1.1.3.2. Valoración de las Políticas Económica china (1979-97)

Para efectuar una valoración de las políticas económicas desde 1979, ya tenemos dos piezas: por una lado, ya hemos analizado cada una las políticas económicas chinas y la manera como se han implementado; por otro lado, también hemos analizado los resultados económicos chinos globales. Falta una pieza que una las dos anteriores, para lo cual hay que contestar a la cuarta pregunta que se planteó al inicio: ¿En qué medida se deben los logros económicos chinos a dichas políticas y forma de implementarlas?. La respuesta a esta cuestión nos permitirá una valoración general de la política económica china. Pero para hacer una valoración pormenorizada de las diferentes políticas económicas implementadas y de la forma como han sido implementadas hay que responder a otras dos cuestiones: ¿Han sido satisfactorios los resultados de las diferentes políticas económicas? y ¿Han sido satisfactorios los resultados de la forma como dichas políticas han sido implementadas?.

Respecto a la primera cuestión (¿En qué medida se deben los logros económicos chinos a dichas políticas y forma de implementarlas?), existe consenso entre los autores en reconocer el nexo causal entre los excelentes logros económicos chinos y las políticas económicas seguidas por el gobierno chino[1]. Algunos autores, como Yusuf, ven en el proceso de reforma el primer responsable del elevado crecimiento desde 1978 hasta la actualidad[2].

También en mi opinión la política económica es el factor más importante para explicar los logros económicos chinos. No obstante, creo que existen otros factores que, como se ha explicado[3] y se puede apreciar en el esquema I.1.10., han jugado un papel importante en la consecución de esos logros, como factores culturales, coyunturas externas (tales como los vínculos tradicionales con Hong Kong, Taiwan y las comunidades chinas de ultramar, el proceso de integración económica regional en Asia Oriental o la coyuntura económica en otros países de la región) y las condiciones iniciales en que se inició la reforma. De entre ellos, hay que destacar los factores culturales, por haber sido decisivos. Si el proceso de reforma no hubiese ido acompañado de la elevada tasa de ahorro impulsada por la ética chino-confuciana del ahorro, del espíritu emprendedor chino que han permitido una fuerte inversión en la industria rural y de la motivación china por mejorar productividad agraria, no se habría dado el milagro chino. Por otra parte, sin el apoyo inversor y comercial jugado en China por otros países de la región tampoco se habrían dado unos resultados tan excelentes. Por lo tanto, hay que concluir que sin la reforma económica no se habría producido el milagro chino, sino que se habría continuado la tendencia que se seguía hasta 1979, pero que, al mismo tiempo, esta reforma no ha sido suficiente. Si no hubiese ido acompañada de otros factores, especialmente de ciertos factores culturales, los resultados habrían sido probablemente mucho más pobres.

Hecha esta aproximación general a la valoración de la política económica china procede pasar de lo general a lo particular y responder a la quinta cuestión (¿Han sido satisfactorios los resultados de las diferentes políticas económicas?). Para ello, se analizarán los resultados de las diferentes políticas económicas: la agraria, la industrial, la relativa al sector comercial, la financiera y monetaria, la fiscal y presupuestaria, la laboral y la relativa al sector exterior de la economía.

El impacto económico de la política agraria[4] ha sido muy satisfactorio, especialmente entre 1978 y 1984[5]. La productividad agrícola experimentó una gran mejora, debido principalmente a los nuevos incentivos[6]. Ello permitió que entre 1979 y 1983 la renta rural per cápita creciese en cerca del 70% y la producción agrícola aumentó en una media de un 7,3% anual entre 1980 y 1984[7], con un crecimiento espectacular de determinados nuevos cultivos, como el algodón.

El crecimiento de los ingresos de los campesinos generó unos ahorros importantes[8], por lo que se presionó para poder utilizarlos en la industria. En 1984 se permitió a las autoridades locales la creación de empresas en pueblos y aldeas[9], lo que dio lugar a un gran crecimiento de la industria rural[10], que ha sido clave para el éxito económico de China en la década de los 80[11]. Como consecuencia de estos éxitos, aumentó la credibilidad en las reformas[12], lo que animó a la reforma en otros campos económicos[13].

