a.1. Análisis del modelo de desarrollo de Asia Oriental (1960-1997) y comparación con el modelo chino de desarrollo (1979-1997)

Los principales comunes denominadores que han determinado la evolución de las economías de Asia Oriental son los siguientes: el intervencionismo estatal[1], que ha adoptado un modelo consistente en explotar las ventajas competitivas a través de orientación a la exportación y la limitación de la importación, las elevadas tasas de inversión y ahorro internos, el fomento de la inversión extranjera, la mano de obra abundante, barata y cualificada, y la estabilidad macroeconómica. Se trata, pues,  como hemos visto[2], de factores que también han estado presentes en China durante el período 1979-1997 y que, con ciertas diferencias y matices, explican el crecimiento económico chino en ese período. En este sentido, si se contemplan los esquemas I.1 y I.3, en el que se expone el funcionamiento de la economía china y se explica su elevado crecimiento, se puede apreciar como también figuran estos factores como determinantes de los resultados económicos chinos. Ello se explica  por el hecho de que China, en vez de imitar a sus camaradas comunistas, decidió seguir una estrategia de típicamente asiática, basándose en el análisis de los países asiáticos vecinos, especialmente de Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur[3].

Esquema I.1.19. Principales características de las economías de Asia Oriental

Fuente: Elaboración propia

Al igual que sucede en China, los gobiernos de la mayor parte de países de Asia Oriental no han seguido la doctrina neoclásica que sugiere que el Estado debe limitarse a cubrir las deficiencias del mecanismo de mercado, sino que han adoptado un papel intervencionista en el proceso de desarrollo, interviniendo en el mercado en diferentes niveles para movilizar el potencial del sector público, las empresas y los individuos[4], estimulando la competencia y guiando la inversión[5]. Así, los gobiernos de estos países han participado activamente en el proceso de desarrollo económico tanto a través de la creación de un entorno favorable para el desarrollo económico como de la utilización de políticas sectoriales, como la reforma agraria en Corea y Taiwan a mediados de década de los cincuenta, que ayudó a la creación de un sector empresarial y a ampliar el mercado doméstico.

Para el desarrollo de estos países ha sido fundamental el papel que ha tenido el Estado en el comercio. En este sentido, los gobiernos de Asia Oriental han utilizado, en general, políticas centradas en la explotación de ventajas comparativas, tanto en el mercado interno como en los mercados exteriores, aprovechando especialmente oportunidades de exportación a través de estrategias de desarrollo orientadas hacia afuera[6]. Ello se ha instrumentado principalmente  mediante una promoción de las exportaciones combinada con una protección selectiva frente a las importaciones.

El modelo seguido no ha sido uniforme a lo largo del tiempo, sino que frecuentemente se han dados varias etapas. Así, en Taiwan y Corea del Sur, tras una fase previa de exportación de productos primarios en la primera mitad del siglo XX, se siguió una estrategia de sustitución de importaciones en los años cincuenta, en la que las industrias con uso intensivo de mano de obra comenzaron a producir para los mercados internos. Esta fase fue seguida por una etapa en los años sesenta orientada hacia la exportación de la producción de estas industrias con uso intensivo de mano de obra. A partir de 1973 se indujo a un cambio en la estructura industrial a través de políticas de sustitución de importaciones para sectores intensivos en capital y mano de obra especializada, lo que estimuló tanto la sustitución de importaciones como las exportaciones de sectores más especializados e intensivos en capital de manera integrada y sistemática[7].

Para implementar las estrategias expuestas se han utilizado muchos instrumentos, como la concesión de créditos subvencionados a determinadas industrias, el control de las tasas de interés, la concesión de subvenciones a la importación de bienes de capital, la concesión de subvenciones a industrias en crisis, la creación y el apoyo de bancos públicos y el desarrollo de instituciones de marketing para las exportaciones[8]. También se ha concedido un régimen de libre cambio a las empresas exportadoras y se ha creado un sistema de concursos en los que las empresas compiten por premios económicamente valiosos vinculados a los esfuerzos y logros de las empresas, estando en general relacionados con la actividad exportadora de estas economías. Asimismo, se ha protegido la sustitución de importaciones mediante el uso limitado de aranceles y barreras no arancelarias.

