1.1.1.3. SITUACIÓN MICROECONÓMICA

A nivel microeconómico, hay que destacar dos problemas a los que se enfrenta la economía china: la ineficiencia económica, debida principalmente a las pérdidas de las empresas públicas como consecuencia de la economía planificada[1], y las infraestructuras deficientes, que suponen un freno para el desarrollo del tejido empresarial.

Por lo que se refiere a al problema de la eficiencia de la economía china, hay que aclarar, en primer lugar, que la reforma económica desde 1979[2] ha permitido, tal como se expuso, una mejora de la productividad[3] y una mayor eficiencia económica. Ello se ha conseguido mediante el desarrollo de un sector privado eficiente y mediante la relativa mejora de la eficiencia de las empresas públicas.

La economía china está siendo rápidamente privatizada, no mediante la venta de empresas públicas, sino a través del crecimiento de los sectores privados[4]. En este sentido, la política económica seguida por China[5] ha permitido el crecimiento explosivo de la agricultura, la industria privada, la industria colectiva y la industria extranjera[6]. En los años ochenta el sector privado ha pasado a jugar un papel importante suministrando empleo y desarrollando la economía de mercado[7]. El porcentaje del sector público en la producción industrial cayó de más de tres cuartos en 1979 a poco más del 50% en 1991[8] y al 43% en 1995[9].

En este proceso, ha sido especialmente relevante, sobre todo en los años ochenta, el papel de las empresas rurales. Estas, inicialmente pequeñas y dedicadas de forma casi exclusiva a la industria ligera, son medio privadas medio propiedad del gobierno, pero han sido creadas por iniciativa empresarial en vez de mediante el plan, y no se benefician de apoyos si no son competitivas. Por lo tanto, estas empresas son muy competitivas y se han introducido en todas las actividades que anteriormente estaban bajo el monopolio de las empresas públicas.

Por otra parte, las reformas económicas[10] han empujado a las empresas públicas hacia una mayor eficiencia. En este sentido, la liberalización gradual de los precios ha forzado a las empresas públicas a hacer frente a la nueva situación en vez de limitarse a ejercer presión a la Administración para obtener un trato favorable. La posibilidad de vender en un mercado libre y de repartir bonus a los empleados ha creado incentivos para mejorar los resultados económicos y la introducción de las empresas rurales en sus mercados y canales de distribución ha favorecido la competencia a todos los niveles.

No obstante, siguen existiendo importantes ineficiencias y dificultades en la producción[11]  y gestión[12]de las empresas públicas, muchas de las cuales continúan sufriendo pérdidas[13] y estando excesivamente protegidas[14].

Las responsabilidades sociales de las compañías públicas, que soportan las cargas de vivienda, sanidad y educación que las unidades de trabajo (complejo de empresa y servicios sociales) procuran todavía a sus trabajadores[15], reducen la eficiencia de la gestión, impidiendo el despido de trabajadores o una reorganización drástica, a pesar de que en las empresas públicas sobra un 40% aproximadamente de sus 110 millones de trabajadores[16]. También han impedido al gobierno permitir que un gran número de estas empresas desapareciesen, lo que en  China tendría consecuencias devastadoras, especialmente teniendo en cuenta que los principales servicios sociales, que en Occidente están suministrados por el gobierno, desaparecerían con las empresas[17]. Otros problemas de las industrias públicas son la poca aceptación de sus productos en el mercado y su nivel tecnológico atrasado[18].

Debido a la ineficiencia de las empresas públicas, la mitad de las empresas sufren pérdidas importantes[19]. Estas pérdidas experimentaron un considerable aumento a finales de los 80, disminuyendo en los últimos años, aunque ello no puede que ser tomado como un indicador de que el problema se está solucionando. Muchas de las empresas deficitarias reciben préstamos cada vez más cuantiosos de bancos controlados por el Estado, que frecuentemente no son más que una subvención encubierta que nunca será devuelta. Por otro lado, las pérdidas de las empresas públicas son probablemente mayores de lo que las estadísticas revelan, debido a los sistemas inadecuados de control y de contabilidad y a la excesiva disponibilidad de créditos bancarios, que permiten a muchas empresas públicas ocultar sus pérdidas durante períodos largos. Estas pérdidas amplían el déficit presupuestario del gobierno y se acumulan como préstamos en los libros de los bancos de China.

La República Popular ha podido postergar una acción drástica en relación con las pérdidas de las empresas públicas porque tiene uno de los porcentajes de ahorro más altos del mundo. Como Japón, puede usar su alto porcentaje de ahorro para movilizar fondos que cubran un déficit presupuestario, con el objeto de cubrir las pérdidas de las empresas públicas. En este sentido, el mercado de renta fija juega un papel importante en el desarrollo de China,  constituyendo los valores de renta fija del estado, bancos y empresas el mecanismo principal para movilizar estos fondos[20]. No obstante, esto puede constituir una solución durante muchos años, pero no para siempre.

