeficientes de variación del tipo de cambio real bajos en relación a otros países[48].

La estabilidad de estas economías asiáticas es fuente de credibilidad para las acciones de gobierno y ha servido de apoyo a las decisiones de inversión privada, además de sugerir menos riesgos para los capitales externos.

a.2. Análisis de los resultados económicos de Asia Oriental y comparación con los resultados económicos chinos

Así como los logros económicos chinos son impresionantes en comparación con el resto del mundo, los resultados del modelo económico seguido en Asia Oriental también son excelentes, siendo muchas veces presentados como modelos para el desarrollo de otros países, como América Latina[49].

 

Las economías asiáticas han experimentado un fuerte crecimiento económico. Según Gereffi[50], Japón y sus vecinos Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur, han logrado el progreso más impactante del mundo en el período de la posguerra, registrando índices de crecimiento económico récord, no sólo durante la próspera década de los sesenta, cuando el comercio internacional y las inversiones se encontraban en pleno auge en todo el mundo, sino también durante los años setenta y ochenta, a pesar de las fuertes alzas de los precios del petróleo, la recesión mundial y el creciente proteccionismo que experimentaron sus principales mercados de exportación.

Cuadro I.1.24. PNB de Taiwan, Hong Kong, Corea del Sur y Singapur en 1965 y 1995

(millones de dólares)

 

1965 1986
Taiwan 2.800 76.210
Hong Kong 2.150 32.250
Corea del Sur 3.000 98.150
Singapur 970 17.350

 

Fuente: Banco mundial

Como señala Chen Te’an, ello ha sido posible gracias al modelo económico seguido y parece que, como indica Shi Min, el éxito del paso de la sustitución de importaciones al crecimiento basado en las seguirá guiando el desarrollo de Asia Oriental en el futuro[51]. En este sentido, el Banco Mundial ha pronosticado que a comienzos del año 2000 la mitad del crecimiento económico a escala mundial provendrá de esta parte del globo[52].

Las economías asiáticas también han experimentado una importante modernización tecnológica y mejora de su eficiencia económica[53], ya que el modelo seguido ha estimulado a las empresas a alcanzar un nivel tecnológico y de eficiencia adecuado para poder competir a nivel mundial, y ha permitido obtener divisas con las que financiar la importación de equipos y tecnologías avanzados. Según un estudio de la Unión de Bancos Suizos (UBS) [54], las dinámicas economías asiáticas habrán cubierto ampliamente su retraso de competitividad respecto de los países industrializados a principios del tercer milenio[55].

También ha habido una notable mejora del bienestar y equidad social, ya que el crecimiento de las economías asiáticas ha estado acompañado por una distribución del ingreso relativamente equitativa. Los gobiernos de estos países han reducido las desigualdades en la tenencia de la tierra (por ejemplo, mediante las reformas agrarias en Corea y Taiwan) y han contribuido activamente en una distribución más equitativa del ingreso. Ello ha permitido el acceso de la población a una mejor educación y a un mayor bienestar social en general. Indicadores como la esperanza de vida, las personas bajo el umbral de la pobreza absoluta, la disponibilidad de agua potable, alimentos o salud han mejorado rápidamente en las últimas décadas. Además, las políticas de industrialización adoptadas en estos países poseen una gran capacidad generadora de empleo, siendo bajos los índices de desempleo[56].

A pesar de que los resultados de estos países muy buenos en relación con el resto del mundo, los chinos todavía son más espectaculares, al menos en cuanto a crecimiento económico, habiendo llevado 17 años de reforma y apertura a China al centro del dinamismo económico de Extremo Oriente [57]. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las épocas comparadas, la duración de los períodos comparados y los grados de desarrollo de las economías son diferentes, siendo, por tanto, diferente también el potencial de crecimiento.

La conclusión que se puede extraer de la comparación de los resultados es que los resultados económicos han sido excelentes tanto en China como en otros países de Asia Oriental, lo que va ligado al hecho de que han utilizado modelos similares.

  1. Modelo de desarrollo económico de América Latina (1950-1980)

Tradicionalmente se ve a América Latina como un conglomerado compuesto de tres economías grandes (México, Brasil y Argentina), media docena de países de desarrollo intermedio (como Venezuela, Perú y Colombia) y cerca de una docena de países menos desarrollados (como Bolivia y Paraguay). Pero en realidad la situación es mucho más complicada, ya que la región incluye economías semiindustrializadas, agrícolas, etc., e incluso en los países más avanzados se encuentra el dualismo socioeconómico intrarregional e intrasectorial, la presencia de polos dinámicos de crecimiento y de áreas deprimidas y la coexistencia de actividades modernas y tradicionales en todos los sectores económicos principales[58].

Establecidas estas diferencias entre los países latinoamericanos, se puede hablar de una similitud de sus patrones de desarrollo económico desde la posguerra hasta la actualidad, ya que en la mayor parte de países se han seguido dos modelos de desarrollo: la industrialización por sustitución de importaciones (ISI), desde los años cincuenta hasta los años ochenta, y los programas de estabilización macroeconómica y ajuste estructural desde los ochenta hasta la actualidad. A continuación se va a efectuar un análisis del modelo ISI y de sus resultados, realizándose una comparación con el modelo de industrialización seguido por China desde 1979 hasta la actualidad y sus resultados. Por lo que se refiere a los programas de estabilización macroeconómica y ajuste estructural aplicados desde los años ochenta en Latinoamérica, aunque se efectuará una mención breve a dicho modelo y a sus resultados hasta la actualidad, no se va a realizar un análisis comparativo con China, ya que se parte de la base de que dicho modelo todavía se encuentra en un estadio poco maduro, no habiendo dado probablemente todavía todos frutos que puede dar. Por lo tanto, entiendo que en la actualidad no son comparables, bajo riesgo de obtener conclusiones erróneas,  sino que para ello hay que esperar un período más largo de tiempo para analizar su evolución.

Análisis del modelo latinoamericano de desarrollo económico (1950-80) y comparación con el modelo chino de desarrollo (1979-97)

Si efectuamos una comparación de la economía latinoamericana en la época en que se siguió el modelo de industrialización por sustitución de importaciones con la economía china en la época del proceso de reforma y apertura, encontramos cuatro diferencias clave que explican los diferentes resultados obtenidos: el papel del estado, que en Latinoamérica ha seguido el modelo ISI, la menor inversión y ahorro internos en esta región, el papel diferente de la inversión extranjera y su mayor inestabilidad macroeconómica. En el esquemas I.1.1 se aprecia como éstos han sido factores clave para explicar los resultados económicos chinos[59].

Tanto en China como en los países latinoamericanos en los períodos antes mencionados se ha dado un acusado intervencionismo estatal, pero con dos diferencias principales: por un lado, en China el grado de intervencionismo ha sido mayor, debido a la coyuntura de transición de una economía planificada a una economía de mercado, y, por otro lado, y más importante, el papel del Estado ha sido diferente. El aspecto más destacable de este diferente papel es que en Latinoamérica los gobiernos se orientaron básicamente hacia una industrialización por sustitución de importaciones, utilizando estrategias de desarrollo orientado hacia adentro[60], mientras que en China, como se explicó[61], el Estado ha seguido estrategias orientadas hacia la explotación de las ventajas competitivas con orientación a la exportación. Si bien es cierto que en China también se han utilizado políticas que protegen la sustitución de importaciones (por ejemplo, las importaciones están poco liberalizadas y se subvenciona intensamente a las empresas públicas con pérdidas, orientadas al mercado interior), ha predominado una orientación hacia la exportación mediante el fomento de éstas y una estrategia tendente al desarrollo de la industria ligera exportadora, competitiva en costes de mano de obra.

Antes de analizar el modelo ISI, hay que aclarar que aunque aquí sólo se estudia el período desde los años cincuenta, los inicios de la industrialización por sustitución de importaciones en Latinoamérica se remontan al tercer cuarto del s. XIX en Brasil y al decenio de 1880 en Argentina y México, siguiendo con 25 ó 30 años de retraso el modelo ISI adoptado en Europa y los Estados Unidos a mediados del siglo pasado, que permitió una especialización industrial de los países avanzados tras un período de industrialización inicial que terminó alrededor de 1900. Los “primeros en llegar” a la ISI (Europa Continental, los Estados Unidos y posteriormente los dominios británicos blancos y Japón) trataron de romper el control que ejercía el imperio industrial británico sobre la economía mundial. A su vez, los “últimos en llegar”, como América Latina, trataron de romper la división mundial del trabajo que se consolidó a principios de este siglo y dejó a este subcontinente, a Asia y Africa, el papel de proveedores de alimentos y materias primas y de importadores de productos manufacturados procedentes del Atlántico Norte.

