2.3. Política exterior

Este período estuvo marcado por dos tipos de políticas en el sector exterior. Por un lado, la China imperial ha seguido una política expansionista, sobre todo durante las dinastías Qin, Han y Tang, hasta alcanzar unas dimensiones similares a las actuales. Para ello se usaron estrategias diferentes según las épocas, como conquistas, vasallaje o matrimonios. Sin embargo, esta política expansionista ha sido más moderada y menos agresiva que la seguida por otras civilizaciones de la época, como la civilización islámica, los mongoles o los europeos. Por otro lado, los emperadores chinos se han visto obligados a adoptar una política de defensa preventiva o reactiva frente a la amenaza de los pueblos nómadas de Asia Central. Para ello, se invirtieron muchos recursos en la construcción y mantenimiento de la Gran Muralla, en la frontera norte, como barrera para frenar posibles invasiones desde el norte. En algunas épocas, incluso se sometió a los pueblos fronterizos del norte.

Con la dinastía Qin se inició una fuerte expansión, que se llevó a cabo mediante frecuentes expediciones militares que iban más allá de las fronteras tanto septentrionales como meridionales. Para defenderse de las incursiones bárbaras, las murallas construidas por los diferentes reinos combatientes fueron unidas para conseguir una gran muralla con una longitud de 5.000 kilómetros.

Posteriormente, la dinastía Han expandió el imperio hacia el Oeste a través del Tíbet hasta el extremo del Tarim Basin, en la actual región autónoma del Xinjiang, haciendo posible un tráfico de caravanas relativamente seguro por la ruta de la seda. El ejército chino también se anexionó parte del Norte del Vietnam y del Norte de Corea a finales del s. II a.C. Sin embargo, el control Han de las regiones periféricas no chinas era inseguro, por lo que se desarrolló un sistema de vasallaje mutuamente beneficioso. Permitió a los estados no chinos permanecer autónomos a cambio de una aceptación simbólica del dominio Han. Los lazos de vasallaje se consolidaron mediante matrimonios de conveniencia e intercambios periódicos de regalos y mercancías.

Durante la época Han no hubo ningún contacto directo con la otra gran potencia de la época, el imperio romano, debido a problemas de transporte y comunicación. Sin embargo, en el año 102 de nuestra era una fuerza expedicionaria china, conducida por Pan Chan, llegó al Mar Caspio y envió emisarios para que la informaran sobre el poder de Roma.

Entre el imperio romano y el imperio chino, por la parte norte, vivían pueblos bárbaros. En el Oeste, en los bosques que se extendían desde Alemania hasta el Sur de Rusia y el Turkestán vivían pueblos germánicos y eslavos. En las estepas orientales y desiertos de Mongolia vivían los hunos, mongoles, tártaros y turcos, que eran pueblos emparentados entre sí.

Grandes partes de las regiones que habitaban estos pueblos, que se extienden entre el sur de Rusia y el Turkestán y penetran en Manchuria, eran y son tierras de un clima excepcionalmente inseguro. Su sistema de lluvias ha variado mucho en el curso de pocos siglos, siendo lugares traidores para el hombre. Durante algunos años proporcionan pastos y permiten los cultivos y luego viene una época en que la humedad declina y comienza el ciclo de sequías. Ello empujaba a las tribus hambrientas y belicosas hacia el sur, hacia el Imperio chino, del mismo modo que las tribus germánicas presionaban sobre el imperio romano. Las hordas de jinetes de las estepas hicieron bastantes incursiones en China para saquear, robar y asesinar.

Durante algún tiempo hubo simultáneamente dos imperios en el mundo, bastante eficaces como para contener a los bárbaros y aún forzarlos a alejarse de las fronteras en que reinaba la paz imperial. La presión de los bárbaros sobre el imperio Han era fuerte y continua. La población china fluía detrás de la barrera de la Gran Muralla. Más allá de esta muralla venían a establecerse agricultores chinos, cercando los pastos de los pueblos bárbaros del norte. Estos, en sus correrías, saqueaban y asesinaban a los colonos chinos, pero las expediciones punitivas chinas eran más fuertes que aquéllos, por lo que tenían que convertirse en tributarios de los chinos o irse a buscar nuevos pastos. Algunos se decidieron por lo primero y fueron absorbidos.

Sin embargo, a finales del período Han, los ataques de los pueblos de Asia Central debilitaron la dinastía Han, contribuyendo a la caída de la misma el año 220. Durante el período de la desunión (220-589), los pueblos del norte hicieron conquistas en el territorio chino.

Sin embargo, con las dinastías Sui y Tang, China volvería a controlar la situación en política exterior. Durante la dinastía Sui (581-617) se reconstruyó la Gran Muralla, aunque a principios del s. VII se emprendieron costosas campañas militares contra Corea que resultaron ser un fracaso.

Los primeros emperadores de la dinastía Tang (618-907) emprendieron campañas militares que hicieron el territorio chino incluso mayor que el de los Han. Así como los Han habían extendido el imperio hacia el norte, los Tang lo hicieron hacia el Sur y China empezó a tomar las dimensiones que tiene hoy en día. En Asia Central llegó mucho más lejos, ensanchándose hasta Persia y el Mar Caspio, a través de los países ocupados por tribus tributarias turcas.

Sin embargo, a mediados del s. VIII el poder Tang retrocedió. La derrota militar el 751 por los árabes en Talas, en Asia Central, marcó el inicio de cinco siglos de continua decadencia militar del Imperio chino.              Las incursiones de los pueblos nómadas del norte se hicieron cada vez más difíciles de contener y el año 907 los invasores del norte acabaron con la dinastía.

 

                                                2.4. Cultura y ciencia