1.2. Política económica y evolución de la economía

En esta época la política económica era muy simple. En el paleolítico, en el que sociedad china se componía de tribus nómadas de cazadores y recolectores, las decisiones en materia de política económica eran muy simples, como hacia donde emigrar en busca de nuevas presas o cómo organizarse en las labores de caza y recolección. Estas decisiones eran tomadas de forma más o menos colectiva por los miembros de la tribu, al menos por los varones adultos, aunque los ancianos de la tribu y sobre todo los jefes tribales tenían un peso especial.

A partir del 10.000 a.C., cuando comienza el Neolítico, algunas tribus pasaron a dedicarse a la agricultura y la ganadería. Ello implicó que los poblados debían tomar medidas cada vez más complejas en materia de política económica, como la distribución de la tierra o la realización de trabajos y rituales colectivos en aras a la productividad agrícola.

Así, existía una creencia muy extendida de que los sacrificios sangrientos humanos o animales propiciaban la abundancia en la cosecha, por lo que en la época de la siembra eran frecuentes estos sacrificios, dirigidos por un anciano de los sabios de la tribu.

En esta época la economía china de diversificó con el desarrollo de la industria, fabricándose instrumentos de piedra pulida, cestos y tejidos con fibras de plantas textiles, así como cacharros sencillos. Así pues, se desarrolló una nueva clase de personas que no trabajaban en el campo, sino que producían otros tipos de artículos.

A partir del año 2000 a.C. la economía china alcanzó un grado de sofisticación considerable, con una avanzada metalurgia del bronce, centros urbanos  con palacios, templos y talleres de industrias especializadas.

Como había sucedido en Egipto y Mesopotamia, en China la dinastía Shang desarrolló la esclavitud. La civilización Shang se basaba en la agricultura, complementada con la caza y la ganadería. La agricultura y la ganadería ya eran bastante desarrolladas, así como el cultivo de gusanos de seda y la producción de seda. La fundición de bronce alcanzó un nivel bastante alto.

Durante la época de Zhou Occidental se impulsó la sociedad esclavista, la  producción agrícola experimentó un cierto incremento y se consiguió producir grandes cantidades de alcohol.

Pero es a partir de la época de Zhou Oriental cuando se puede hablar de una política económica más o menos sofisticada. Como se ha explicado antes, en esta época los señores regionales estaban en continua lucha entre ellos. Para poder sobrevivir y conquistar a los reinos vecinos necesitaban desarrollar sus ejércitos, para lo cual necesitaban recursos económicos, por lo que tomaron medidas orientadas a desarrollar la economía. En este sentido, se llevaron a cabo obras públicas de gran envergadura, como obras para el control de las inundaciones y sistemas de irrigación. También se fomentó el comercio mediante la introducción de un sistema monetario y mejoras tecnológicas.

Los señores regionales contrataron, asimismo, expertos y funcionarios, que disponían de tiempo para investigar y experimentar, lo que dio lugar a descubrimientos e innovaciones tecnológicas. Se generalizó el uso del hierro, lo que hizo posible la forja de armas y la fabricación de instrumentos agrícolas, como hachas y azadones. Se adoptó en uso de ganado vacuno para arar la tierra y se extendió a superficie cultivada.

Las relaciones esclavistas se hicieron cada vez más opresoras. Los esclavos y los hombres libres se levantaron una y otra vez con mayor energía contra la clase de propietarios de esclavos. Finalmente, el sistema esclavista fue siendo sustituido por el sistema feudal, aunque todavía quedaron vestigios esclavistas.

1.3. Política exterior

Durante esta época embrionaria del estado chino, hay poco que comentar sobre política exterior. Al principio, ésta venía dada por las relaciones entre las diferentes tribus, poblados y miniestados, basadas en la cooperación, alianzas, conflictos y guerras. A partir de la dinastía Xia se inicia una clara política expansionista, dando a lugar a un estado más o menos sólido. Esta política continuaría con la dinastía Shang, que se anexionaría nuevos territorios y llevaría a cabo un imperialismo cultural en los mismos. Ya en esta época se aprecia un fenómeno que marcará la política exterior durante casi toda la historia de China: la presión conquistadora de los pueblos nómadas de Asia Central. Se trata de pueblos de raza mongoloide, de los cuales descienden los actuales mongoles y otros pueblos que habitan la parte asiática de la actual CEI. Así como los chinos crearon comunidades sedentarias para cultivar la tierra, estos pueblos vivían de la ganadería, por lo que tenían que ir en continua búsqueda de nuevos pastos para el ganado, llevando un estilo de vida nómada. Cuando había sequía, se veían obligados para sobrevivir a ir hacia el sur para conseguir pastos o para vivir del pillaje de los poblados chinos. Así, en la historia china ha sido una constante la presión invasora de estos pueblos sobre China y la política defensiva de ésta.