No obstante, se produjo una desaceleración de dicho crecimiento cuando el coste de los suministros creció por encima de los precios agrícolas y una parte creciente de la tierra cultivable fue destinada a uso residencial o industrial[14]. En este sentido, el crecimiento medio anual entre 1990 y 1995 fue sólo del 4,1% y en la actualidad China se encuentra con una base agrícola insuficiente.

Las políticas industriales[15] han conseguido un crecimiento de la inversión y de la producción industrial[16] (incluso de las empresas públicas[17]), cuyo crecimiento en los últimos años ha sido cercano al 20%[18], así como una mejora de la eficiencia de las empresas, que han pasado a esforzarse en conseguir objetivos financieros en vez de productivos[19]. Además, a pesar de que no se procedido a la privatización masiva de las empresas públicas[20], se ha desarrollado la competencia[21], no sólo entre las empresas públicas y las empresas rurales[22] y extranjeras, sino también entre las empresas públicas[23].

Por otra parte, el desarrollo de la industria ligera ha supuesto la creación de millones de empleos para las personas que más los necesitaban y también ha contribuido de forma decisiva al crecimiento de la exportación y de las entradas de divisas[24].

No obstante, a pesar de estos éxitos de las políticas industriales, siguen existiendo importantes ineficiencias y dificultades en la producción y gestión[25] de las empresas públicas, muchas de las cuales continúan sufriendo pérdidas[26] y estando excesivamente protegidas[27].

Para cubrir las pérdidas de las empresas públicas, China puede usar el presupuesto del Estado y recurrir a la alta tasa de ahorro para tapar el déficit presupuestario[28]. No obstante, puede utilizarse este recurso durante muchos años, pero no para siempre.

Como consecuencia de las políticas relativas el sector comercial[29], éste ha mejorado de forma significativa, tanto cualitativa como cuantitativamente (por ejemplo, entre 1990 y 1995 el volumen de ventas al por menor de bienes de consumo creció en una media de un 10,6% anual[30]), proporcionado una demanda para el nuevo sector industrial emergente[31], así como para sistemas de transporte alternativos. Además, ha servido para crear un sector de la población a favor de las reformas, especialmente entre la generación más joven. No obstante, el sector comercial público continúa siendo ineficiente[32].

Por otra parte, los resultados inmediatos que han tenido lugar en este sector han sido posibles gracias, además de a los cambios introducidos, a que el sistema comercial estatal nunca estuvo tan extendido como en otros países, y a factores culturales, ya que el espíritu comercial chino nunca desapareció completamente, especialmente en las áreas rurales[33].

La política financiera y monetaria seguida por China[34] ha permitido a este país sostener un crecimiento de la oferta monetaria de alrededor del 20% anual en los ochenta sin una inflación exagerada. Resultó especialmente efectivo para el control de la inflación en 1988-89[35] la creación de un mercado secundario de papel del Estado, junto con el uso de intereses elevados[36].

No obstante, sigue existiendo una excesiva presión inflacionaria[37] (de una media de un 11,4% entre 1990 y 1995)[38] y un control macroeconómico insuficiente[39]. El sector financiero necesita importantes cambios estructurales para que la política monetaria pueda actuar de forma eficiente: el fijar los tipos de interés por el Banco Central e imponer techos de crédito a los bancos comerciales rompe la relación oferta monetaria-operaciones de mercado abierto, vital para instrumentar una política monetaria respetuosa con los precios de mercado[40].

Por otra parte, ha sido decepcionante el reducido impacto de los mercados de acciones como fuente de financiación empresarial, a pesar de la amplia publicidad que recibieron y de las expectativa creadas, siendo el número de empresas admitidas a cotización es muy reducido[41]. No obstante, parece que últimamente se están activando[42].

Por lo que se refiere a la política fiscal y presupuestaria[43], las reformas emprendidas a partir de 1994 produjeron efectos rápidamente, ya que los ingresos obtenidos por el Estado vía impuestos aumentaron de forma significativa[44]. En 1994 los impuestos totales industriales y comerciales ascendieron a 455.300 millones Rmb, creciendo en un 26,6% respecto a 1993 y los ingresos tributarios de los primeros 10 meses de 1995 alcanzaron los 423.700 millones Rmb, con un crecimiento del 26,9% respecto al mismo período del año anterior[45]. No obstante, el crecimiento del gasto público ha sido superior al crecimiento de los ingresos[46], siendo todavía insuficientes[47], por lo que el éxito de la reforma es dudoso. Lo que sí se ha conseguido es una mayor adaptación del sistema impositivo a las prácticas internacionales, lo que ha facilitado la apertura exterior del país[48].