Sólo analizaremos el período desde los años cincuenta porque en el período 1880-1914 la industrialización latinoamericana no fue importante, y aunque ésta ya recibiese un impulso en la primera Guerra Mundial, la Depresión de 1929 y la segunda Guerra Mundial[62], la ISI sólo se convirtió en un instrumento deliberado e importante de la política económica de América Latina al finalizar la segunda guerra mundial[63].

Como se ha venido insistiendo en la bibliografía de la CEPAL de los años cincuenta[64], dado que después de 1945 América Latina, como el resto del mundo subdesarrollado, se enfrentaba a un crecimiento relativamente lento de la demanda mundial de sus exportaciones tradicionales, y con el objeto de crear una estructura industrial moderna que redujera su dependencia de la economía mundial, tanto en sus importaciones como en sus exportaciones, optó por un modelo basado en la industrialización por sustitución de importaciones, aplicándose en los años cincuenta un gran número de instrumentos de política económica.

La ISI consistió en un modelo económico caracterizado por la exportación de bienes primarios que siempre habían tenido ventajas comparativas, una industrialización protegida de la competencia externa y orientada al mercado interno, la expansión y diversificación del consumo privado y un incremento del gasto público. La ISI se inició con la manufactura de bienes de consumo terminados que anteriormente se importaban y después siguió con mayor o menor rapidez y éxito a las “etapas superiores” de la fabricación (maquinaria y bienes intermedios), con fases sucesivas y claramente diferenciadas. Esto último la diferenció de la industrialización Europa, Norteamérica y Japón, donde la ISI fue revolucionaria[65]. Otra diferencia con la ISI en estos países consiste en que América Latina utilizó tecnología compleja, pero sin la continua experimentación tecnológica y la innovación que caracteriza a los países precursores de la industrialización.

Como consecuencia del modelo seguido por los países de Latinoamérica, sus economías se mantuvieron relativamente cerradas en esta época. Así, los porcentajes de la exportación sobre el PIB sólo fluctuaron entre el 10% y el 13% en 1986[66]. Ello contrasta con el fuerte crecimiento de las exportaciones en China[67] y otros países de Asia Oriental[68].

Cuadro I.1.25. Tasas medias de crecimiento de las exportaciones en América Latina (12 países) 1950-1994

(%)

 

1950-1974 1974-1980 1980-1990 1990-1994
3,9 3,5 5,4 6,6

 

Fuente: Benavente, Crespi y Katz sobre la base de datos de la CEPAL

Pero el efecto más importante de este modelo ha sido el estancamiento de la economía a finales de los setenta y a la crisis de los ochenta. En este sentido, el modelo ISI se caracterizó porque las curvas de producción de las industrias recién establecidas con el propósito de sustituir importaciones subieron con rapidez cuando las importaciones eran reemplazadas, pero se estancaron tan pronto como el aumento de la demanda se basó únicamente en el crecimiento del ingreso interno, no pudiendo crecer en otros mercados exteriores, debido a su incapacidad congénita para convertirse en exportadoras. Los beneficios también siguieron este patrón. Así, las industrias evolucionaron rápidamente de condiciones de elevada rentabilidad y crecimiento a una madurez precoz[69]. Por lo tanto, la ISI se estancó después de sus primeros éxitos debido al “agotamiento” de oportunidades fáciles de sustituir importaciones. Ello contrasta también con China y otros países de Asia Oriental, donde sus industrias exportadoras han alcanzado una competitividad internacional[70].

Otro aspecto clave de las economías latinoamericanas viene dado por la inversión. La tasa de inversión en América Latina ha sido muy inferior a la china[71]. Para explicar esta diferencia, puede ser útil acudir a los cuatro requisitos que se señalan, al hablar de la inversión interior china[72], como necesarios para que se produzca la inversión: que haya “algo” que invertir, que haya “algo” suficientemente rentable en qué invertir, que haya “alguien” dispuesto a invertir y que haya un entorno suficientemente estable para que ese “alguien” decida invertir.

Cuadro I.1.26. Tasas medias de crecimiento de la formación bruta de capital en América Latina (12 países) 1950-1994

(%)

 

1950-1974 1974-1980 1980-1990 1990-1994
6,2 6,3 -2,8 8,3

 

Fuente: Benavente, Crespi y Katz sobre la base de datos de la CEPAL

Respecto al primer requisito (que haya “algo” que invertir), Latinoamérica ha dispuesto de menos recursos propios para invertir, ya que su ahorro ha sido reducido, debiendo recurrir de forma permanente a los mercados internacionales para la financiación de sus inversiones.

Para explicar esta diferencia en el ahorro, vamos a acudir también a los requisitos necesarios para que exista ahorro a que hemos hecho referencia anteriormente[73]: que existan recursos susceptibles de ser ahorrados y que los titulares de dichos recursos decidan ahorrarlos. Donde han habido más diferencias en este sentido respecto a China y otros países asiáticos es en el segundo requisito más que en el primero, ya que el fuerte crecimiento económico de los años cincuenta y sesenta dio un lugar a un aumento de los ingresos disponibles susceptibles de ser ahorrados. En cambio, existe una gran diferencia en la tasa de ahorro, que en China fue, como hemos visto[74],  del 45,3% en 1995, mientras que en América Latina ha sido mucho menor (15% en 1965[75]).

Esta reducida tasa de ahorro viene explicada en parte por factores culturales, pues la cultura ibérico-católica no hace tanto hincapié en valores como la frugalidad y el ahorro, propios de la cultura confuciana. Otros factores que explican la reducida tasa de ahorro son la inestabilidad económica y de los tipos de interés[76]. Además, en América Latina no se ha estimulado el ahorro privado a través de la creación de instituciones de ahorro sólidas, como ocurrió en Asia.

En cuanto al segundo requisito para que haya inversión (que haya “algo” suficientemente rentable en qué invertir), en América Latina no se han presentado las mismas oportunidades de inversión que se han dado en China[77] o en otros países asiáticos[78], produciéndose un círculo vicioso: la baja inversión conduce al crecimiento lento, y las malas perspectivas del crecimiento impiden el aumento de la inversión. Los países que habían generado un gran impulso de crecimiento durante los años sesenta y setenta, como Brasil, Colombia, México o Venezuela, se descarrilaron en medio de la crisis de la deuda de los años ochenta. En cambio, en China, al igual que en otros países de Asia Oriental, se ha dado un círculo virtuoso donde el crecimiento económico y la inversión se alimentan de modo recíproco.

También se observan diferencias con China en lo que se refiere al cuarto requisito de la inversión (que haya “alguien” dispuesto a invertir). Por una parte, al igual que ha sucedido en China, la política económica seguida por los gobiernos latinoamericanos ha contribuido a la inversión, actuando dichos gobiernos frecuentemente incluso como empresarios[79], pero con la diferencia de que la política económica latinoamericana ha supuesto un gasto público por encima de las posibilidades de la economía. Debido en parte a la prometedora evolución inicial de la economía, se instalaron nuevas industrias con excesiva facilidad a un costo relativamente alto y en condiciones más vulnerables a la balanza de pagos, infravalorándose los riesgos. Además, así como China puede financiar el déficit público con el elevado ahorro interno, no sucedió lo mismo en Latinoamérica, lo que dio lugar a la crisis de la deuda de los ochenta.

Por otra parte, las diferencias culturales también explican los niveles diferentes de inversión. En este sentido, los valores confucianos en China, que han impregnado un espíritu emprendedor y una ética de la riqueza[80], han estimulado a las familias rurales a crear, cuando confluyeron oportunidades lucrativas de inversión y recursos para aprovechar dichas oportunidades[81], empresas rurales, que han jugado un papel muy importante en el crecimiento de la economía china. Los valores ibérico-católicos en Latinoamérica, por el contrario, han contribuido a un menor espíritu y dinamismo empresarial en esta región[82].