Algunos de estos instrumentos también han sido utilizados por otros países en desarrollo. Pero, lo que caracteriza a las políticas de los países de Asia Oriental es que no han sido aplicadas de forma indiscriminada y con carácter permanente, sino de forma selectiva y con carácter temporal. Así, a diferencia de muchos países en desarrollo, en que la protección a la industria joven substitutiva de las importaciones se garantiza por períodos largos de tiempo, las políticas de estos países asiáticos tienden a proteger a las industrias durante períodos más cortos y a estimular la exportación de industrias que se encuentran en una etapa inicial, para que alcancen un nivel de competitividad internacional. Asimismo, sólo se han incentivado algunas industrias seleccionadas y las ayudas han estado condicionadas a los resultados, marcando el Estado unos objetivos de exportación a las empresas y verificando su rendimiento exportador. Además, las barreras a la importación han sido utilizadas de forma restringida, de manera que el sistema de incentivos de la sustitución de importaciones no primase sobre el de promoción de las exportaciones.

China también ha utilizado políticas centradas en la explotación de ventajas comparativas mediante una promoción de las exportaciones combinada con una protección selectiva frente a las importaciones, aunque existen diferencias en cuanto a los instrumentos utilizados, el grado con que se han utilizado y la forma en que se han utilizado. Así, por ejemplo, en China las exportaciones se han promocionado sobre todo a través del uso de los tipos de cambio. Asimismo, este país ha venido concediendo a sus empresas públicas subvenciones o préstamos que nunca serán devueltos de forma más indiscriminada, con carácter permanente y sin que estén ligadas a los resultados, ya que de lo contrario quebrarían muchas empresas y un elevado número de trabajadores se quedarían sin empleo y sin prestaciones sociales[9]. Esto explica la diferencia de eficiencia económica de las empresas públicas chinas respecto a las empresas otros países de Asia Oriental. Del mismo modo, la protección de las sustitución de importaciones es más fuerte en China, con barreras elevadas incluso en comparación con otros países en desarrollo[10].

Al igual que ha sucedido en China[11], las políticas de promoción de las exportaciones[12] en los países asiáticos han propiciado un fuerte crecimiento de las mismas, que pasaron a representar de un 7,4 % de las exportaciones mundiales en 1967 a un 22,6% en 1995[13]. Las exportaciones de los países del Sudeste Asiático a mediados de los años ochenta representaron el 35% y el 52% del PIB en Corea del Sur y Taiwan, respectivamente, y casi el 100% o más en las ciudades-estado comerciales de Hong Kong y Singapur[14]. Esta tendencia continuará probablemente en el futuro. Según algunas estimaciones, en el 2015 la región Asia-Pacífico representará el 50% del comercio mundial[15].

Dicho crecimiento de las exportaciones ha estado acompañado de un importante cambio en la estructura de la canasta exportadora. En los inicios del proceso exportador, los NICs (nuevos países industrializados) asiáticos se especializaron en la producción de bienes intensivos en mano de obra no cualificada, especialmente tejidos y confecciones, diversificándose posteriormente a productos como el acero, productos petroquímicos, astilleros, automóviles y ordenadores. Así, los NICs asiáticos se han visto motivados por su ventaja comparativa dinámica más que por su ventaja comparativa estática de mano de obra disciplinada y barata[16]. También han diversificado los países de destino, lo que les ha permitido disminuir la vulnerabilidad ante fluctuaciones de precios y demanda. Esta mayor diversificación también les ayudó a evitar el mayor proteccionismo de las economías industrializadas[17]. La diversificación de las exportaciones todavía se ha dado en China de forma muy limitada, ya que se encuentra en las primeras fases de este proceso. En este sentido, en la actualidad exporta grandes volúmenes de tejidos confecciones e incluso productos electrónicos, como se aprecia en la tabla I.1.8.[18], pero es muy probable que las exportaciones se sigan diversificando en los próximos años.

