5.2. Política económica

La primera política económica que se introdujo con la llegada de los comunistas al poder fue una reforma agraria, que comenzó con la Ley de Reforma Agraria del 28 de junio de 1950. Posteriormente se aceleró la redistribución de la tierra y se promovió una lucha de clases contra los terratenientes y los campesinos ricos.

Siguiendo el modelo soviético, se introdujo una economía planificada, elaborándose planes quinquenales. El período correspondiente al Primer Plan Quinquenal (1953-57) fue llamado oficialmente período de “transición al socialismo”, caracterizándose por esfuerzos para industrializar el país y colectivizar la agricultura. Se hizo hincapié en el desarrollo de la industria pesada, según el modelo soviético. Se esperaba que la ayuda económica y técnica soviética jugase una parte importante en la ejecución del plan, firmándose acuerdos técnicos con los soviéticos en 1953 y 1954.

Entre las necesidades más apremiantes de China  a principios de los cincuenta estaba la alimentación de su creciente población, capital para adquirir tecnología, equipos y armamento soviéticos. Para cubrir estas necesidades el gobierno empezó a colectivizar la agricultura. A pesar del desacuerdo interno sobre la velocidad de la colectivización, que se resolvió a favor de Mao, se completó el 90% de la colectivización inicial en 1956. Además, el gobierno nacionalizó la banca, la industria y el comercio, aboliéndose la empresa privada en China.

Al Primer Plan Quinquenal le siguió el El Gran Salto Adelante (1958-1960), que pretendía el desarrollo económico y tecnológico del China con un ritmo mucho más rápido y con mejores resultados. El Gran Salto hacia Adelante se centró en un nuevo sistema económico creado en el campo y en algunas pocas áreas urbanas: las comunas, que guardaban algunas similaridades como los koljós en Rusia y los kibutz en Israel. En 1958 alrededor de 750.000 cooperativas agrícolas se habían unido en unas 23.500 comunas, cada una de ellas con alrededor de 5.000 familias, es decir, unas 22.000 personas. La comuna controlaba los medios de producción y funcionaba como una unidad contable. Se subdividía en brigadas de producción y en equipos de producción. Cada comuna era planificada como una comunidad autofinanciada para la agricultura, pequeña industria (por ejemplo, hornos de hierro), escuelas, sanidad, comercio, administración y seguridad local (mantenida por milicias locales).  Tenía cocinas, salones y guarderías. De alguna manera, las comunas populares constituían un ataque a la institución de la familia, especialmente en unas pocas áreas experimentales en las que se sustituyeron las casas familiares por dormitorios comunitarios (aunque éstos fueron retirados rápidamente). Este sistema se basaba también en la suposición de que permitiría que parte de la mano de obra se dedicase a proyectos de irrigación y presas hidroeléctricas, que eran consideradas partes integrantes del plan para el desarrollo simultáneo de la industria y la agricultura.

Además, hincapié en industria pesada.

Cisnes salvajes.

El Gran Salto Adelante fue un fracaso económico. A principios de 1959, debido a las muestras de descontento del pueblo, el PCC admitió que el informe de producción de 1958 se había exagerado. Algunas de las consecuencias del Gran Salto Adelante fueron la carestía de alimentos (en la que los desastres naturales fueron parte de la causa); falta de materias primas para la industria; sobreproducción de productos con baja calidad; deterioro de las fábricas debidos a la desorganización; cansancio y desmoralización de los campesinos, de los intelectuales y especialmente de los mandos del gobierno a todos los niveles.

Crecimiento económico en Occidente en los años 50 y 60.

A lo largo de 1959 se realizaron esfuerzos para modificar la administración de las comunas, con el objetivo de restablecer los incentivos a las brigadas y los equipos de producción, de descentralizar el control y de alojar a familias que habían sido reunidas como unidades familiares.

Debido al fracaso del Gran Salto, partido adoptó una serie de medidas correctivas con el objeto de estabilizar la economía, lo que se denominó el período de ajuste y recuperación (1961-65). Entre estas medidas estaba la reorganización del sistema de comunas, permitiendo una mayor participación de las brigadas y equipos de producción en su propia planificación administrativa y económica.

En cuanto a la política industrial, se hizo mucho énfasis en una planificación realista y eficiente, quitándose importancia a los movimientos masivos de fervor ideológico. Se devolvió autoridad a los gerentes de las fábricas.

A mediados de los 60 se consiguió una recuperación económica. Pero la llegada de la Revolución cultural volvió a empeorar las cosas. Esta supuso un giro hacia políticas económicas más de izquierdas, que hacían hincapié en la colectivización y en la eliminación de incentivos personales a la producción.

Además, se dio prioridad a las cuestiones ideológicas sobre el buen funcionamiento de la economía, lo que llevó al caos e inestabilidad económica. Ambiente revolucionario.