Por último, por lo que se refiere al cuarto requisito (que haya un entorno suficientemente estable para que ese “alguien” decida invertirlos), las economías latinoamericanas se han caracterizado, como se verá más adelante, por una inestabilidad económica (inflación, inestabilidad en el tipo de cambio real, déficits en la balanza de pagos, crisis de la deuda, etc.), lo que ha provocado una incertidumbre limitadora de la inversión. En cambio, en China la relativa estabilidad económica ha contribuido a su elevada tasa de inversión[83].

Por otra parte, el papel inversión extranjera directa ha sido diferente en América Latina y en China. Anteriormente se ha explicado que la inversión directa extranjera ha supuesto dos contribuciones principales para China, que han sido importantes para su crecimiento económico: han ayudado al crecimiento de las exportaciones y a la asimilación de tecnologías avanzadas y know how[84]. En América Latina, por el contrario, ello se ha dado en un grado menor.

El modelo de industrialización asumido por América Latina tuvo una estrategia orientada hacia adentro, que captó inversiones extranjeras (principalmente de Estados Unidos y Europa[85]) destinadas a actividades manufactureras de sustitución de importaciones, atraídas por la protección aduanera y por la combinación de la inflación interna, la sobrevaluación de la moneda y los controles de cambio. Como la maquinaria y la materias primas gozaban de condiciones preferenciales, el tipo de cambio sobrevaluado actuó como un mecanismo para transferir ingresos del sector exportador tradicional a las nuevas industrias[86]. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de algunos países por promover las exportaciones, nunca lograron convencer realmente a las empresas transnacionales para que exportaran proporciones importantes de su producción, dado que la filiales de las multinacionales no podían competir con éxito, por lo general, en los mercados mundiales, debido a los altos costos de producción (a causa de las barreras aduaneras, de la ineficiencia de la economía y de las fuertes presiones inflacionarias), siendo las ventas locales, generalmente, mucho más rentables que las exportaciones. Por todo ello, las filiales de las multinacionales recibieron órdenes específicas de sus matrices de no competir en el mercado internacional con productos de la matriz.

Por otra parte, el tipo de inversión extranjera en Latinoamérica ha permitido una asimilación insuficiente de tecnologías avanzadas extranjeras. En cambio, la inversión extranjera en China ha jugado un papel importante como correa de transmisión de tecnología y know how[87]. Así como en Latinoamérica la inversión extranjera ha consistido predominantemente en filiales de multinacionales americanas que ostentan una propiedad mayoritaria en las mismas, en China se ha canalizado principalmente a través de joint ventures[88] con empresas públicas que ya contaban con una base industrial y técnica, así como con personal relativamente cualificado, y que han entrado en joint ventures, entre otras razones, con el objetivo de adquirir tecnologías avanzadas y técnicas de gestión[89], lo que ha permitido una mejor asimilación.

Por último, otra de las diferencias entre el modelo latinoamericano de los años cincuenta a ochenta respecto al modelo chino desde 1979 es su inestabilidad macroeconómica, caracterizándose por una elevada inflación, déficit público, déficit en la balanza de pagos por cuenta corriente, una inestabilidad en el tipo de cambio real y una excesiva deuda externa. Estos desequilibrios eran manifestación del agotamiento del modelo de desarrollo basado en la industrialización substitutiva de importaciones y en una intensa acción estatal en el proceso de acumulación. Este frágil cuadro macroeconómico[90] contribuyó a la reducción de la inversión en capital[91] y motivó que el impacto de la crisis de la deuda fuese de tal intensidad[92].

En cambio, en China, las políticas económicas seguidas han conducido a una relativa estabilidad económica, con una inflación moderada, un déficit público moderado, superávits en la balanza de pagos en la mayor parte de años desde 1979 y una deuda externa moderada, aunque el tipo de cambio ha sido poco estable[93]. Todo ello ha contribuido a que el entorno para la inversión tanto interna como extranjera haya sido más atractivo en China que en Latinoamérica.

Debido a los pobres resultados del modelo ISI en los años ochenta, a finales de esta década resultaba claro que se hacían necesarios importantes cambios estructurales para hacer viable la recuperación del crecimiento[94], por lo que a partir de entonces se han introducido medidas de estabilización económica y reformas estructurales en la mayoría de las economías latinoamericanas. Dichas medidas han afectado a un amplio abanico de sectores y políticas, entre las que destacan las políticas comerciales y financieras, tributarias, políticas de privatización y cambios en el mercado laboral[95], siendo su magnitud y profundidad muy divergente según los países[96].

Este nuevo modelo de desarrollo se diferencia del modelo que está siguiendo China en dos aspectos clave: por un lado, en el importante papel  que juega el mercado en el nuevo modelo[97] frente al intervencionismo estatal en China y, por otro lado, en las medidas más drásticas de estabilización macroeconómica utilizadas en América Latina.

Por lo que se refiere al papel del mercado, a diferencia de China, donde, como hemos visto, el Estado juega un papel muy importante en el proceso de desarrollo y ni siquiera se ha terminado la transición de una economía planificada a una economía de mercado[98], las reformas en Latinoamérica siguen los principios doctrinarios de la liberalización económica y la desregulación y privatización de la actividad productiva, con la expectativa de que “la mano invisible” del mercado logre un ritmo más rápido de modernización y cambio tecnológico que el alcanzado durante la sustitución de importaciones bajo la dirección del Estado. Ello ha llevado a que la industria manufacturera haya dejado de ser el motor del crecimiento económico, en beneficio de los recursos naturales, las industrias procesadoras de materias primas y los servicios[99]. Asimismo, ha aumentado el grado de concentración económica.

Esta política ha supuesto, también, una apertura a los mercados internacionales[100], quedando los países latinoamericanos mucho más expuestos a la competencia internacional de lo que lo estaban antes, tanto por el lado de las exportaciones como de las importaciones[101]. Ello contrasta en parte con la política que está siguiendo China, la cual, aunque fomenta las exportaciones, tiene todavía importantes barreras a la importación.

La mayor apertura de las economía latinoamericanas ha supuesto un aumento de las exportaciones, como puede apreciarse en la tabla I.1.7., como también ha sucedido en China con su política de fomento de las exportaciones. No obstante, así como las exportaciones chinas se basan en manufacturas intensivas en mano de obra, con una tendencia a la diversificación hacia niveles superiores, la expansión de las exportaciones de muchas economías latinoamericanas se está basando en productos energéticos,  materias primas y los bienes agrícolas, con un valor añadido relativamente bajo y con un potencial de crecimiento limitado[102].

Cuadro I.1.27. Evolución de las exportaciones de diversos países latinoamericanos entre 1986 y 1993

(fob, miles de millones dólares)

 

1989 1990 1991 1992 1993
Brasil 34,4 31,4 31,6 36,1 39,1
Mexico  22,8 26,8 42,7 46,2 51,8
Argentina 9,5 12,3 11,9 12,2
Chile 8,0 8,3 8,9 9,9 9,3
Venezuela 12,9 17,4 14,9 13,9 14,2
Colombia 6,0 7,0 7,5 7,2 7,5

 

Fuente: EIU

Por otra parte, así como en China, al igual que otros países asiáticos, no ha aplicado shocks económicos para estabilizar sus economías, salvo excepciones (por ejemplo, las medidas antiinflacionarias en 1989 y 1990 en China[103]), las reformas estructurales en América Latina estuvieron acompañadas de drásticas medidas de estabilización macroeconómica, consistentes principalmente en un control de la inflación[104] reduciendo contundentemente la demanda agregada, en una reducción de los déficits públicos mediante una fuerte reducción del gasto público y un incremento de los ingresos, y una reducción del déficit externo, orientando la economía hacia la exportación mediante, entre otros instrumentos, el uso de tipos de cambios competitivos[105].

Análisis de los resultados económicos latinoamericanos (1950-80) y comparación con los resultados económicos chinos (1979-97)

Las políticas económicas latinoamericanas han sido menos exitosas que las chinas en términos del crecimiento económico real. En el período de 1950 a 1980, el PIB de América Latina creció a una media anual del 5,5%, mientras que en China creció en una media del 10% en los años ochenta y del 12% en los noventa.