Es de destacar, también, el comercio intrarregional, basado en buena parte en los ciclos del producto, lo que ha sido comparado con una bandada de ocas voladoras[19]. En esta comparación, Japón es el oca guía o el principal país innovador, que crea un nuevo producto y luego comienza a exportarlo cuando su oferta supera a la demanda interna. Con cierto retraso, los países que le siguen y que acostumbran a importar el producto aprenden a producirlo para su mercado nacional, es decir, provocan la sustitución de las importaciones del producto. En el contexto del este asiático, los “dragones” son las ocas que vuelan justo detrás de Japón. Cuando los “dragones” han saturado sus mercados nacionales para ese producto, también empiezan a exportarlo a los países que le siguen, los “tigres”, por ejemplo, que habitualmente importaban el producto de Japón. Al hacerse más competitivos, los “dragones” hacen, en primer lugar, una incursión en los mercados de exportación del país innovador (los de la “tigres”, por ejemplo), y luego penetran finalmente en su propio mercado interior (el de Japón). Al final, el país innovador se convierte en un importador neto del producto que él invento. El segundo grupo de países, los “dragones”, al mismo tiempo que están alcanzando a la oca guía innovadora, está siendo perseguido por el tercer grupo, en la escala de las ventajas comparativas. Los mercados de exportación y, finalmente,  los nacionales del segundo grupo de países para ese producto concreto también son penetrados por los perseguidores. Ahora bien, cuando esto ocurra, probablemente los “dragones” ya serán innovadores o habrán comenzado a fabricar un nuevo producto inventado por el país guía innovador. De ahí que para el segundo grupo de países el ciclo de desarrollo evolucione de importaciones crecientes a exportaciones crecientes, y de ahí a un nuevo producto[20].

Al analizar la economía china, habíamos explicado que el aumento de las exportaciones habían supuesto una mejora de la eficiencia económica y una modernización tecnológica[21]. Lo mismo ha sucedido en otros países de Asia Oriental, donde el aumento del comercio exterior ha constituido un factor importante para el desarrollo industrial y para la mejora de la eficiencia y de la competitividad[22], ya que la competencia en los mercados internacionales ha facilitado la especialización eficiente, ha desincentivado los comportamientos monopólicos y ha estimulado a las empresas exportadoras a mejorar la productividad y a conseguir economías a escala, al contar con mercados mayores que los domésticos. Asimismo, el modelo orientado a la exportación ha estimulado el desarrollo de las capacidades tecnológicas de las empresas, la obtención de información a bajo costo de los demás mercados mundiales, y sobre todo ha permitido la importación de equipos y tecnología extranjera, que ha sido importante para la modernización industrial, pues gran parte del desarrollo tecnológico y de administración de las empresas está asociado al uso eficiente de la tecnología importada más que a la innovación misma realizada al interior de ellas[23] .

Otros aspectos destacables del papel de Estado son la creación de un espíritu cooperativo y de una estructura institucional con reglas claras. Los gobiernos de estos países han creado un espíritu cooperativo entre las empresas entre sí y con el sector público, que ha permitido un intercambio transparente de información y la coordinación de las decisiones de inversión, y que ha sido, según muchos autores, decisivo para encontrar soluciones a conflictos generados en la evolución industrial de estas economías[24]. Según algunos autores, como Gereffi[25], la cultura confuciana también ha contribuido a crear dicho espíritu cooperativo. Este espíritu también está presente en China, donde existe un flujo considerable de información e incluso de conocimientos tecnológicos entre las empresas, al menos entre las empresas públicas.

Los gobiernos asiáticos crearon, asimismo, una estructura institucional con reglas e incentivos económicos claramente definidos, evitándose la aparición de monopolios y el favoritismo del gobierno[26], lo que constituye una diferencia con China, donde el marco legal e institucional está poco desarrollado, y las administraciones se caracterizan por la arbitrariedad, los favoritismos y la corrupción[27].