Menos mal que Zhou Enlai.

1969 se dio prioridad a la estabilización económica.

A principios de los setenta política económica se fue decantando hacia el centro-derecha.

A partir de 1973 Zhou Enlai y Deng Xiaoping modernización de la economía.

Crisis del 73 en el mundo.

5.3. Política exterior

La política exterior china en los cincuenta estuvo marcada por su alineación con la Unión Soviética. Esta reconoció la República Popular el 2 de octubre de 1949 y Mao proclamó su política de “apoyarse en un lado” como compromiso con el bloque socialista. En febrero de 1950, tras meses de dura negociación, China y la Unión Soviética firmaron un acuerdo de Amistad, Alianza y Asistencia Mutua. Este pacto también pretendía enfrentarse a Japón o a cualquier potencia que se uniese a Japón con fines bélicos.

En 1950 el reconocimiento del gobierno comunista había aumentado considerablemente, aunque disminuyó con la participación de China en la Guerra de Corea. En octubre de 1950, percibiendo una amenaza para el centro industrial del Nordeste de China por parte de las fuerzas de las Naciones Unidas que avanzaban en la República Democrática de Corea (Corea del Norte), algunas unidades del Ejército Popular de Liberación, EPL (llamados a sí mismos los Voluntarios del Pueblo Chino) cruzaron el río Yalujing y entraron en Corea del Norte en respuesta de la petición de ayuda por parte de Corea.

Casi simultáneamente, el EPL entró en el Tíbet para reafirmar la soberanía china sobre este país, que de facto había sido independiente de China desde la caída de la dinastía Qing en 1911. En 1951 las Naciones Unidas declararon a China agresora de Corea y la sancionaron con un embargo global en el envío de armas y material de guerra a China. Este acto implicó la imposibilidad de que China pudiese remplazar a la China Nacionalista (Taiwan) como miembro de la Naciones Unidas y como miembro con derecho a voto del Consejo de Seguridad de esta organización.

A mediados de los cincuenta China llevó a cabo una política exterior pacífica, basada en los llamado Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica. Pero ello dio paso a una línea dura en 1958, con una actitud militante en el frente exterior. Desde agosto hasta septiembre de dicho año los chinos bombandearon intensamente con artillería las islas en manos nacionalistas de Jinmen y Mazu, acompañado de propaganda agresiva contra Estados Unidos y una declaración de la intención de liberar Taiwan.

En el Tíbet emprendieron un proceso de chinización de los tibetanos. Ello dio lugar a tensiones que ocasionaron una revuelta en 1958-59 y la huida del Dalai Lama a la India. La resistencia tibetana atrajo la simpatía de los indios y las relaciones con la India se deterioraron cuando miles de refugiados cruzaron la frontera india. Se dieron varios incidentes fronterizos en 1959 y se produjo una pequeña batalla fronteriza en octubre de 1962 cuando China reclamó el territorio de Aksai Chin. La Unión Soviética apoyó moralmente a la India, lo que contribuyó a una tensión creciente entre Pekín y Moscú.

La disputa chino-soviética de finales de los cincuenta fue el aspecto más importante de la política exterior china en los años cincuenta. La Unión Soviética había sido el principal aliado de China, pero la relaciones entre ambos países se fueron enfriando. El acuerdo soviético a finales de 1957 de ayudar a China a producir sus propias armas nucleares se rescindió a en 1959. Desde ese momento hasta mediados de 1960 los soviéticos retiraron a todos sus técnicos y asesores de China y redujeron o cancelaron la ayuda económica y técnica a China.  Este alejamiento se debió a varios factores. Ambos países diferían en su interpretación de la “coexistencia pacífica”. Los chinos adoptaron una postura más agresiva en el tema de la lucha antiimperialista, pero los soviéticos no estaban dispuestos, por ejemplo, a darle apoyo en la cuestión taiwanesa. Además, ambos países estaban en desacuerdo en cuestiones doctrinales. Los chinos acusaron a los soviéticos de revisionismo, y los últimos acusaron a los primeros de dogmatismo. Su rivalidad dentro del movimiento comunista internacional empeoró, también, las relaciones. Otra de las causas era la desconfianza histórica entre ambos países, especialmente de China, que había perdido una parte sustancial de territorio en manos de la Rusia zarista a mediados del s. XIX. La suspensión de la ayuda soviética rompió el esquema chino de desarrollo industrial y de alta tecnología. En marzo de 1969 las tropas chinas y soviéticas se enfrentaron en la isla de Zhenbao en la zona fronteriza disputada del Río Ussuri.

A principios de los setenta China decidió acercarse a Estados Unidos, lo que dio lugar a la visita de Richard Nixon en febrero de 1972 y al restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Japón en septiembre de ese mismo año.

 

                          LA APERTURA DE CHINA (1978-1984)