Cuadro I.1.28. Tasas medias de crecimiento del PIB per cápita en América Latina (12 países) 1950-1994

(%)

 

1950-1974 1974-1980 1980-1990 1990-1994
2,4 2,6 -0,8 1,9

 

Fuente: Benavente, Crespi y Katz sobre la base de datos de la CEPAL

Cuadro I.1.29. PNB de Brasil, Mexico y Argentina en 1965 y 1986

(millones dólares)

 

1965 1986
Brasil 19.450 206.750
Mexico 20.160 127.140
Argentina 16.500 69.820

 

Fuente: Banco mundial

La diferencia de crecimiento económico medio es significativa. Pero esta diferencia todavía ha sido más importante en la etapa final del modelo ISI en Latinoamérica. En este sentido, hay que aclarar que el resultado medio en Latinoamérica ha sido satisfactorio en comparación con el resto del mundo, ya que la cifra antes señalada no fue superada de forma significativa por ningún otro grupo de países, desarrollados o en desarrollo[106], no habiendo muchos casos en la historia económica de unos resultados tales para conjuntos grandes y heterogéneos de países como los que componen la América Latina y el Caribe[107]. No obstante, si analizamos la evolución de los resultados, se aprecia que éstos fueron muy satisfactorios en los años sesenta y setenta, pero que ya a mediados de los setenta algunos países de la región sufrieron una fuerte desaceleración del ritmo de crecimiento del PIB global y del industrial[108].

Al menor dinamismo que trajo el agotamiento del modelo substitutivo de importaciones se agregaron importantes shocks externos adversos. Las dos crisis del petróleo de los años setenta marcaron el comienzo de grandes turbulencias macroeconómicas en la región, que se acentuaron en los ochenta con la crisis de la deuda, reforzada con el alza de las tasas de interés internacionales, lo que deterioró notablemente la situación macroeconómica de la región y dio lugar a un nulo acceso al flujo voluntario de créditos externos[109]. Asimismo, la caída de la relación de los precios de intercambio y el fuerte desplazamiento de la frontera tecnológica internacional, que ensanchó significativamente la distancia tecnológica entre la región y las prácticas internacionales, afectaron negativamente a la economía. Dado que en los ochenta se recrudecieron los procesos inflacionarios, se aplicaron políticas de estabilización que llevaron a fuertes caídas de la demanda interna. Todo ello afectó significativamente tanto al ritmo como a la naturaleza del crecimiento[110], dando lugar a la crisis ochenta, que ha sido la peor crisis que ha experimentado América Latina desde la Segunda Guerra Mundial[111], con tasas negativas de crecimiento en la primera mitad de la década[112]. Los ochenta significaron el punto de ruptura de este sendero de industrialización y el final de la ISI[113].

En los años recientes, tras la introducción de medidas de estabilización y reformas estructurales la economía de estos países ha mejorado. Aunque en la segunda mitad de los ochenta varios países de la región comenzaron a mostrar signos de reversión gradual de las tendencias negativas, hasta los noventa los indicadores agregados no reflejaron un proceso más claro de recuperación parcial del ritmo de crecimiento.

El crecimiento de la producción industrial para el conjunto de la región fue de un promedio del 3,4% anual entre 1990 y 1994. Este valor, claramente más alto que el decenio anterior, siguió siendo inferior al 4,6% del período 1974-1980. Aunque los resultados son muy distintos en los diferentes países, del mismo modo que la forma de aplicar política ajuste es distinta en los mismos[114], en general, el crecimiento aún es lento. De hecho, parece que sólo un pequeño número de países de la región, gracias al aumento de las tasas de ahorro e inversión, han retornado a un sendero de crecimiento con equilibrio tras las turbulencias económicas de los años ochenta.

Cuadro I.1.30. PIB de diversos países latinoamericanos entre 1988 y 1993

(miles de millones dólares)

 

1989 1990 1991 1992 1993
Brasil 448,9 479,2 405,8 395 416
Mexico (billones PS) 507,6 686,4 865,2 1.108
Argentina 76,6 141,4 189,7 228,8
Chile (miles millones PS precios corrientes) 6,7 8,4 10,9 13,7 16,3
Venezuela (miles millones Bs precios corrientes) 1.485,5 2.279,3 3.037,5 4.132,3 5.500
Colombia (miles millones PS precios corrientes) 15,1 20,2 26,2 33,0 42,5

 

Fuente: Banco mundial; EIU

Sin embargo, se puede afirmar que las economías latinoamericanas se encuentran en la actualidad con un potencial de crecimiento sostenido muy superior al de hace una década[115].

Cuadro I.1.31. PIB de diversos países latinoamericanos entre 1988 y 1993

(%)

 

1989 1990 1991 1992 1993
Brasil 3,3 -4,1 1,2 -0,8 4,9
Mexico 3,2 4,4 3,7 2,6 0,4
Argentina -6,2 0,1 8,9 8,7
Chile 10,2 3,0 6,1 10,3 6,0
Venezuela -7,8 6,9 9,7 6,8 -1,0
Colombia 3,4 4,3 2,1 3,5 5,2

 

Fuente: Banco mundial; EIU

Por otra parte, así como en China se está dando un proceso importante de modernización tecnológica y mejora de la eficiencia económica desde 1979[116], no a sucedido lo mismo en Latinoamérica, donde la economía se ha caracterizado por una insuficiente eficiencia y progreso técnico. Si bien es cierto que la expansión industrial ligada a la ISI indujo a la acumulación de un vasto arsenal de capacidades tecnológicas internas, que permitieron elevar la productividad laboral y la competitividad internacional y acortaron la distancia que les separaba de la frontera tecnológica internacional[117], cuando las industrias llegaron a su fase de madurez, retrocedieron al estancamiento monopolístico con tasas menores de rentabilidad y a instalaciones y equipos obsoletos[118]. Según Mortimore, los procesos industriales en América Latina no sólo se hallan lejos de la frontera tecnológica, sino que a menudo se aproximan a la obsolescencia[119]. El aumento medio anual de la productividad laboral para el conjunto de la región fue de sólo el 1,6% entre 1974 y 1980 y del 1% entre 1980 y 1990.

Tras la introducción de medidas de estabilización económica y ajuste estructural en Latinoamérica, se han dado fuertes aumentos de la productividad laboral (8,0% anual para el conjunto de la región entre 1990 y 1993), aunque este se ha logrado a base de drásticas reducciones de empleo más que de inversiones modernizadoras. En cualquier caso, la productividad laboral media de la región está todavía considerablemente por debajo de los estándares internacionales y los datos disponibles sugieren que la distancia entre unos y otros no se están reduciendo significativamente a través del tiempo[120] .

Por otra parte, el proceso privatizador en que están inmersos buena parte de los países del área no está suponiendo la introducción de un mayor nivel de competencia en la economía debido a que las empresas privatizadas siguen teniendo el monopolio de la actividad.

Por último, en lo que respecta al bienestar y equidad social, hemos visto como en China ha habido un aumento importante del bienestar social, las desigualdades, aunque están creciendo, no son excesivas, se ha reducido significativamente la pobreza desde 1979 y el desempleo es reducido[121]. En cambio, las sociedades latinoamericanas se han caracterizado por una distribución altamente desigual del ingreso y de los activos, por una escasa cohesión social y por un elevado desempleo[122].

Las políticas de los gobiernos latinoamericanos han tendido a incrementar la desigualdad. Ello se ha agravado con las políticas de estabilización y de ajuste estructural, que tienen un gran coste social, ya que las primeras tienden a contraer la demanda y las segundas han conducido a un elevado desempleo, en un contexto de progresiva eliminación de buena parte de los instrumentos de cobertura de desempleo[123].

Así, pues, a modo de conclusión, los datos anteriores muestran como los resultados económicos en China han sido significativamente mejores a los de los países latinoamericanos. Ello se explica, principalmente, por las diferencias entre ambas regiones en cuatro aspectos: el papel del estado, que en Latinoamérica ha seguido el modelo ISI, la menor inversión y ahorro internos en esta región, el papel diferente de la inversión extranjera y su mayor inestabilidad macroeconómica. En el esquema I.1.10. se aprecia cómo éstos han sido factores clave para explicar los resultados económicos chinos[124]. Por lo tanto, es lógico que si en América Latina existen diferencias respecto a estos factores, también hayan diferencias en cuanto a sus resultados económicos.

  1. Modelo de transición económica de Europa Oriental y Central (1980-97)

Existe un consenso entre los especialistas en que la transformación de una economía de planificación central en economía de mercado es una tarea sin precedentes[125]. Branko Horvat[126] opina que la primera experiencia de transición acontenció en Yugoslavia, pero, como indica Bauer, en este caso no se dio un proceso de construcción del capitalismo[127].