Los resultados de la política laboral[49] en el sector público han sido limitados, dándose un pequeño progreso hacia un “mercado laboral”. Por el contrario, en el sector privado urbano los trabajadores cambian de trabajo más frecuentemente, crean sus propios negocios y, en general, disfrutaban de menor seguridad laboral que sus homólogos en las empresas públicas[50]. Por otra parte, la gradual liberalización del mercado de trabajo está ocasionando crecientes problemas de desempleo[51].

En cuanto a las políticas relativas al sector exterior, la liberalización del comercio exterior[52] y de fomento de las exportaciones han dado lugar a un gran crecimiento del comercio exterior[53], con tasas de crecimiento de dos dígitos, convirtiéndose China en el décimo país exportador del mundo[54]. Este crecimiento de las exportaciones y las reservas han contribuido a los resultados económicos chinos[55]. Sin embargo, este esfuerzo en el sector de exportaciones no ha supuesto la liberalización de la importación, que permanece en la agenda todavía inacabada[56], existiendo consenso sobre que China necesita abrir su economía para modernizarse[57].

La apertura a la inversión extranjera ha generado un gran flujo de inversiones. China ha atraído más de 20 billones de dólares de inversiones extranjeras[58], comprendiendo más de las 30.000 empresas extranjeras, cifras muy lejanas a las de ningún otro país en desarrollo. Estos números van mucho más allá de lo que cualquier economista moderado hubiera creído posible antes de que se convirtiera en realidad[59]. En 1995, China fue el segundo país del mundo que más inversiones extranjeras recibe, después de Estados Unidos, y el primero entre los países en desarrollo[60].

Según lo señalado, en principio la respuesta a la quinta cuestión que se planteó al inicio (¿Han sido adecuadas las políticas económicas que se han implementado?) sería afirmativa, pero incompleta, ya que existen importantes retos que todavía no han quedado resueltos. El sector público sigue siendo ineficiente, existiendo un número excesivo de empresas públicas con pérdidas[61], las cuales deben ser financiadas por el Gobierno y el sistema bancario. Todavía no se han creado mecanismos de control macroeconómico adecuados, lo que da lugar a que no se pueda controlar satisfactoriamente la inflación. Además, el sistema fiscal no permite al Estado obtener suficientes ingresos para financiar su presupuesto. Por otra parte, el marco legal e institucional queda atrás de la nueva realidad, como lo demuestra la inexistencia de un sistema de seguridad social adecuado o de una regulación clara de la propiedad. Otros problemas cada vez más preocupantes son la insuficiente producción agrícola, las crecientes desigualdades sociales y regionales y el desempleo.

Por todo ello, es necesario ahondar en las reformas, debiéndose abordar los siguientes temas en los próximos años:

– Reforma de las empresas públicas con el objeto de hacerlas más eficientes. Para ello habrá que reorganizarlas, fomentar su transformación en joint ventures y la fusión de empresas deficitarias con empresas con beneficios. Asimismo, frente a los reparos del Gobierno hacia la privatización, el autor considera que este mecanismo debería ser más utilizado en sectores liberalizados.

– Desarrollo del mercado, principalmente a través de la liberalización de los precios.

– Incremento de los ingresos fiscales, mediante una mejora del sistema de impuestos y una mayor disciplina en la recaudación.

– Mejora de los instrumentos de control macroeconómico y desarrollo del sistema financiero, a través un sistema bancario que opere en condiciones más comerciales y el desarrollo de los mercados de capitales.

– Introducción de un sistema de seguridad social.

– Desarrollo económico del interior de China, creando incentivos adecuados.

– Mayor liberalización comercial exterior e ingreso en la OMC.

– Progresiva apertura a la inversión extranjera de determinados sectores restringidos, como el comercial, de servicios de consultoría o el financiero.

Tras analizar los resultados de las deferentes políticas económicas, procede ahora responder a la sexta y última cuestión: ¿Han sido dichas políticas implementadas de una forma satisfactoria?. Como se explicó anteriormente, la forma como ha sido desarrollada la reforma económica se ha caracterizado por tres rasgos: el gradualismo, la espontaneidad y la descentralización[62].