En el año 771 las invasiones de estos pueblos obligaron a trasladar la capital del estado Zhou. Para protegerse del peligro centroasiático, durante Zhou Oriental se construyeron grandes murallas a lo largo de la frontera septentrional.

1.4. Otros aspectos

En esta época tuvieron lugar dos acontecimientos que tendrán una importancia fundamental en la historia política de China y de Asia.

El primero fue el desarrollo de la escritura, que revolucionaría la comunicación, la información y el conocimiento, de forma tan o más importante que la revolución que suponen las nuevas tecnologías de la información en la actualidad. Esta revolución tecnológica permitiría la formación de un estado grande y centralizado. Los primeros restos escritos que se han encontrado eran sobre caparazones de tortuga y sobre bronce. Más tarde, en la época imperial, se inventará el papel, que posteriormente será copiado por los europeos.

En segundo fenómeno fue la aparición de una serie de filosofías que marcarán la evolución de la historia de China y de Asia hasta nuestros días. Hacia el s. VI, durante la época de las Primaveras y los Otoños y el inicio del Período de los Reinos Combatientes se desarrollaron tantas filosofías que esta época es conocida frecuentemente como Cien Escuelas de Pensamiento. De esta época proceden muchos de escritos clásicos chinos en los que se inspiraría China en los siguientes milenios. Muchos de los pensadores eran intelectuales itinerantes, los cuales además de enseñar a sus discípulos eran contratados como consejeros de los gobernantes sobre los métodos de gobierno, guerra y diplomacia.

Esta época coincidió con el nacimiento de la filosofía griega, con profetas de Israel, con Zaratustra, el padre del maniqueísmo, y con Buda. Las ideas que se desarrollaron en este tiempo tendrían una gran influencia en la posterior evolución histórica en los cinco continentes.

La escuela de pensamiento que tuvo un mayor impacto en la vida china fue la Escuela de los Intelectuales, frecuentemente llamada en Occidente Escuela Confuciana. El legado escrito de esta escuela está contenido en los Clásicos Confucianos, que se convirtieron en la base para el orden de la sociedad tradicional. Confucio (551-479), llamado en chino Kong Zi, se fijó en los primeros tiempos de la dinastía Zhou para buscar un orden social y político ideal. Confucio era un hombre de origen aristocrático y tenía cierta importancia oficial en el pequeño estado de Lu. Allí estableció una especie de Academia para investigar y enseñar. Aspirando a evitar la falta de leyes y el desorden que existía en China en aquella época, concibió un ideal de gobierno y de vida mejores y vagó de un estado a otro buscando un príncipe que quisiera poner en práctica sus teorías legislativas y educativas. Encontró un príncipe, pero las intrigas de la corte minaron su influencia y finalmente desbarataron sus proyectos de reforma.

Los principales aspectos de su filosofía son los siguientes:

– Regulación de la conducta humana. En su opinión, la única manera en que un sistema podría funcionar adecuadamente sería que cada persona actuase de acuerdo con unas normas prescritas, por lo que es preciso regular detalladamente todas las conductas humanas en todas las ocasiones de la vida y en todas sus relaciones con los demás.

– Conservadurismo y formalismo. Confucio decía: “creo en la vejez y la quiero”. Creía en el sentido bueno de todos los usos y costumbres antiguos y enseñaba a mantenerlos, ya que creía que si se hiciese así todo funcionaría mejor. Por ello, daba importancia al protocolo y a los rituales, como las reverencias.

– Sumisión. Curiosamente, Confucio vinculaba la bondad a la sumisión y la obediencia. Decía que los hombres han nacido y somos por naturaleza buenos y honrados. Para evitar que esa bondad se pierda es importante la familia. Según él, quien es bueno siempre con los padres, quien los obedece y se ocupa de ellos también será bueno con los demás, obedecerá las leyes del estado del mismo modo que ha estado acostumbrado a obedecer a su padre. Su modelo de sociedad consistía en una pirámide compuesta por una cadena de relaciones de sumisión. Así, el hermano menor tiene que obedecer al hermano mayor, el hijo al padre, la mujer a su marido, el hombre a su señor, éste a su vez al suyo, estando en la cima de la pirámide el emperador. Su modelo de sociedad es, por tanto, altamente jerarquizada, estratificado y sumiso.