Ante esta falta de precedentes que sirvieran de guía para el proceso de transición de las economía planificadas, China y Rusia han tomado caminos muy diferentes hacia la transición desde una economía planificada a una economía de mercado[128]. Las dos diferencias más importantes entre el modelo seguido por Rusia y la mayor parte de los países del Este y el modelo seguido por China son, por un lado, la estrategia del “big bang” en los primeros frente al gradualismo en China[129], y, por otro, la estrategia orientada al desarrollo de la industria pesada en los primeros, frente a la estrategia china basada en la explotación de las ventajas comparativas y en la  prioridad a inversiones que produzcan un alto crecimiento.

Para los dirigentes de los países del Centro y el Este de Europa, el gran objetivo inmediato era la homologación con los países occidentales, en especial con los europeos[130]. Para llevar a cabo esta homologación en el terreno económico, la mayor parte de los debates sobre la transición económica desde una economía planificada a una economía de mercado se han centrado en el dilema entre el planteamiento gradualista y el big bang (terapia de choque), recomendado por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial[131] y equipos asesores de Harvard. Los defensores del big bang argumentaban que, puesto que los componentes de una economía planificada están interconectados, una reforma gradual estaba condena al fracaso[132] y que la reforma rápida era el único camino para alcanzar la eficiencia sin pérdidas, retrasos y marchas atrás[133].

En cambio, los defensores del planteamiento gradualista han sostenido que una mejora económica sustancial sólo sería posible a través de reformas parciales, sucesivas y bien diseñadas y de un aprendizaje progresivo, poniendo de relieve las limitaciones y consecuencias políticas de las reformas bruscas[134]. En este sentido, se argumentó que la política de estabilización macroeconómica junto con el abandono total del sistema de planificación podrían causar una reducción de la producción, que una liberalización plena podría hundir los salarios y el consumo y que un decreciente nivel de vida podría dar lugar a marchas atrás debido a una falta de apoyo socio-político a las reformas[135].

Han mantenido que el big bang es técnicamente imposible, ya que requiere un adecuado conocimiento de los precios de forma inmediata y esto es justamente lo que necesitaba la economía planificada y no pudo conseguirlo[136]. Asimismo, también se destacó la importancia de un marco legal estable, que no podría ser creado rápidamente[137], así como la importancia de satisfacer adecuadamente las necesidades de un sistema en evolución[138].

Como se ha anticipado, mientras que la reforma en China se hizo de una forma gradual[139], consistente en un serie de pequeñas explosiones controladas que han permitido el cambio minimizando el riesgo de inestabilidad[140], la Unión Soviética y Europa del Este fueron más atraídas por big bang u otros planteamientos irregulares. Los dos aspectos más relevantes del big bang son la rápida liberalización de los precios y la privatización de las empresas públicas.

Por un lado, a diferencia de China, en que los precios se liberalizaron de forma gradual[141], el big bang de los países del Este supuso una liberación rápida de los precios, lo que en un contexto de una escasez de suministros típica del socialismo condujo directamente a la hiperinflación. La liberación de precios de Polonia produjo índices de inflación por encima del 2.000% durante los últimos cuatro meses de 1989. La Unión Soviética experimentó una tasa de inflación del 91% en 1991 y de alrededor del 2.000% en el 1992, así como una fuerte depreciación de su moneda. Las consecuencias sociales de dicha coyuntura fueron importantes: por ejemplo, en junio de 1992 las explotaciones agrícolas soviéticas sufrieron una seria crisis debido a que los equipos que necesitaban costaban setenta veces más de lo que el año anterior, mientras que el precio de la leche aumentó sólo siete veces. La elevada inflación ahuyentó tanto las inversiones nacionales como las extranjeras, minando el potencial de crecimiento económico. Además, la inflación ocasionó quiebras innecesarias[142].

Por otra parte, se emprendió una rápida privatización en algunos países del Este[143]. Josez M. Van Bravant señala que la mayor parte de actuaciones han revestido la forma de pequeñas privatizaciones, exagerándose a menudo la extensión real de la desposesión última[144]. Sin embargo, el sector público, que generaba el 75%-95% del PIB en las economías de tipo soviético, ha reducido su peso a porcentajes cercanos al 30%, lo que muestra la rapidez de la transición y, más concretamente, de la privatización[145].

Este rápido proceso de privatización tuvo consecuencias negativas en estas economías. Aunque Jozef M. Van Bravant señala que todavía es demasiado pronto para extraer cualquier clase de inferencia firme de las experiencias de privatización[146], se ha constatado que el proceso de privatización no ha logrado crear competencia y eficiencia, no ha dado tiempo a las firmas nacionales para adaptarse y ser competitivas y ha provocado que se vendiese el patrimonio nacional a precios de saldo, debido a se ofreció un gran número de empresas en el mercado en un momento en que había poca demanda para ellas, poca rentabilidad y frecuentemente una caída de la moneda[147]. En algunos casos condujo al caos económico. Por ejemplo, el Plan Shatalin, que recibió una amplia aprobación por parte de Occidente en la era Gorbachov, preveyó la privatización de muchas de las industrias soviéticas en un período de quinientos días. Los mismos catedráticos que aplaudían este plan habrían reconocido que un plan para cambiar la propiedad y dirección de todas las mayores firmas de Nueva York y Londres en menos de dos años sólo podría conducir a un caos[148].

En la actualidad se toma conciencia de que el proceso de privatizaciones va a ser más lento, más limitado y más laborioso de lo que parecía en los primeros momentos del postcomunismo[149]. En este sentido, Wladimir Andreff aconseja no ir deprisa en las privatizaciones, sino tener una visión y una estrategia a largo plazo llena de paciencia y prudencia[150]. Este autor señala, asimismo, que si no se quiere que las empresas estatales sean vendidas a precios de saldo primero habría que sanearlas y que parece necesario a estos efectos someterlas a una competencia cada vez mayor[151].

En cambio, una característica clave del proceso de transición económica en China, como hemos visto, ha sido la entrada de sectores no públicos, especialmente de las empresas rurales y extranjeras, y la reestructuración del sector público[152], en vez de privatizar los sectores públicos existentes[153].

Otra diferencia importante entre la estrategia seguida por la antigua Unión Soviética y algunos países de Europa del Este y la seguida por China es que la primera, al igual que ha sucedido en Latinoamericana, ha estado centrada en la industria pesada. La Unión Soviética descuidó la agricultura y dedicó una excesiva atención a la industria pesada; los primeros programas de Gorbachov hicieron hincapié en la importación masiva de equipos, la fabricación de maquinaria, la organización de la industria bajo superministerios, la mejora de la industria petrolera y el fomento de los sectores automovilísticos y de alta tecnología, es decir, industrias intensivas en capital. El posterior debate sobre la privatización también prestó excesiva atención a las industrias que requerían inversiones importantes, más que a los sectores de costes bajos y retornos rápidos[154].

El resultado de esta estrategia en la antigua Unión Soviética y algunos países de Europa del Este ha sido una gran caída de la producción[155]. Asimismo, esta estrategia creó un menor número de puestos de trabajo bien remunerados, dejando una gran parte de la masa laboral sin empleo[156].

Por el contrario, China, siguiendo los ejemplos de los nuevos países industrializados de Asia, ha orientado su estrategia a explotar sus ventajas comparativas y ha concedido prioridad a las industrias y a los sectores donde las inversiones gubernamentales producen un rápido crecimiento. Primero desarrolló las explotaciones agrícolas, generando grandes incrementos en la productividad, en los ingresos y en la producción con reducidas inversiones públicas; el papel del estado quedó en gran parte limitado a la creación de un marco legal y al uso de los aparatos administrativos existentes.

En segundo lugar, China ha sido muy favorable a las inversiones extranjeras. Aunque los incentivos y la normativa reguladora de las inversiones extranjeras han requerido un refinamiento continuo, ha sido suficientemente generosa como para atraer importantes volúmenes de inversión extranjera. Esto produjo importantes mejoras tanto en la producción como en las exportaciones con costes insignificantes para el gobierno.

Por último, China ha dado prioridad a las industrias ligera y media, en las que reducidas inversiones iniciales generan un rápido crecimiento de la producción. Al igual que Taiwan y Hong Kong, que habían inundado el mercado con productos textiles, prendas de vestir, calzado, muñecos y electrónica a nivel de usuario durante las décadas de los sesenta y setenta, China se convirtió rápidamente en una potencia de este tipo de productos durante los ochenta y noventa.[157].