En primer lugar, la reforma económica china se ha llevado a cabo de una forma gradual[63]. Deng ha creado gradualmente un sistema mixto, en que el Estado mantiene el control sobre las finanzas, fija el precio de algunos productos y mediante los planes quinquenales establece los criterios, los ritmos y los objetivos del desarrollo, existiendo todavía 140.000 industrias públicas que representan el 43% de la producción[64].

Este planteamiento ha permitido evitar fuertes shocks, correcciones a medio camino, un desarrollo institucional simultáneo y que los agentes económicos se puedan ajustar de forma menos traumática a la nuevas condiciones.

Un ejemplo de los buenos resultados obtenidos con esta estrategia ha sido la liberalización los precios en dos niveles[65], que ha permitido que las decisiones de asignación de recursos se adopten en base a los precios del mercado[66], pero que, al mismo tiempo, ha garantizado la continuidad de los suministros y ha mantenido un nivel de vida mínimo de los trabajadores[67]. Al igual que otros países asiáticos, como Indonesia, no se dejó que el precio del arroz pasase a ser tan volátil como para poner en peligro la subsistencia de los campesinos. Durante la liberalización, China ha creado las instituciones que le han permitido controlar la inflación: el control de los créditos y los mercados financieros. El resultado ha sido un crecimiento rápido con un ciclo de inflación controlable, sin que ésta haya sobrepasado nunca el 20% (siendo menor en el campo, donde vive la mayoría de la población)[68].

Las reformas en unas áreas han conducido, como la caída en cadena de piezas de dominó, a reformas en otras áreas, creando presiones para el cambio y desarrollando los sectores a favor de la reforma[69] y un sentimiento de misión[70], lo que desvirtúa la tesis de que el planteamiento gradualista permite el crecimiento de fuerzas compensatorias[71], según la cual el gradualismo puede dar tiempo a los agentes cuyos intereses se ven amenazados por las reformas a reagruparse y bloquearlas, lo que puede reducir la credibilidad de las mismas[72].

En este sentido, Dejiang Jin y Kingsley E. Haynes explican el éxito del planteamiento gradualista  en base a que en una economía planificada la interconexión entre sus componentes es más bien heterogénea que no homogénea, es decir, que algunos componentes están interconectados más firmemente que otros.  Por ello, se pueden tomar uno o varios componentes como “componentes guía” que estén poco conectados para ser transformados, rompiendo las limitaciones del antiguo sistema. Los componentes guía liberados pueden actuar como polos de desarrollo para una nueva fase de la economía y como catalizadores para fomentar la transición en otros componentes del sistema planificado. En el caso chino, la agricultura, los servicios y los sectores de comercio exterior e inversión extranjera fueron escogidos como componentes guía, dando resultados positivos para la transformación económica [73].

No obstante, no hay que pasar por alto que el sistema de precios de dos niveles ha supuesto un incentivo para la corrupción mediante el aprovechamiento indebido del diferencial entre los precios fijos y los de mercado[74].

El balance de las ventajas y desventajas del planteamiento gradualista chino es positivo, ya que ha permitido a China evitar primero y desmontar después sus controles administrativos a medida que se han creado mecanismos de mercado reguladores. Esto quiere decir no sólo que se han evitado graves situaciones de confusión, sino también que China ha sido capaz de disfrutar de una reforma con crecimiento[75], siendo probablemente el camino óptimo para una transición de una economía planificada a una economía de mercado[76]. No obstante, el sistema mixto de precios de mercado y precios fijados por el Estado ha favorecido la corrupción. Por ello, si bien la estrategia de reforma gradual y parcial hace que aparezcan rápidamente beneficios, con ellos los costes se incrementan conforme pasa el tiempo. Así, como una estrategia de transición puede ser adecuada, pero tiene graves inconvenientes como estrategia a largo plazo.

El modo espontáneo en que se ha llevado a cabo la reforma china ha permitido una mayor flexibilidad y pragmatismo frente a la coyuntura en cada momento. No obstante, algunos agentes económicos son incapaces de predecir su entorno económico futuro. En muchas áreas de reforma, las ventajas del pragmatismo compensan esta desventaja, pero en otras la planificación previa es importante.

Por lo que se refiere a la descentralización[77], este planteamiento ha permitido iniciativas a niveles más bajos[78], que han demostrado un gran dinamismo, por ejemplo con la creación de muchos puestos de trabajo en las empresas rurales. Además, esta estrategia permite crear grupos de interés en favor de las reformas[79]: al conceder a los niveles administrativos más bajos una mayor participación en la prosperidad de la economía local, la descentralización ha sido crucial en conseguir su apoyo a reformas cada vez más difíciles y a la promoción del desarrollo mediante el uso de medidas heterodoxas que están ampliando el ámbito de las fuerzas de mercado[80].