Ello no quiere decir que el súbdito deba ser leal con su señor y no al revés. Al contrario, Confucio y sus discípulos visitaron a menudo a príncipes despóticos, ya que el príncipe ha de ser el primero en mantener las formas y en mantener una actitud paternal y justa. Si el príncipe hace sufrir al pueblo, entonces es justo que éste lo derroque. Por lo tanto, propone no un autoritarismo despótico, sino más bien un autoritarismo paternalista.

En la práctica, esta concepción social ha dado lugar a un sistema político y a un tipo de sociedad autoritaria, desigual y rígida, donde el individuo y su libertad importan poco y donde se cometen frecuentes abusos de poder y arbitrariedades. Se trata de un modelo muy diferente al modelo social occidental moderno, nacido de los valores de la Ilustración que serían difundidos con la Revolución Francesa, la Revolución Americana y la revoluciones liberales del s. XIX, basados en la democracia, la libertad, la igualdad, la tolerancia, el pluralismo, la razón y la libertad de pensamiento. Este constituye uno de los principales factores que explican la poca tradición democrática en China y la falta de respeto de los derechos humanos en la actualidad, con acontecimientos como los de Tiananmen. Sin embargo, hay que reconocer un mérito: ha habido más paz en China que en otras culturas.

Otro pensador fue Mencio (372-289 a.C.), o Meng Zi, discípulo de Confucio que sintetizó y desarrolló el pensamiento de Confucio, haciendo importantes aportaciones. Consideraba que el hombre es bueno por naturaleza y que los gobernantes no podían gobernar sin el consentimiento tácito de pueblo y que, por tanto, el castigo por un gobierno impopular y despótico era la pérdida del “mandato del cielo”.

Ambos pensadores dieron a la sociedad china un marco amplio que servía para ordenar cualquier aspecto de la vida.

El confucianismo se fue desarrollando a lo largo del tiempo, recibiendo nuevas aportaciones tanto desde dentro como desde fuera de la escuela confuciana, y se fue adaptando a la evolución de la sociedad, conservando al mismo tiempo el sistema fundamental de comportamiento basado en los textos antiguos.

Totalmente opuesta a Mencio, por ejemplo, fue la interpretación de Xun Zi, otro seguidor confuciano, que opinaba que el hombre es por naturaleza egoísta y malo, y que la bondad sólo es alcanzable mediante la educación y con una conducta apropiada para la posición de cada cual. Para Xun Zi, el mejor gobierno es el basado en el control autoritario y no en la persuasión ética.

De esta línea de pensamiento autoritaria surgió la Escuela de Derecho o Legalismo, cuya doctrina fue formulada por Han Fei Zi (fallecido el 223 a. C.) y Li Si (fallecido el 208 a. C.), los cuales defendían que la naturaleza humana era incorregiblemente egocéntrica y que, por tanto, la única manera de mantener el orden social era imponer una disciplina desde arriba y aplicar la leyes estrictamente. Exaltaban el estado y daban más importancia a la prosperidad y la capacidad militar que al bienestar del pueblo. La síntesis de los aspectos más prácticos del Confucianismo y del Legalismo en el período Han (206 a. C a 220 d. C.) dio lugar a un sistema de gobierno que ha sobrevivido intacto hasta el final del s. XIX.

Durante el período Zhou se desarrolló también el Taoísmo, la segunda corriente de pensamiento chino más importante. El pensador más destacable de esta corriente fue Lao Zi, anterior a Confucio. Nació hacia el 604 a C. en el seno de una familia campesina del Sur de China. Era un funcionario archivero y cronista de un rey a quien no gustaba la vida mundana y que dejó su trabajo para ir hacia las montañas solitarias cerca de la frontera china para hacerse ermitaño. Un vigilante de la frontera le dijo que escribiese sus ideas antes de dejar el mundo, por lo que recopiló en su Tao Te King ideas que en realidad eran predicadas por pensadores anteriores a él, remontándose mucho tiempo atrás a la tradición chamánica. Otro pensador destacado de esta corriente fue Zhuang Zi  (369-286 a.C.). Esta corriente es más mística y vaga que las ideas de Confucio, centrándose más en la relación del hombre con la naturaleza y con la Divinidad que no con la sociedad, señalando que el objetivo de la vida es encontrar la harmonía personal con el ritmo del mundo natural y sobrenatural, con la Totalidad, con el orden cósmico, seguir el camino (tao) del universo.