La diferencia entre los resultados de las economías de los países en transición del Este de Europa y los resultados económicos chinos son abrumadores[158]. En Rusia y los países de Europa del Este que adoptaron el big bang, contrariamente a las expectativas de los diseñadores de dicho enfoque, la terapia de choque produjo más “choque” que “terapia”, siendo los resultados muy insatisfactorios[159], tanto en crecimiento económico, como en la mejora de la eficiencia económica, modernización tecnológica y mejora del bienestar y equidad social. Buena parte de los países occidentales creyeron durante mucho tiempo en el mito de que China era la versión empobrecida de la Unión Soviética que seguiría los fallos más recientes de ésta, ya que ambos eran países comunistas. Por el contrario, el planteamiento chino ha demostrado unos resultados excelentes[160].

Por lo que se refiere al crecimiento económico, en la antigua Unión Soviética y algunos países de Europa del Este se ha dado una gran caída de la producción[161], seguida por una recuperación en algunos países[162]. En Rusia, el PIB se redujo en un 13% en 1991, en un 19% en 1992, en un 12% en 1993 y en un 15% en 1994[163]. En Europa central y oriental , el PIB real medio se redujo en un 13% en 1991, en un 11,3% en 1992, en un 6,1% en 1993 y en un 3,8% en 1994[164]. En ambos casos, la caída acumulada del PIB real es comparable a la de la Gran Depresión.

Cuadro I.1.32. Evolución del PIB de diversos países de Europa del Este entre 1989 y 1993

(%)

 

1989 1990 1991 1992 1993
Rusia 3,0 -2,1 -9,0 -19,4 -12,0
Ucrania 7,9 -3,2 -1,9 -10,6 -16,0
Polonia 0,2 -11,6 -7,6 1,0 4,0
República Checa 0,7 -3,5 -20,2 -9,0
Hungría 0,7 -3,5 -11,9 -5,0 -1,0

 

Fuente: EIU

Por el contrario, China, que ha seguido el enfoque gradualístico, mantuvo su  PIB real en una media del 9% desde 1978, comparable al gran crecimiento de Japón, Corea del Sur y Taiwan tras la Segunda Guerra Mundial[165].

También existen diferencias importantes en cuanto a la mejora de la eficiencia económica y modernización tecnológica. La estrategia china orientada a explotar sus ventajas comparativas le ha llevado, como se ha explicado, a una mayor eficiencia económica y competitividad internacional. Por el contrario, la política seguida por los países en transición de Europa Oriental y Central ha llevado a que sus industrias sean poco competitivas e ineficientes, habiendo realizado la reestructuración industrial un progreso relativamente limitado[166]. Así como buena parte del crecimiento de China, incluso en el sector de las empresas públicas, es debido al creciente uso eficiente del capital, del trabajo y de la tecnología, no sucede lo mismo en la mayoría de aquellos países, donde las industrias que han crecido lo han hecho, en general, a base de que el gobierno esté inyectando cada vez más recursos, proceso que tiene un límite.

Por último, en cuanto a bienestar y equidad social, el declive económico de los países en transición de Europa Central y Oriental ha supuesto un deterioro del desarrollo humano[167], con aumento del paro[168] y deterioro importante de los salarios en estos países[169]. En cambio, el proceso de reforma, aunque ha aumentado las desigualdades sociales, ha reportado una gran mejora del bienestar social y una importante reducción de la pobreza, siendo el desempleo moderado[170].

Además, el proceso de reforma de los países del Centro y el Este de Europa ha dado lugar a un gran aumento de la inflación, seguido de una estabilización de la tasa de inflación a niveles de moderados a altos[171], así como a una gran dificultad para mantener el déficit presupuestario en niveles aceptables, salvo excepciones y lenta transformación estructural[172].

Todos los problemas que se acaban de comentar en Europa del Este y la Unión Soviética condujeron a una desilusión política a principios de 1992. Por ejemplo, a mediados de 1993 apareció el hambre en la región de Biezcady de Polonia y los resultados electorales mostraron que la mayoría de los votantes polacos estaban convencidos de que el comunismo era el mejor sistema[173]. En la actualidad, la política económica, aunque reformadora, es más flexible o más social[174].

Así como los experimentos con el comunismo terminaron invalidando la ideología aplicada, los experimentos con la transición económica  hacia una economía de mercado no constituyen una validación de la economía neoclásica, sino que más bien parecen suministrar apoyo empírico para un ataque teórico a la perspectiva neoclásica a tanto economistas institucionales como a teóricos de sistemas evolutivos[175]. La fuerte recesión económica, junto con el abandono de la terapia de choque y el fracaso electoral de partidos prooccidentales y prodemocráticos en algunos países han demostrado el fracaso de la política macroeconómica de dichos países, así como simbolizado la quiebra de la economía neoclásica.

 

[1] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[2] FIORETTI, L., Cina. Di consumatori in agguato, Epoca, 31 enero 1997, p. 50.

 

[3] FIORETTI, L., Cina. Di consumatori in agguato, Epoca, 31 enero 1997, p. 50.

 

[4] OVERHOLT, William H., China, The Next Economic Superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 6.

[5] DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS ECONOMICOS Y MONETARIOS DE ARGENTARIA, La economía en Asia en 1995. Boletín del ICE, 2498, abril 1996.

 

[6] LUTZ, J.M. Y Y.W. KIHL, The Nics, shifting comparative advantage, and the product life cycle. Journal of World Trade, February, 1990 .

[7] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[8] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 6.

[9] SIMPOSIO SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL EN BEIJING, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 12.

 

[10] SIMPOSIO SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL EN BEIJING, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 11.

 

[11] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 206.

 

[12] RANIS, G., Latin American and East Asian NICs: development strategies compared, en E. Durán, Latin American and the World recession, Cambridge University Press, Cambridge, 1985.

 

[13] THE WORLD BANK, The East Asian Miracle: Economic Growth and Public Policy, Nueva York, Oxford University Press, 1993.

 

[14] Ver apartado I.1.1.1.3.

 

[15] Ver apartados I.1.1.1.1.G, I.2.2.1.2. y      I.2.2.3.2.

 

[16] Ver apartado I.1.1.1.1.G.

 

[17] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 212.

 

[18] BUSTELO, P., La orilla asiática del Pacífico: crecimiento económico e integración comercial en los años noventa, Boletín Económico de Información Comercial Española, 2515, Setiembre 1996.

 

[19] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 215.

 

[20]  BIURRUN, P., Macao, el hermano no tan pobre de Hong Kong, Negocios, 29 de abril de 1996, p. 40.

 

[21] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 215.

 

[22] Tanto los EE.UU como la UE tienen aranceles mayores para la importación de productors manufacurados tanto de baja como de alta tecnología (KWACK, S.Y., The economic delopment of the Republic of Korea, 1965 – 1981, en Lawrence Lau (edit.), op. Cit.

 

[23] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[24] YAMAZAWA,  I., Trade and Industrial Adjustment, Review of Pacific Cooperation Activities. Japan National Commitee for Pacific Economic Cooperation. Japan Institute of Internacional Affairs, Tokio 1988.

 

[25] Ver RAPP, W., The Many Possible Extensiones of Product of cycle Analysis, Hitotsubashi Journal of Economics, Tokio 1975.

 

[26] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[27] LLAL, S., Technological capabilities and industrialization, World Development, Vol. 20, no. 2, 1992.

[28] LLAL, A., Building industrial competitivenes in developing countries, OECD Development Center, 1990.

 

[29] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 206.

 

[30] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 206.

 

[31] LLAL, S., The East Asian miracle: does the bell toll for industrial strategy?, Development Studies Working Paper no 67, Queen Elizabeth, Oxford, Centro Studi Luca D’Agliano, Turín, Italia 1993.

 

[32] Ver apartado I.1.2.

 

[33] Ver apartado I.1.1.1.2.B.

 

[34] NELSON, R.R., National innovation systems: A comparative analysis, New York, Oxford University Press, 1993.

 

[35] Promedio de Singapur, Hong Kong, Corea del Sur, Taiwan, Malasia, Tailandia, Filipinas, Indonesia, India y China.

 

[36] DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS ECONOMICOS Y MONETARIOS DE ARGENTARIA, La economía de Asia en 1995, Boletín ICE Económico nº 2498.