Sin embargo, la descentralización ha tenido también sus inconvenientes:

– Las administraciones locales han reemplazado frecuentemente una planificación central reducida por una local más acusada.

– Han realizado inversiones locales inapropiadas, como la creación de 100 plantas de ensamblaje de coches, cada una de ellas con capacidad de menos de 5000 vehículos por año.

– Algunas tendencias conservadoras han ejercido influencia a nivel local, como sucedió con la liberalización de precios en el Nordeste o la propiedad pública en Shanghai.

– Ha contribuido al recalentamiento de la economía[81], ya que las aspiraciones al desarrollo local que han provocado un crecimiento rápido del crédito[82].

Haciendo un balance, mientras que los efectos microeconómicos de la descentralización parecen haber sido positivos, es menos claro que el impacto macroeconómico de la descentralización haya sido enteramente deseable[83].

Como conclusión de todo lo expuesto hasta aquí, los logros de la economía china desde 1979 han sido excelentes, rivalizando con los de otros países de Asia Oriental y siendo claramente mejores que los de Latinoamérica desde los cincuenta hasta los ochenta y que los de las economías en transición de Europa Central y Oriental desde los ochenta. Dichos logros han sido debidos principalmente a la política económica seguida por el gobierno chino, aunque también existen otros factores han jugado un papel importante en la consecución de esos logros, como factores culturales, coyunturas externas (tales como los vínculos tradicionales con Hong Kong, Taiwan y las comunidades chinas de ultramar, el proceso de integración económica regional en Asia Oriental o la coyuntura económica en otros países de la región) y las condiciones iniciales en que se inició la reforma. De entre ellos, hay que destacar los factores culturales.

Aunque las políticas económicas seguidas por el gobierno chino han sido, en general, adecuadas, existen importantes retos que todavía no han quedado resueltos: el sector público sigue siendo ineficiente, todavía no se han creado mecanismos de control macroeconómico adecuados, el sistema fiscal no permite al Estado obtener suficientes ingresos para financiar su presupuesto, el marco legal e institucional queda atrás de la nueva realidad, como lo demuestra la inexistencia de un sistema de seguridad social adecuado o de una regulación clara de la propiedad, la producción agrícola es insuficiente y crecen las desigualdades sociales y regionales y el desempleo.

Por todo ello, creo que es necesario ahondar en las reformas, debiéndose continuar con la reforma de las empresas públicas y recurrir a privatizaciones en sectores liberalizados; proseguir con la liberalización de los precios; incrementar los ingresos fiscales mediante una mejora del sistema de impuestos y una mayor disciplina en la recaudación; mejorar los instrumentos de control macroeconómico y desarrollar el sistema financiero, a través un sistema bancario que opere en condiciones más comerciales y el desarrollo de los mercados de capitales; introducir un sistema de seguridad social; promover el desarrollo económico del interior de China, creando incentivos adecuados; seguir con la liberalización comercial exterior e ingresar en la OMC y seguir abriendo progresivamente a la inversión extranjera de determinados sectores restringidos.

 

 

 

[1] Ver, por ejemplo, PERKINS, D., Completing China’s move to the market, Journal of Economic Perspectives, Vol. 8, no. 2, Spring 1994, p. 23.; YUSUF, S., China’s macroeconomic performance and management during transition, Journal of economic perspectives, Volume 8, Number 2, Spring 1994, p. 72; .

 

[2] YUSUF, S., China’s macroeconomic performance and management during transition, Journal of economic perspectives, Volume 8, Number 2, Spring 1994, p. 72.

 

[3] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

[4] Ver apartado I.1.1.1.1.A.

 

[5] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[6] WHITE, G., Riding the tiger. The politics of economic reform in post-Mao China, Stanford University Press, Stanford, 1993, p. 55.

[7] PERKINS, Completing China´s move to market, Journal of Economic Perspectives 8, no. 2, 1994, p. 23.

 

[8] Ver apartado I.1.1.1.2.B.

 

[9] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 43.

[10] Ver BYRD, W.A. y LIN, Q.S., China’s rural industry: structure, development and reform, New York, Oxford University Press, 1989.