Existe un gran principio o Divinidad que lo rige todo en el mundo: el viento, el clima, las plantas, los animales, el movimiento de las estrellas, etc. Lao Tse llama a este principio Tao. El hombre, con su desasosiego, su actividad, sus planes e ideas, sus sacrificios y oraciones, no deja que se le acerque este principio. Lo que hay que hacer es estar tranquilo interiormente, no desear ni opinar nada. Quien llega a ese estadio es como un árbol o una flor, sin voluntad ni intención, comenzando entonces a actuar el Tao.

Los principales aspectos del taoísmo son los siguientes:

– Desapego. El taoísmo propugna una indiferencia estoica hacia los placeres y poderes del mundo y una vuelta hacia la vida sencilla de un pasado imaginario, liberarse del apego a las cosas mundanas y buscar el anonimato y la ausencia de ego. También enseña a adaptarse a las circunstancias. Todo ello lleva a permanecer imperturbable ante circunstancias negativas, a que nada afecte a la paz interior. En este sentido, tiene mucho en común con el budismo, con el yoga y con el estoicismo.

– Misticismo. El taoísmo propugna la contemplación del Tao, la ascesis espiritual que lleva a la unión con el Tao, la armonía del hombre con el Todo cósmico y con la Divinidad. El objetivo fundamental es unir la vida humana con el orden cósmico, lo que hace posible conquistar la armonía, la libertad, la felicidad y la plenitud. Quien se une con el Tao se libera de todas la ataduras.

– Orientación hacia la autorrealización. El camino del Tao es un camino hacia la felicidad. El filósofo Karl Jaspers ha perfilado al sabio taoísta como un “artista de la vida”, que sabe domina el refinado arte de gozar de la vida bajo toda clase de condiciones.

– Importancia de la naturaleza. El taoísta percibe la presencia de la divinidad en la belleza de la naturaleza. Ello constituye una nota en común con el resto de las ramas de la tradición chamánica, como los pieles rojas en Norteamérica, los pueblos siberianos, el Shintoísmo en Japón y la primitiva religión Bön en el Tíbet. Para los taoístas, el universo es una totalidad, en la que cada ser está conectado con todo lo demás. Al estar todo interrelacionado, cualquier acción repercute en el conjunto.

– Altruísmo. El sabio taoísta ama y hace el bien, pero no se tiene por bondadoso. Obra por el bien de todos, tiene bondad, caridad y altruismo desinteresado y lo manifiesta inconscientemente. Rebosa amor, delicadeza, compasión y simpatía. Es un “amor universal”, ya que no excluye a nadie ni a nada, incluyendo animales y plantas. Según el taoísmo, la enemistad no se aplaca con odio y resentimiento, sino con benevolencia y amor. Concibe el ser humano como una criatura emparentada con el resto de los seres que pueblan el planeta.

En consonancia con lo anterior, evita el uso de la fuerza y practica la no-violencia. Predica el respeto a uno mismo, a otros seres y al medio ambiente. Esta forma de pensar recuerda mucho a San Francisco de Asís.

– Flexibilidad. Aunque el taoísta es bondadoso con los demás, va más allá del bien y del mal, de cualquier “debes hacer” o “no debes hacer”. No propone un código ético, considera contraproducente cualquier sistema de normas morales rígidas. Cuanto uno más se obsesione en hacer el bien más se alejará del bien, debiendo ser algo espontáneo y natural. La mejor virtud es la no virtuosa, es decir, aquella que no tiene conciencia de ser virtuosa. El sabio taoísta no obedece una ley moral exterior, sino la ley de su corazón, en el cual resplandece la verdad del Tao.

No hay dogmas, se insiste en la libertad total, el camino tiene que ser un camino de aventura, que se descubre de una manera intuitiva y no mediante el intelecto.

– Naturalidad, sencillez y espontaneidad. Para los taoístas no hay que reprimir instintos e impulsos naturales, sino depurarlos y encauzarlos adecuadamente. Conviene ajustar la vida al ritmo natural. Así, por ejemplo, aconsejan tener paciencia y respetar el tiempo que requiere cada cosa, no forzar el ritmo de las cosas.

Asimismo, no hay que someter la vida a esquemas estereotipados y reglas fijas y artificiales, sino liberar la espontaneidad.

También gustan de comer alimentos naturales, vivir al aire libre y practicar ejercicios naturales.

Naturalidad significa también sencillez, simplicidad, sobriedad y austeridad. Conviene reducir a la mínima expresión el afán de poseer, estar contento con poco, reducir los deseos, no aferrarse ni apegarse a nada, liberarse de la ambición, la codicia y la envidia. Todo ello lleva a estar tranquilos, ecuánimes y libres de preocupaciones.