Otro rasgo de las economías de Asia Oriental que ha sido decisivo para su fuerte crecimiento económico y que, como hemos visto[28], también se ha dado en China, son las elevadas tasas de inversión y de ahorro internos. La inversión privada en las economías asiáticas fue de un promedio del 20% del PIB en 1995, cifra bastante superior a lo que ocurre en el resto de los países en desarrollo (15% del PIB). Junto con la inversión privada, la inversión pública, que ha sido de un promedio del 7% en 1995, también ha jugado un papel importante en la creación de condiciones favorables para el proceso de industrialización mediante la inversión de recursos en infraestructura y en investigación y desarrollo[29].

El nivel de inversión antes mencionado ha sido posible en buena parte gracias a la elevada tasa de ahorro interno, que ha pasado de cerca de un 15% en 1965 a un 40% en 1995[30], lo que supone en la actualidad la tasa de ahorro mundial más elevada[31]. Durante varios años, las cifras de ahorro de los países asiáticos han incluso superado las de inversión, llegando así a “exportar capital” vía acumulación de ahorros internacionales.

El ahorro privado ha sido estimulado por los gobiernos de las economías asiáticas a través de la creación de instituciones sólidas de ahorro. Dado que los mercados financieros han sido importantes en las economías asiáticas, el sector financiero está sometido a muchas regulaciones.

Otro de los factores que explica los resultados económicos de los países de Asia oriental es su mano de obra, que se ha caracterizado, al igual que en China[32] (aunque en grados diferentes) por ser altamente formada e comparación con otros países en desarrollo y por ser barata y abundante.

Las economías del este asiático tuvieron la ventaja de comenzar sus procesos de desarrollo económico con un nivel de capital humano superior al del resto de los países en desarrollo. Estas sociedades han dado importancia a la educación, principalmente primaria y secundaria, aumentando los gobiernos el porcentaje del gasto público en educación sobre el PIB. Actualmente, en estos países la educación primaria y secundaria es universal.

La inversión en capital humano generó una gran masa de trabajadores capaz de adoptar y adaptar, en el proceso de industrialización, las tecnologías y procesos productivos utilizados en las principales potencias mundiales, principalmente en Japón, facilitando el máximo aprovechamiento de los equipos importados y de los procesos de producción. Esto les ayudó a la rápida industrialización.

En este sentido, la orientación a la exportación no hubiera sido posible sin una mano de obra capacitada para adoptar, modificar y usar las nuevas técnicas y equipos de producción. Al mismo tiempo, el enfoque exportador de  estas economías ha repercutido positivamente sobre la calificación de la mano de obra, generándose un círculo vicioso.

Además, estas economías tienen un mercado laboral flexible, lo que les permitió mantener  en el comienzo de la etapa de industrialización salarios relativamente bajos con respecto a los de los países desarrollados. Los gobiernos asiáticos han sido menos vulnerables que los de otros países en desarrollo (especialmente América Latina) a presiones laborales, debido a la prohibición que existía de formar organizaciones laborales, fomentándose la negociación entre trabajadores y empresarios en el seno de la propia empresa. La inexistencia de un salario mínimo, la migración desde zonas rurales a zonas urbanas y la integración de la mujer  a la fuerza de trabajo son otros de los factores que explican porqué fue posible mantener los niveles de salarios bajos a pesar del aumento de la demanda de trabajo.

Al igual que ha sucedido en China[33], las economías asiáticas también han basado su crecimiento económico en la inversión extranjera directa. El apoyo de los gobiernos a la inversión extranjera, la mano de obra barata y cualificada y las infraestructuras relativamente apropiadas[34] han atraído a Asia a muchas empresas extranjeras, sobre todo de Japón, aunque también de Europa y Estados Unidos.

Como ha sucedido en China, la inversión extranjera ha permitido adquirir nuevas tecnologías complejas, técnicas de administración y equipos[35] y han contribuido a que la industria de los países asiáticos en desarrollo hayan alcanzado grandes niveles de eficiencia productiva mediante la especialización y a que haya penetrado a  mercados internacionales exigentes[36]. Asimismo, las estrategias de promoción de exportaciones propias de estos países se apoyaron en parte en la inversión extranjera directa, contribuyendo ésta al crecimiento de las exportaciones, ya que estuvo orientada a los sectores exportadores[37].