 

[37] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[38] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[39] ENCARNATION. D., Bringing East Asia into the US – Japan rivalry: The regional evolution of America and Japanese multinational, documento preparado para la Conferencia: Regionalization in the World Economy: The impact of Regional Arrangements on the multilateral trade and Investment Systems, Institute of the America, Universtiy of California, San Diego, 1994.

 

[40] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[41] BOWRING, A., The US Automotive Aftermarket: Opportunities and Constraints for Developing Coountry Supliers, Industry Series Paper, no. 39, Washington, Banco Mundial 1990.

 

[42] Cfr. apartado I.1.1.1.2.C.

 

[43] SIMPOSIO SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL EN BEIJING, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 11.

 

[44] SIMPOSIO SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL EN BEIJING, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 12-13.

 

[45] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 220.

 

[46] DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS ECONOMICOS Y MONETARIOS DE ARGENTARIA, La economía de Asia en 1995, Boletín ICE Económico nº 2498.

 

[47] Ver apartado I.1.1.1.2.D.

 

[48] LARRAÍN, F. Y VERGARA, R., Inversión y ajuste macroeconómico: el caso del Este de Asia, El trimestre económico, 238, Fondo de Cultura Económica, México 1993. Los autores calculan estos coeficientes para Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México, Perú y Uruguay el período 1975 – 1988.

 

[49] FAJNZYLBER, F., Reflexiones sobre la industrialización exportadora del Sudeste Asiático, Revista de la Cepal nº 15, diciembre 1981.

 

[50] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 205.

 

[51] SIMPOSIO SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL EN BEIJING, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 11.

 

[52] VALVERDE, G., China ruge. El gigante empieza a despertar, Tiempo 25 de marzo de 1996, p. 73.

 

[53] Estas economías también han conseguido una diversificación creciente de la producción industrial, produciéndose una gama cada vez más amplia de productos manufacturados.

 

[54] ANONIMO, Dinero nº 550, 7 de marzo de 1994, p. 37.

 

[55] Para medir esta capacidad, la UBS ha desarrollado un baremo de criterios en los que se cruzan las inversiones en producción y educación, la eficacia de la economía en la explotación de sus recursos y las tendencias a desarrollarse sobre la base de resultados pasados.

 

[56] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 2021

 

[57] KIICHIRO, F. y WALL, D., China’s long march to an open economy, OECD, Development Centre Studies, París, 1994.

 

[58] DÍAZ, C., Política Económica en Centro y Periferia, Fondo de Cultura Económica, México 1976.

 

[59] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[60] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 206.

 

[61] Ver apartado I.1.1.1.1.G.

 

[62] Ya que, a causa de las graves dislocaciones del sistema económico internacional, Latinoamérica afrontó agudas escaseces de manufacturas de consumo importadas y un crecimiento lento pero constante de la demanda de tales bienes.

 

[63] HIRCHSMAN, A., La Economía Política de la industrialización a través de la sustitución de importaciones en América Latina, El Trimestre Económico Vol. XLIII (2). México, abril -junio, 1996, nº 250.

 

[64] Ver CEPAL, The Economic Development of Latin America and its principal problems, Naciones Unidas, 1950; CEPAL, International cooperation in Latin American development policy”, Naciones Unidas, 1954; PREBISCH, R., Commercial policy in the underdeveloped countries, American Economic Review, Vol. 49, 1959.

 

[65] STIGLER, G. , The division of labors is limited by extent of the market, Journal of Political Economic, LIX, 1951.

 

[66] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 215.

 

[67] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

[68] Ver apartado I.1.1.3.1.B.a.

 

[69] FELIX, D., Monetarits, structuralist and import – substituting industrialization, W. Baer e I. Kerstenetzky (comps.), Inflation and growth in Latin America, Homewood, Illinois, Irwin, 1954.

 

[70] Ver apartados I.1.1.1.2.C y I.1.1.3.1.B.a.

[71] Ver apartado I.1.1.1.2.B

 

[72] Ver apartado I.1.1.1.2.B

 

[73] Ver apartado I.1.1.1.2.B.

 

[74] Ver apartado I.1.1.1.2.B.

 

[75] BUSTELO, P. La orilla asiática del Pacífico, crecimiento económico e integración comercial en los años noventa, Boletín Económico de Información Comercial Española, 2515, Setiembre 1996.

 

[76] THE WORLD BANK, The East Asian Miracle: Economic Growth and Public Policy”, Nueva York, Oxford University Press, 1993.

 

[77] Ver apartado I.1.1.1.2.B.

[78] Ver apartado I.1.1.3.1.B.a.

[79] Ver apartado I.1.1.1.1.A.

[80] Ver apartado I.1.1.3.

 

[81] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[82] LIPSET, S., Values, education and entrepreneurship, en Klaren, P. y Bossert, T. (edit.) Promise of development – Theories and change in Latin America, Westview Press, Boulder, 1986.

[83] Ver apartado I.1.1.1.2.B y I.1.1.1.2.D.

[84] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[85] NEWFARMER R., Multinational Corporation in Brazil and Mexico: structural sources of economic and non economic power, Report to United States Senate, Washington, D.C., U.S. Gorvernment Printing Office, 1975.

 

[86] KAFKA, A., The theorical interpretation of Latin American economic delopment, H.S. Ellis (comp.), Economic Devolopment in Latin American, Nueva York, St. Martin’s Press, 1961, p. 21.

 

[87] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[88] Ver MORTIMORE, M., Las transnacionales y la industria en los países en desarrollo, Revista de la Cepal 81, diciembre 1993, p. 29.

 

[89] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[90] CORBO, V., Growth oriented adjutsment programs, FMI y Banco Mundial, Washington, 1987.

 

[91] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 206.

 

[92] DAMILL, M., La macroeconomía de América Latina: de la crisis de la deuda a las reformas estructurales,  Documentos CEDES, 100. Buenos Aires – 1984.

 

[93] Ver apartado I.1.1.1.1.G.

 

[94] FANELLI, J.M., Growth and structural reform in Latin American. Where We Stand, en: Alvaro Zini Junior, Oxford, 1992.

 

[95] Ver KOSACOFF, B., Nuevas bases de la política industrial, Revista de ICE, 732-733, agosto – sept. 1994.

 

[96] Ver CEPAL, Quince años de desempeño económico. América Latina y el Caribe, 1980 – 1995, Santiago de Chile, 1996.

 

[97] Ver BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO, Una década de reforma en América Latina ¿Cuáles son los próximos pasos?, documento de seminario realizado en Barcelona con motivo de la última Asamblea de Gobernadores del citado banco en marzo de este año.

 

[98] Ver apartado I.1.1.1.1.

 

[99] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 50.

 

[100] Ver BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO, Una década de reforma en América Latina ¿Cuáles son los próximos pasos?, seminario realizado en Barcelona con motivo de la última Asamblea de Gobernadores del citado banco en marzo de 1997.

 

[101] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 50.

[102] Ver SUBDIRECCIÓN GENERAL DE ESTUDIOS DEL SECTOR EXTERIOR, Un Balance de las Reformas en América Latina  en los últimos diez años, Boletín del ICE, 2544, mayo 1997, DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS ECONOMICOS Y MONETARIOS DE ARGENTARIA, Iberoamérica en 1995, Boletín del ICE, 2497, abril 1996.

[103] Ver apartado I.1.1.1.1.D y E.

 

[104] Ver BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO, “Una década de reforma en América Latina ¿Cuáles son los próximos pasos?”, seminario realizado en Barcelona con motivo de la última Asamblea de Gobernadores del citado banco en marzo de este año.

 

[105] SUNKEL, O. y ZULETA, G., Neoestructuralismo versus neoliberalismo en los años noventa, Revista de la Cepal nº 42, diciembre de 1990, p. 37.

 

[106] PAZOS, F.  La crisis latinoamericana, Revista del Banco Central de Venezuela 5, 1990.

 

[107] KUZNETS, S. Modern economic growth: rate, structure and spread, New Haven, Yale Universtiy Press, 1966.

 

[108] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990,  p. 206.

 

[109] SUNKEL, O. y ZULETA, G., Neoestructuralismo versus neoliberalismo en los años noventa, Revista de la Cepal nº 42,  diciebre de 1990,  p. 35.

 

[110] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 54.

[111] DAMILL, M. La macroeconomía de América Latina: de la crisis de la deuda a las reformas estructurales, Documentos CEDES, 100. Buenos Aires – 1984.