 

[11] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[12] DENGJIAN JIN y HAYNES, K.E., Economic transition at the edge of order an chaos, Journal of Economic Issues, Vol. XXXI, no. 1, march 1997, p. 87.

 

[13] WANG GAIFENG, Las reformas, la economía nacional, el comercio y la inversión extranjera en China, Cinco Días, 30 de junio de 1994.

[14] THE ECONOMIST INTELLIGENCE UNIT, Country profile, China Mongolia, 1995-96, London, 1996, p. 15.

[15] Ver apartado I.1.1.1.1.B.

 

[16] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 46.

[17] JEFFERSON, G. H. y RAWSKY, T.G., Enterprise reform in Chinese industry, Journal of Economic Perspectives, Vol. 8, no. 2, Spring 1994, p. 55.

 

[18] LI PENG, Informe sobre el esquema del IX Plan Quinquenal para el desarrollo económico y social y de las metas a largo plazo para el año 2010, Beijing Informa, Pekín, 14 de noviembre de 1995, II.

[19] Ver apartado I.1.1.1.3.

 

[20] Ver McMILLAN, J, y NAUGHTON, B., How to reform a planned economy: lessons from China, Oxford Review of Economic Policy 8, no. 1, 1992, p. 130.

 

[21] JEFFERSON, G. H. y RAWSKY, T.G., Enterprise reform in Chinese industry, Journal of Economic Perspectives, Vol. 8, no. 2, Spring 1994, p. 55.

 

[22] GOODHART, C. y XU, C., The rise of China as an economic power, National Institute Economic Review, Feb 1996, p. 56.

[23] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 46.

[24] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 8.

[25] PROPUESTA DEL CCPCCH SOBRE LA FORMULACION DEL IX PLAN QUINQUENAL (1996-2000) PARA EL DESARROLLO NACIONAL ECONOMICO Y SOCIAL Y LAS METAS A LARGO PLAZO PARA EL AÑO 2010, Beijing Informa, Pekín, 14 de noviembre de 1995, p. 14.

[26] GOODHART, C. y XU, C., The rise of China as an economic power, National Institute Economic Review, Feb 1996, p. 56.

[27] LARDY, N.R., Economic engine?, Brookings Review, 14, 1  Winter 1996, p. 10.

[28] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 30.

[29] Ver apartado I.1.1.1.1.C.

 

[30] LI PENG, Informe sobre el esquema del IX Plan Quinquenal para el desarrollo económico y social y de las metas a largo plazo para el año 2010, Beijing Informa, Pekín, 14 de noviembre de 1995, III.

[31] Ver apartado I.1.1.1.2.B.

 

[32] Ver apartado I.1.1.1.3.

 

[33] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 45.

[34] Ver apartado I.1.1.1.1.D.

 

[35] Ver apartado I.1.1.1.2.D.

 

[36] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 15.

[37] Ver apartado I.1.1.1.2.D.

 

[38] LI PENG, Informe sobre el esquema del IX Plan Quinquenal para el desarrollo económico y social y de las metas a largo plazo para el año 2010, Beijing Informa, Pekín, 14 de noviembre de 1995, VI.

[39] PROPUESTA DEL CCPCCH SOBRE LA FORMULACION DEL IX PLAN QUINQUENAL (1996-2000) PARA EL DESARROLLO NACIONAL ECONOMICO Y SOCIAL Y LAS METAS A LARGO PLAZO PARA EL AÑO 2010, Beijing Informa, Pekín, 14 de noviembre de 1995, p. 14.

[40] DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS ECONOMICOS Y MONETARIOS DE ARGENTARIA, La economía de Asia en 1995, Boletín ICE Económico nº 2498, p. 16.

 

[41] OFICINA COMERCIAL DE ESPAÑA EN PEKIN, República Popular China, Boletín ICE Económico, Madrid, n. 2398, 1993, p. 37.

[42] LINDORFF, D., Bulls in the China shop, Business Week,

3459, 22 enero 1996, p. 82.

[43] Ver apartado I.1.1.1.1.E.

 

[44] Ver apartado I.1.1.1.2.E.

 

[45] LI NING, Avances de la reforma tributaria en China, Beijing Informa, Pekín, 23 de enero de 1996, p. 26.

[46] THE ECOMOMIST INTELLIGENCE UNIT, Country profile, China Mongolia, 1995-96, London, 1996,p. 17.