Es de destacar el papel de la inversión japonesa en el resto de países de Asia Oriental y el papel de la integración industrial de la región. Japón ha jugado un papel de economía dominante y motor de la expansión de la región, suministrando mucho capital y tecnología, lo que ha sido facilitado por las relaciones competitivas y económicamente interdependientes entre los países asiáticos, que ha tenido como consecuencia principal la integración intraindustrial de la región a través del comercio intrarregional.

Japón ha iniciado una cadena en la que los países y regiones más desarrollados han transferido sus industrias a los países y regiones menos desarrollados de manera dinámica, de modo que, con el tiempo, la industria de cada país o región se mueve de un nivel más bajo a uno más elevado[38]. Esta cadena comenzó en los años 60 cuando Japón experimentó su expansión económica, continuó en los años 70 cuando los “cuatro  dragones” (Taiwan, Hong Kong, Singapur y Corea del Sur) despegaron económicamente y fue complementada en los años 80 cuando los “tres  tigres” (Tailandia, Malasia e Indonesia) aceleraron su desarrollo[39]. Dada esta interdependencia, Japón ha jugado un papel importante como desencadenante de la actual crisis asiática.

Por último, hay que hacer alusión al papel que ha jugado la estabilidad macroeconómica. Los países asiáticos se han caracterizado por el control de la inflación, que ha sido relativamente baja[40], situándose el índice medio de la región en un 8,7% en 1995[41]. Este nivel moderado de inflación es el resultado de un estricto control presupuestario del gobierno y de las cuentas externas. Las bajas tasas de inflación han permitido mantener tasas de interés estable, lo que, a su vez, ha propiciado la inversión privada.

Por otra parte, la deuda externa de algunos de los países asiáticos tienen garantía pública, pero ninguno de ellos tuvo que renegociar su deuda externa durante los ochenta a pesar de que durante algunos años ésta ha sido bastante alta en relación al PIB. La credibilidad internacional de estos países atrajo capital, sobre todo europeo, lo que les ha permitido endeudarse a corto plazo y así no comprometer las tasas de inversión durante los períodos de crisis.

Anteriormente se ha comentado que China, gracias a las políticas económicas, también ha gozado una relativa estabilidad macroeconómica[42]. Sin embargo, una diferencia destacable con sus vecinos consiste en que, así como en China el tipo de cambio ha sido muy volátil, estos países han optado por políticas de cambio nominal fijo durante largos períodos para mantener una inflación estable. Actualmente todas estas economías, excepto Hong Kong, tienen una paridad flotante ligada al dólar y a las monedas de los países industrializados. En general, estas economías, salvo Corea e Indonesia, no han tenido que recurrir a frecuentes y fuertes devaluaciones para aumentar su competitividad o evitar crisis de balanza de pagos. En consecuencia, el tipo de cambio de estos países ha sido bastante estable, siendo los coeficientes de variación del tipo de cambio real bajos en relación a otros países[43].

La estabilidad de estas economías asiáticas es fuente de credibilidad para las acciones de gobierno y ha servido de apoyo a las decisiones de inversión privada, además de sugerir menos riesgos para los capitales externos.

 

[1] LUTZ, J.M. Y Y.W. KIHL, The Nics, shifting comparative advantage, and the product life cycle. Journal of World Trade, February, 1990 .

[2] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[3] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 6.

[4] SIMPOSIO SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL EN BEIJING, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 12.

 

[5] SIMPOSIO SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL EN BEIJING, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 11.

 

[6] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 206.

 

[7] RANIS, G., Latin American and East Asian NICs: development strategies compared, en E. Durán, Latin American and the World recession, Cambridge University Press, Cambridge, 1985.

 

[8] THE WORLD BANK, The East Asian Miracle: Economic Growth and Public Policy, Nueva York, Oxford University Press, 1993.