[112] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 58.

 

[113] Ver KOSACOFF, B., Nuevas bases de la política industrial, Revista de ICE, 732-733, agosto – sept. 1994.

 

[114] Ver CEPAL, Quince años de desempeño económico. América Latina y el Caribe, 1980 – 1995,  Santiago de Chile, 1996.

 

[115] Ver EDWARDS, S., El futuro de las Reformas latinoamericanas, Revista del ICE, agosto – sept. 1994, Nº 732 – 733; AGOSIN, M. y FFRENCH, D., Liberalización Comercial y Desarrollo, Revista del ICE, agosto – sept. 1994, Nº 732 – 733; y IGLESIAS, E., Cambios fundamentales en la estrategia de política económica, Revista del ICE, agosto – sept. 1994, Nº 732 – 733.

 

[116] Ver apartado I.1.1.1.2.

[117] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 50.

[118] FÉLIX, D. Monetarits, structuralist and import – substituting industrialization, W. Baer e I. Kerstenetzky (comps.), Inflation and Growth in Latin America, Homewood, Illinois, Irwin, 1954.

 

[119] MORTIMORE, M., Las transnacionales en los países en desarrollo, Revista de la CEPAL Nº 51, diciembre 1993.

 

[120] BENAVENTE, J.M. y otros, Las transformación del desarrollo industrial en América Latina, Revista de la Cepal 60, diciembre 1996,  p. 54.

 

[121] Ver apartado I.1.1.1.2.F.

[122] SUNKEL, O. y ZULETA, G., Neoestructuralismo versus neoliberalismo en los años noventa, Revista de la Cepal nº 42,  diciebre de 1990, p. 36.

 

[123] Ver SUBDIRECCIÓN GENERAL DE ESTUDIOS DEL SECTOR EXTERIOR, Un Balance de las Reformas en América Latina  en los últimos diez años, Boletín del ICE, 2544, mayo 1997.

 

[124] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[125] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 14.

 

[126] HORVAT, B., Caprichos de la economía yugoslava, Cuadernos del Este, 1992, 5, Madrid.

 

[127] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 14.

 

[128] SOLIMANO, A., The postsocialist transitions in comparative perspective: policy issues and recent experience, World Development 21, 1993, p. 1823.

 

[129] AMSDEN, A.H., DONGYI LIU y XIAOMING ZHANG, China’s macroeconomy, environment and alternative transition model, World Development, ol. 24, nº 2, p. 276.

 

[130] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 15.

 

[131] AMSDEN, A.H., DONGYI LIU y XIAOMING ZHANG, China’s macroeconomy, environment and altrnative transition model, World Development, ol. 24, nº 2, p. 276.

 

[132] ERICSON, R.E.,  The classical Soviet-style economy: nature of the system and implications for reform, Journal of Economic Perspectives 5, no. 4, 1991, p. 11.

 

[133] MURPHY, K.M, SHLEIFER, A. and NISHINH, R.W., The transition to a market economy: pitfalls of partial reform, The Quarterly Journal of Economics 107, 1992, p. 889.

 

[134] GOUREVITCH, M. Democrac and economic policy: effective affinities and circumstantial conjunctures, World Development 21, 1993, p. 1271.

 

[135] SOLIMANO, A., The postsocialist transitions in comparative perspective: policy issues and recent experience, World Development 21, 1993, p. 1823.

 

[136] MURRELL, P., Can neoclassical economics underpin the reform of centrally planned economies, Journal of Economic Perspectives 5, no. 4, 1991, p. 59.

 

[137] LITWACK, J.M.,  Legality and market reform in Soviet-type economics, Journal of Economic Perspectives 4, no. 4, 1991, p. 77.

 

[138] PETR, J.L., Economic reforms in socialist economies: an evolutionary perspective, Journal of Economic Issues 24, 1990, P. 1.

 

[139] Ver apartado I.1.1.1.1..

 

[140] YUSUF, S., China’s macroeconomic performance and management during transition, Journal of economic perspectives, Volume 8, Number 2, Spring 1994, p. 70.

 

[141] Ver apartado I.1.1.1.1.A, B y C.

 

[142] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 13.

[143] DENGJIAN, J. y HAYNES, K.E., Economic transition at the edge of order and chaos: China’s dualist and leading sectoral approach, Journal of Economic Issues, Vol. XXXI, no 1, March 1997,  p. 82.

 

[144] VAN BRAVANT, J.M., Rumbos de privatización en el Este, Cuadernos del Este, (1992 (7),  p. 19.

 

[145] FLORES, G., Privatización y características específicas de los sistemas capitalistas postsoviéticos, Cuadernos del Este, 1991 (3), Madrid,  p. 42.

 

[146] VAN BRAVANT, J.M., Rumbos de privatización en el Este, Cuadernos del Este, (1992 (7),  p. 19.

 

[147] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 36.

[148] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 12.

[149] ANDREFF, W., Restricciones sistémicas y restricciones externas en las privatizaciones, Cuadernos del Este, (1992 (7),  p. 23.

 

[150] ANDREFF, W., Técnicas y experiencias de privatización, Cuadernos del Este, 1991 (3), Madrid, p. 96.

 

[151] ANDREFF, W., Técnicas y experiencias de privatización, Cuadernos del Este, 1991 (3), Madrid, p. 96.

 

[152] AMSDEN, A.H., DONGYI LIU y XIAOMING ZHANG, China’s macroeconomy, environment and altrnative transition model, World Development, ol. 24, nº 2, p. 276.

 

[153] NAUGHTON, B., Chinese institutional innovation and privatization from below, American Economic Review 84, 1994, P. 266.

 

[154] Estas prioridades se extienden a lo largo de la historia soviética y se remontan a la teoría marxista. Reflejan puntos de vista de desarrollo obsoletos basados en los análisis de Marx sobre el siglo XVIII británico y en el momento en que la URSS invirtió excesivamente en la industria pesada relacionada con el campo militar.

 

[155] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 14.

 

[156] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 8.

[157] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 6.

[158] AMSDEN, A.H., DONGYI LIU y XIAOMING ZHANG, China’s macroeconomy, environment and altrnative transition model, World Development, ol. 24, nº 2, p. 276.

 

[159] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 13.

[160] DENGJIAN, J. y HAYNES, K.E., Economic transition at the edge of order and chaos: China’s dualist and leading sectoral approach, Journal of Economic Issues, Vol. XXXI, no 1, March 1997, p. 79.

 

[161] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 14.

 

[162] LAVIGNE, M., Central European Countries: balance sheet of a stabilization, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 180.

 

[163] INTERNATIONAL MONETARY FUND, World Economic Outlook: October 1995, International Monetary Fund, Whashington, D.C., 1995.

 

[164] INTERNATIONAL MONETARY FUND, World Economic Outlook: October 1995, International Monetary Fund, Whashington, D.C., 1995.

 

[165] DENGJIAN, J. y HAYNES, K.E., Economic transition at the edge of order and chaos: China’s dualist and leading sectoral approach, Journal of Economic Issues, Vol. XXXI, no 1, March 1997,  p. 81.

 

[166] HARE, P. y RICHET, X., Firm adjustment and barriers to restructuring in transition economies, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 155.

 

[167] LAVIGNE, M., Central European Countries: balance sheet of a stabilization, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 180.

 

[168] BASTIDA, B. y VIRGILI, M.T., La crisis de los países de Europa Central y Oriental, Cuadernos del Este, 1993 (8), p. 14.

 

[169] AMSDEN, A.H., DONGYI LIU y XIAOMING ZHANG, China’s macroeconomy, environment and altrnative transition model, World Development, ol. 24, nº 2, p. 277.

 

[170] Ver apartado I.1.1.1.2.f.

 

[171] LAVIGNE, M., Central European Countries: balance sheet of a stabilization, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 180.

 

[172] LAVIGNE, M., Central European Countries: balance sheet of a stabilization, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 180.

 

[173] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 13.

[174] ANDREFF, W., La transformación económica de los países del Este ocho años después: resultados y retos para el futuro, Cuadernos del Este, 1997 (20), Madrid, p. 28.

 

[175] KOLOWSKY, R., Market institutions, East European reform and economic theory, Journal of Economic Theory, 26 (1992), p. 673.

a.1. Análisis del modelo de desarrollo de Asia Oriental (1960-1997) y comparación con el modelo chino de desarrollo (1979-1997)