La situación de incertidumbre sobre su futuro[21] en que se encuentran muchas empresas públicas puede empujar a parte de ellas a que se conviertan en socias de firmas extranjeras, ya que sus pérdidas están provocando la necesidad de financiación[22], de manera que sólo un socio extranjero o privado puede rescatarlas.

Como paso intermedio, algunas empresas públicas chinas están convirtiéndose en sociedades anónimas, pudiendo así vender acciones propias a otras empresas públicas, instituciones financieras o ministerios. Asimismo, en la actualidad se permite a los particulares y a los extranjeros la compra de las mismas. La mayoría de estas compañías todavía no cotizan en bolsa, por lo que las transacciones de realizan de forma privada.

Por otra parte, la economía China se enfrenta a importantes deficiencias en su infraestructura: deficiencias de la red de transportes[23], del sistema de suministro eléctrico, de las telecomunicaciones, etc., así como una insuficiencia de la oferta local de materias primas[24], especialmente de metales y productos químicos, para cubrir las necesidades del tejido industrial en expansión.  Estos problemas son la consecuencia del despegue económico asiático[25] y están provocando cuellos de botella que suponen un freno al desarrollo del tejido empresarial y al crecimiento económico[26].

Según Peregrine, un banco de inversión de Hong Kong, para mantener el crecimiento económico hasta el año 2001 deben invertirse 230.000 millones de dólares[27]. Los cuellos de botella ocasionados por las deficiencias de la infraestructura persistirán durante un futuro indefinido, aunque habrán mejorías, ya que el crecimiento genera recursos para pagar financiar nueva infraestructura. En este sentido, el noveno Plan Quinquenal prevé destinar gran parte de la inversión pública a las telecomunicaciones, las redes de transportes ferroviarios y aéreos y en la construcción de carreteras[28].

 

 

 

[1] GOLDSTEIN, C., Elephant’s graveyard, Far Eastern Economic Review, 5 mayo, 1994, p. 77.

[2] Ver apartado I.1.1.1.1.A.

 

[3] Ver apartado I.1.1.1.2.A.

 

[4] JEFFERSON, G. H. y RAWSKY, T.G., Enterprise reform in Chinese industry, Journal of Economic Perspectives, Vol. 8, no. 2, Spring 1994, p. 55.

 

[5] Ver apartados I.1.1.1.1.

 

[6] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 37.

[7] YOUNG, S., Private entrepreneurs and evolutionary change in China, The political economomy of change. Chinas quiet revolution, Longman Cheshire, New York, 1994, p. 105.

 

[8]  GOODMAN, D.S.G., The political economy of change. China’s quiet revolution, Longman Cheshire, New York, 1994, p. IX.

 

[9] FIORETTI, L., Cina. Di consumatori in agguato, Epoca, 31 enero 1997, p. 50.

 

[10] Ver apartado I.1.1.1.1.A.

 

[11] PROPUESTA DEL CCPCCH SOBRE LA FORMULACION DEL IX PLAN QUINQUENAL (1996-2000) PARA EL DESARROLLO NACIONAL ECONOMICO Y SOCIAL Y LAS METAS A LARGO PLAZO PARA EL AÑO 2010, Beijing Informa, Pekín, 14 de noviembre de 1995, p. 14.

[12] LANQING, L., Reforma económica y apertura exterior de China, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 18.

 

[13] GOODHART, C. y XU, C., The rise of China as an economic power, National Institute Economic Review, Feb 1996, p. 56.

[14] LARDY, N.R., Economic engine?, Brookings Review, 14, 1  Winter 1996, p. 10.

[15] VERDU, V., China. La superpotencia del siglo que viene, El País Semanal, 25 de mayo de 1997, p. .

 

[16] VERDU, V., China. La superpotencia del siglo que viene, El País Semanal, 25 de mayo de 1997, p. 50.

 

[17] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 27.

[18] LANQING, L., Reforma económica y apertura exterior de China, Beijing Informa nº 2, 9 de enero de 1996, p. 18.

 

[19] VERDU, V., China. La superpotencia del siglo que viene, El País Semanal, 25 de mayo de 1997.

 

[20] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 30.

[21] JEFFERSON, G. H. y RAWSKY, T.G., Enterprise reform in Chinese industry, Journal of Economic Perspectives, Vol. 8, no. 2, Spring 1994, p. 63.

 

[22] THE ECONOMIST, China’s economy. Reined in, The Economist, 21 de mayo de 1994, p. 62.

[23] Por ejemplo, la capacidad del ferrocarril para transportar mercancías sólo cubre un 40% de la demanda.

 

[24] Ver apartado III.4.1.2.2.

[25] OVERHOLT, William H., China, the next economic superpower, Weidenfeld & Nicolson, London, 1993, p. 37.

[26] PAYA, J., Estrategias de negocios en China, ICEX, Madrid, 1996, p. 35.

 

[27] ECONOMIST INTELLIGENCE UNIT, Business Report, China, Economist Intelligence Unit, London, 1997.

 

[28] FIORETTI, L., Cina. Di consumatori in agguato, Epoca, 31 enero 1997, p. 50.

 

1.1.3. VALORACION DEL MODELO ECONOMICO CHINO