 

[9] Ver apartado I.1.1.1.3.

 

[10] Ver apartados I.1.1.1.1.G, I.2.2.1.2. y      I.2.2.3.2.

 

[11] Ver apartado I.1.1.1.1.G.

 

[12] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 212.

 

[13] BUSTELO, P., La orilla asiática del Pacífico: crecimiento económico e integración comercial en los años noventa, Boletín Económico de Información Comercial Española, 2515, Setiembre 1996.

 

[14] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 215.

 

[15]  BIURRUN, P., Macao, el hermano no tan pobre de Hong Kong, Negocios, 29 de abril de 1996, p. 40.

 

[16] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 215.

 

[17] Tanto los EE.UU como la UE tienen aranceles mayores para la importación de productors manufacurados tanto de baja como de alta tecnología (KWACK, S.Y., The economic delopment of the Republic of Korea, 1965 – 1981, en Lawrence Lau (edit.), op. Cit.

 

[18] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[19] YAMAZAWA,  I., Trade and Industrial Adjustment, Review of Pacific Cooperation Activities. Japan National Commitee for Pacific Economic Cooperation. Japan Institute of Internacional Affairs, Tokio 1988.

 

[20] Ver RAPP, W., The Many Possible Extensiones of Product of cycle Analysis, Hitotsubashi Journal of Economics, Tokio 1975.

 

[21] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[22] LLAL, S., Technological capabilities and industrialization, World Development, Vol. 20, no. 2, 1992.

[23] LLAL, A., Building industrial competitivenes in developing countries, OECD Development Center, 1990.

 

[24] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 206.

 

[25] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 206.

 

[26] LLAL, S., The East Asian miracle: does the bell toll for industrial strategy?, Development Studies Working Paper no 67, Queen Elizabeth, Oxford, Centro Studi Luca D’Agliano, Turín, Italia 1993.

 

[27] Ver apartado I.1.2.

 

[28] Ver apartado I.1.1.1.2.B.

 

[29] NELSON, R.R., National innovation systems: A comparative analysis, New York, Oxford University Press, 1993.

 

[30] Promedio de Singapur, Hong Kong, Corea del Sur, Taiwan, Malasia, Tailandia, Filipinas, Indonesia, India y China.

 

[31] DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS ECONOMICOS Y MONETARIOS DE ARGENTARIA, La economía de Asia en 1995, Boletín ICE Económico nº 2498.

 

[32] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[33] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[34] ENCARNATION. D., Bringing East Asia into the US – Japan rivalry: The regional evolution of America and Japanese multinational, documento preparado para la Conferencia: Regionalization in the World Economy: The impact of Regional Arrangements on the multilateral trade and Investment Systems, Institute of the America, Universtiy of California, San Diego, 1994.

 

[35] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[36] BOWRING, A., The US Automotive Aftermarket: Opportunities and Constraints for Developing Coountry Supliers, Industry Series Paper, no. 39, Washington, Banco Mundial 1990.

 

[37] Cfr. apartado I.1.1.1.2.C.

 

[38] SIMPOSIO SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL EN BEIJING, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 11.

 

[39] SIMPOSIO SOBRE LA ECONOMIA MUNDIAL EN BEIJING, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 12-13.

 

[40] GEREFFI, G.,  Los nuevos desafíos de la industrialización: observaciones sobre el Saudeste Asiático y Latinoamérica, Pensamiento Iberoamericano 16, 1990, p. 220.

 

[41] DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS ECONOMICOS Y MONETARIOS DE ARGENTARIA, La economía de Asia en 1995, Boletín ICE Económico nº 2498.

 

[42] Ver apartado I.1.1.1.2.D.

 

[43] LARRAÍN, F. Y VERGARA, R., Inversión y ajuste macroeconómico: el caso del Este de Asia, El trimestre económico, 238, Fondo de Cultura Económica, México 1993. Los autores calculan estos coeficientes para Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México, Perú y Uruguay el período 1975 – 1988.

a.2. Análisis de los resultados económicos de Asia Oriental y comparación con los resultados económicos chinos