[47] PROPUESTA DEL CCPCCH SOBRE LA FORMULACION DEL IX PLAN QUINQUENAL (1996-2000) PARA EL DESARROLLO NACIONAL ECONOMICO Y SOCIAL Y LAS METAS A LARGO PLAZO PARA EL AÑO 2010, Beijing Informa, Pekín, 14 de noviembre de 1995, p. 14.

[48] LI NING, Avances de la reforma tributaria en China, Beijing Informa, Pekín, 23 de enero de 1996, p. 26.

[49] Ver apartado I.1.1.1.1.F.

 

[50] WHITE, G., Riding the tiger. The politics of economic reform in post-Mao China, Stanford University Press, Stanford, 1993, p. 58.

[51] PROPUESTA DEL CCPCCH SOBRE LA FORMULACION DEL IX PLAN QUINQUENAL (1996-2000) PARA EL DESARROLLO NACIONAL ECONOMICO Y SOCIAL Y LAS METAS A LARGO PLAZO PARA EL AÑO 2010, Beijing Informa, Pekín, 14 de noviembre de 1995, p. 14.

[52] Ver apartado I.1.1.1.2.F.

 

[53] WANG GAIFENG, Las reformas, la economía nacional, el comercio y la inversión extranjera en China, Cinco Días, 30 de junio de 1994.

[54] Ver apartado I.1.1.1.2.C.

 

[55] YUSUF, S., China’s macroeconomic performance and management during transition, Journal of economic perspectives, Volume 8, Number 2, Spring 1994, p. 72.

 

[56] THE WORLD BANK China. Reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, D.C., 1992, p. 60.

 

[57] BARCIELA, F., China y Asia abren sus mercados y se acercan a la Organización Mundial del Comercio, El País, 26 de noviembre de 1995, p. 19.

 

[58] FORNEY, M., Easy does it, Far Eastern Economic Review, 159, 25 enero 1996, p.45.

[59] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 5.

[60] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 44.

[61] Ver apartado 1.1.1.3.

[62] Ver apartado I.1.1.1.1.

 

[63] Ver apartado I.1.1.1.1.

 

[64] FIORETTI, L., Cina. Di consumatori in agguato, Epoca, 31 enero 1997, p. 50.

 

[65] Ver apartado I.1.1.1.1.C.

 

[66] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 39.

[67] LIEW, L.H., Gradualin China’s economic reform and the role for a strong central state, Journal of Economic Issues Vol. XXIX, nº 3, september 1995,  p. 884.

 

[68] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 13.

[69] LIEW, L.H., Gradualin China’s economic reform and the role for a strong central state, Journal of Economic Issues Vol. XXIX, nº 3, september 1995,  p. 884.

 

[70] JEFFERSON, G. H. y RAWSKY, T.G., Enterprise reform in Chinese industry, Journal of Economic Perspectives, Vol. 8, no. 2, Spring 1994, p. 66.

 

[71] Ver apartado I.1.1.3..

 

[72] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 39.

[73] DENGJIAN JIN y HAYNES, K.E., Economic transition at the edge of order an chaos, Journal of Economic Issues, Vol. XXXI, no. 1, march 1997, p. 86.

 

[74] Cfr. LIEW, L.H., Gradualin China’s economic reform and the role for a strong central state, Journal of Economic Issues Vol. XXIX, nº 3, september 1995,  p. 884.

 

[75] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[76] Ver JEFFERSON, G. H. y RAWSKY, T.G., Enterprise reform in Chinese industry, Journal of Economic Perspectives, Vol. 8, no. 2, Spring 1994,  p. 66.

 

[77] Ver apartado I.1.1.1.1.

 

[78] GOODHART, C. y XU, C., The rise of China as an economic power, National Institute Economic Review, Feb 1996, p. 56.

[79] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 41.

[80] SHIRK, S.L., The political logc of economic reform in China, Berkeley: University of California Press, 1993.

 

[81] LIEW, L.H., Gradualin China’s economic reform and the role for a strong central state, Journal of Economic Issues Vol. XXIX, nº 3, september 1995,  p. 889.

 

[82] Ver apartado I.1.1.1.2.D.

 

[83] THE WORLD BANK, China: reform and the role of the plan in the 1990s, The World Bank, Whashington, 1992, p. 41.

                                  INTRODUCCION