Para conseguir todo lo anterior es necesario un Yoga, una disciplina o técnica de autorrealización, que permita ir eliminando poco a poco las impurezas o complicaciones que hemos ido acumulando a causa sobre todo de nuestro ego.

Naturalidad también supone humildad. Evitar la vanidad, el orgullo, la soberbia y la altanería.

– Moderación. El sabio taoísta evita cualquier forma de exceso y se mantiene en el “justo medio”.

– Sensibilidad hacia la belleza, la poesía y el arte.

– Alegría, jovialidad, humor. Como en el zen y el budismo tibetano, los maestros taoístas son informales, risueño y bromistas.

El prototipo taoísta es santo, místico y poeta, iluminado y hombre de ciencia, filósofo y líder espiritual.

Recuerda un poco a Rousseau, que despreciaba el conformismo social, y a los románticos, que gustaban de un misticismo naturalista y del retorno a la autenticidad de la naturaleza y sentían horror hacia las convenciones, el exceso de normas y los ritos.

El taoísmo es, en muchos aspectos, opuesto al rígido moralismo confuciano. El confucianismo es más práctico, mundano, activo, conservador y estatista, mientras que el taoísmo más teórico, espiritual, contemplativo, no conformista y liberal. ¿Cómo se conjugó en China este moralismo confuciano con la libertad taoístas.

Para muchos, el taoísmo sirvió de complemento de sus vidas ordenadas confucianas. Así, por ejemplo, un estudiante  o un funcionario seguirían normalmente las enseñanzas confucianas, pero en su tiempo libre o en sus retiros podrían buscar la harmonía con la naturaleza.

También se han dado choques entre ambas. El norte de China, la China del río Huang-ho se hizo confuciana, el Sur, la China del Yang-Tsekiang, fue taoísta. Desde entonces, ha habido un conflicto entre el espíritu del Norte, conservador y rígido, y el del Sur, escéptico, artístico, indisciplinado y experimental.

Parece que la espiritualidad mística del taoísmo sólo sea apropiada para individuos solitarios, pensadores y artistas, cuando no de individualistas que huyen de la sociedad, y que no sea inaplicable al campo social y político. Sin embargo, tuvo entre sus adeptos a numerosos emperadores, el más notable de los cuales fue Hui-Tsong, de la dinastía Song (s. XII). También habían maestros taoístas que asesoraban a emperadores, como al fundador de la dinastía Han.

Asimismo, el taoísmo propició la formación de importantes movimientos, organizaciones y sociedades secretas.

Además, tuvo mucha influencia en el arte y en la ciencia. Casi todos los grandes científicos chinos fueron taoístas. Las concepciones taoístas tuvieron un papel importante en el nacimiento de la poesía, la caligrafía y la pintura china de paisajes, así como en la jardinería. Asimismo, son de origen taoísta las artes marciales chinas, como el Kung-Fu y el Tai-Chi-Chuan.

Otra línea de pensamiento que nació en la época de los Reinos Combatientes es la escuela del Yin-Yang y los cinco elementos, que intentaba explicar el universo según las fuerzas básicas de la naturaleza, los agentes complementarios del yin (oscuro, frío, mujer, negativo) y yang (claro, caliente, hombre, positivo) y los cinco elemento (agua, fuego, madera, metal y tierra). Posteriormente, estas teorías adquirieron importancia tanto en la filosofía como en las creencias populares.

Por otra parte, Mo Zi, que se cree que vivió entre el 470 y el 391 a. C., creó otra escuela de pensamiento sobre la idea de que todos los hombres son iguales ante Dios y que la humanidad debería seguir al cielo practicando el amor universal. Se oponía a la importancia que daba el Confucianismo a los ritos y a la música. Consideraba los gastos de guerra como un despilfarro y era pacifista. También creía que la unidad de pensamiento y acción eran necesarios para alcanzar objetivos sociales, por lo que la gente debería obedecer a los líderes y éstos deberían seguir la voluntad del cielo. Esta corriente influyó en el la Escuela Legalista y, a través de ésta, en la mentalidad china.

Otro pensador de la época fue Sun Zi, estratega militar que escribió “El Arte de la Guerra”, que tuvo una gran influencia en los planteamientos militares chinos y asiáticos. Sun Zi fue el Barón von Klausewitz asiático. Algunos de sus consejos son preparar bien las campañas, conocer bien las fuerzas del enemigo y el entorno e intentar conseguir la victoria con la mínima violencia posible.

                                                             CAPITULO 2

LA FORMACION Y EL APOGEO DE LA CHINA IMPERIAL